POSICIÓN DEL INCONSCIENTE ENTRE ÉTICA Y POLÍTICA

POSICIÓN DEL INCONSCIENTE ENTRE ÉTICA Y POLÍTICA

[El Filoctetes de Sófocles o, no has actuado conforme al deseo que te habita]/ POSITION OF THE UNCONSCIOUS BETWEEN ETHICS AND POLITICS

[Sophocles’ Philoctetes or you have not lived in conformity with the desire that inhabits you]

Cabral Claudio

Argentino, Psicólogo; Profesor en Psicología; Magister en Psicoanálisis (UNR), claudio-cabral@hotmail.com

Resumen  

El autor plantea una lectura del escrito Posición del inconsciente de Lacan, desde la obra Filoctetes de Sófocles. Articula la ética del psicoanálisis, desde la pregunta ¿has actuado conforme al deseo que te habita? en su diferencia con la posición de Filoctetes en la obra de Sófocles; obra que muestra la estructura del ceder en su deseo.

Es la posición del inconsciente —ético y no óntico—, la que le permite diferenciar la posición frente al deseo entre Filoctetes y Antígona, en relación con el Bien Común, con el Estado y el discurso dominante de una época; incluso los fenómenos y conducciones de masas.

Las consecuencias del planteo son clínicas, en tanto la dirección de la cura psicoanalítica se orienta al pago que el sujeto debe poder saber hacer por su deseo, para no ceder frente a él en nombre de los bienes comunes.

Para ello es necesario explicitar cómo se entienden los fundamentos de la práctica analítica: inconsciente, pulsión, transferencia, repetición y la estructura de la angustia, cuyo objeto es el petit a.

Palabras clave: Psicoanálisis – Fundamentos – Ética – Deseo – Política.

 Abstract

The author proposes to read Lacan’s Position of the Unconscious from the point of view of Sophocles’ Philoctetes. He frames the Ethics of psychoanalysis from the standpoint of the question Have you lived in conformity with the desire that inhabits you? and in its relation to Philoctetes position in Sophocles’ work, which shows the structure of relinquishing his desire.

It is the ethical (not ontic) position of the unconscious which allows him to identify the different ways in which Philoctetes and Antigone deal with desire in relation to Common Good, the State, the dominant speech of the time and even in relation to mass phenomena and leaders.

The consequences of this premise are clinical in as much as the psychoanalytical cure is oriented towards the payment which the subject must-know-to do for his desire in order not to give in in the name of the common good.

To this purpose we must specify the foundations of the analytical practice: unconscious, drive, transference and repetition, and anguish structure, whose object is the petit a

Key words: Psychoanalysis– Foundation – Ethics – Desire – Politics

A mi amiga Ivonne Serena

In Memoriam[1]

Introducción

El porvenir del psicoanálisis no está asegurado. Depende de la formación de los analistas, es decir, de la enseñanza y transmisión que de él hagamos en los análisis que conducimos, en la reflexión sobre esa práctica y de cómo entendamos los fundamentos que la rigen; ya que no es curandería, ni chamanismo, sino que la formalización que heredamos de Freud y Lacan será necesario adquirirla para poseerla, es decir, desde el propio análisis y el estudio de la teoría. Leer.

Leer supone un escrito. Título en plural que Lacan eligió para el compilado en dos tomos de sus intervenciones a pedido —algunas veces— en congresos, jornadas, prólogos, etc. donde recoge un trozo de su enseñanza oral. Una piedra que ha logrado despejar rastrillando alrededor, como se puede apreciar en los jardines Zen. El seminario rastrilla alrededor de la roca fijada en el escrito.[2]

Intentaremos seguir el movimiento inverso en que fueron hechos los Escritos, partiendo de lo fijado en la roca del jardín, hacia los rastrillados que los sostienen y fundamentan. Esto es una toma de posición, en tanto consideramos que, a lo largo de su obra, Lacan ha encontrado diferentes modalidades y recursos para su rastrillaje; rastrillaje que contornea un real, que toca la invención freudiana: el inconsciente.

La invitación es partir del escrito Posición del inconsciente que se encuentra en el tomo 2 de los Escritos de Lacan. Es nuestra roca en el jardín, y como el título del presente texto lo indica, rastrillaremos sirviéndonos de la ética y la política, en particular de las obras Antígona y Filoctetes de Sófocles.

Posición del inconsciente fue pronunciado en el congreso que se realizó bajo el tema del inconsciente freudiano —del 30 de octubre al 02 de noviembre de 1960—. Sin embargo, el escrito que podemos leer fue redactado y condensado por Lacan —a pedido de Henri Ey— en marzo de 1964. ¿Por qué nos importan estas fechas? Porque nos sitúan el recorrido que Lacan iba rastrillando en su seminario en el tempo de producción de este escrito. Encontramos que el congreso se realizó después de la última clase del seminario La ética del psicoanálisis y varios meses antes del inicio del seminario 8, sobre la transferencia; y la redacción definitiva del texto la realizó en marzo de 1964, es decir, en pleno dictado del undécimo seminario Los fundamentos del psicoanálisis.

Del párrafo anterior se desprende que Posición del inconsciente contiene los desarrollos de cuatro seminarios de Lacan. Seminarios que acompañan acontecimientos importantes, como la excomunión de la IPA, y el traslado de su seminario de Sainte Anne a la École Pratique des Hautes Études con el consecuente cambio de auditorio. Contando también con que la excomunión dejó como saldo una clase única de un seminario interrumpido que se llamó Los nombres del padre.

Con esta somera e insuficiente referencia queremos situar el enorme caudal de cuestiones alrededor del escrito Posición del inconsciente; por lo que nuestro trabajo aquí tomará solo un pequeño hilo con el que desarrollaremos las consecuencias y dificultades clínicas de la posición del inconsciente en tanto ético y no óntico.[3]

Estatuto ético del inconsciente

Para dar cuenta del estatuto ético del inconsciente freudiano, partamos de que dicho inconsciente se forja sobre un rastro. El estatuto del rastro ya nos indica que, en tanto soporte, es consecuencia de una operación que puede realizarse, o no: la constitución del sujeto; ¿cuál es la operación que, de realizarse, constituye al sujeto del inconsciente?: la pérdida de objeto. Entonces, el rastro sobre el que se forja el inconsciente es el rastro de la operación de la caída del objeto.

Antes de ocuparnos del estatuto de dicho objeto, situemos cómo se manifiesta en la obra de Freud el inconsciente: se manifiesta bajo el aspecto del tropiezo, de una falla, una fisura. El sujeto se encuentra sorpresivamente con esta falla; es un re-hallazgo que se escabulle instaurando la dimensión de la pérdida que define el estatuto del objeto. El objeto del psicoanálisis es el objeto perdido.

En este sentido es que podemos ubicar el estatuto ético del inconsciente, y no óntico. Sin embargo, Lacan habla de lo óntico en relación al inconsciente. Dice que: “lo óntico, en la función del inconsciente, es la ranura”[4]; ranura por donde se manifiesta el inconsciente tal como lo situamos en el párrafo anterior. Otro modo de situarlo podría ser mediante la distinción del sueño y el inconsciente. El sueño no es el inconsciente. Precisando, podríamos decir que, el sueño es la vía —como la llamó Freud— de acceso al inconsciente; en la escena del sueño se realiza el deseo inconsciente. Con lo cual nos preguntamos: ¿podemos dar al sueño el estatuto óntico, que Lacan da a la ranura?

Retomemos el estatuto ético que implica lo que se escabulle, lo doblemente perdido en el re-hallazgo sorpresivo, en cualquiera de las formaciones del inconsciente. Se escabulle, pero se circunscribe a una estructura temporal. Este movimiento, como decíamos, se forja sobre la huella, la marca del objeto perdido, objeto del deseo, objeto de la angustia, que Lacan escribe con la letra a minúscula.

¿Qué ética implica éste peculiar objeto a? implica un acto en relación con este deseo que se manifiesta por medio de la ranura o el trabajo del sueño, el síntoma u otra formación del inconsciente.

Precisando un poco más podríamos decir que se trata de la dimensión cómica de la ética, porque pone en juego los tropiezos y fracasos en que se manifiesta el deseo inconsciente — inalcanzable por definición—. Dimensión cómica que tiene en su centro el Falo.

La dimensión trágica de la ética se ejerce en el sentido de un triunfo de la muerte. Por eso Lacan toma la obra de Sófocles Antígona para situar esta dimensión trágica del deseo.

Distinguidas estas dos dimensiones —trágica y cómica— implicadas en la ética del deseo, podemos decir que la experiencia humana transcurre en lo tragicómico. Es decir, entre el triunfo de la muerte y el desliz de la vida que escapa (triunfa) a las barreras del significante, siendo el Falo el significante de esa escapada. En otras palabras, entre pulsión e inconsciente.

Ahora bien, Antígona se enfrenta al Estado de Creonte. Dicho Estado no aloja el singular deseo de Antígona que responde a otro orden: la Até familiar. Es decir, se contraponen la posición del poder y el deseo de Antígona; se contraponen la moral del poder al servicio de los bienes y el deseo —en el sentido estrictamente psicoanalítico, claro está—

Veamos cómo circunscribe Lacan en el seminario La ética del psicoanálisis, la posición del poder. Posición, dice, que siempre fue la misma en toda circunstancia, en toda incidencia —histórica, o no—. La posición del poder proclama: He venido a salvarlos. Un Alejandro Magno o un Hitler. La posición es la misma: he venido a salvarlos, continúen trabajando y en cuanto al deseo, que esperen.

Así, Creonte “reparte amigos y enemigos en función del bien de la ciudad, más que al suponer que el campo de los bienes, al servicio de los cuales debemos colocarnos, pueda englobar en cierto momento todo el universo”[5]

A este servicio de los bienes se contrapone la ética del deseo: el acto del sujeto que no cede al servicio de los bienes. No ceder en su deseo es la posición de Antígona. Frente a ese Estado Universal, discursos dominantes de una época, que hacen masa, cuyos fenómenos se contraponen al deseo. Raíz de las formas que cobran las resistencias al psicoanálisis en nuestro tiempo.

Los que administran la psicología colectiva, los administradores de masas, operan con un desconocimiento: desconocen la diferencia entre el rebaño humano y el rebaño animal. Para este último, el peligro del enemigo del rebaño está afuera; en cambio en el rebaño humano el enemigo es el sujeto del deseo[6], su propia división, en tanto que por estructura se contrapone a la moral del servicio de los bienes. Antígona no cede en su deseo frente a Creonte.

Ceder en su deseo

Otra es la posición de Filoctetes, en la obra de Sófocles[7]. De él Lacan nos dice que es un héroe, pero no en el sentido de Antígona, sino porque: adhiere encarnizadamente a su odio hasta el final[8]. Pero en el final, cede.

Veamos brevemente cómo se entrama la posición de Filoctetes. Heredero del arco de Hércules, es abandonado en la isla Lemnos debido a su mal olor causado por la picadura de una serpiente. Adherido a su odio por este abandono, es que se mantiene hasta el final, como nos dice Lacan. Poseedor del arco con el que podrá destruir Troya y curar la supurante herida provocada por la serpiente, prefiere volver a su patria. Aquí anotamos: bien común contrapuesto al deseo, en este caso: deseo de volver a su patria contrapuesto al mandato de destruir Troya con su arco.

Aquí es donde aparece una dimensión intrínseca al ceder en su deseo: la traición. Filoctetes es impunemente traicionado por Neoptólemo (siguiendo las ordenes de Ulises) quien le arrebata su arco habiéndolo embaucado con la promesa de llevarlo de nuevo a su patria, según su deseo, el deseo de Filoctetes. Así es como Filoctetes cede y se embarca en dirección a Troya en favor del bien común, los bienes comunes. Cede por la intervención de Hércules —deus ex machina— intervención que Lacan pone a nivel de marco y límite de la tragedia, a nivel del telón y los otros sostenes que circunscriben el lugar de la escena; dejando así sólo a cuenta de Filoctetes haber cedido en su deseo. También podríamos leer la intervención de Hércules como otro —i(a)— en la división del sujeto, como en el sueño, donde todos los personajes son el soñante.

Antígona actúa en conformidad con el deseo que la habita. Filoctetes cede en su deseo en favor de los bienes comunes. En ambas tragedias se contrapone el bien común, el bien del estado universal, al deseo. Subrayemos que ceder en su deseo conlleva una traición. Traición que arroja al sujeto al servicio de los bienes, perdiendo lo que lo orienta en ese servicio. Dicha traición puede venir del otro i(a), otro especular que es también de donde puede partir la señal de angustia. El sujeto se traiciona a si mismo o es traicionado, esto es indistinto, en todo caso hay una traición que arroja al sujeto bajo una moral al servicio de los bienes con la consecuencia de ceder en su deseo.

Consecuencias clínicas

En nuestro tiempo, el Bien común, el Estado de Creonte, la destrucción de Troya, se pueden jugar bajo el aspecto de discursos dominantes que apuntan a una moral circunscripta en el campo de los bienes comunes. Dicho en otras palabras, la conquista y avance en el terreno del estado universal, se contrapone a la tragedia del deseo. En la Grecia de Sófocles y en el siglo XXI: actuar en conformidad con el deseo que habita al sujeto, es a contrapelo de los bienes comunes. La vida transcurre en la dimensión tragicómica de la ética, que circunscribe al deseo inconsciente.

Esclarecemos: no se trata de una desvalorización del terreno de los bienes comunes y una valoración idealizante del deseo. Se trata de empalmar en la clínica el bien común, universal, con la ética del deseo. Un ejemplo: lo que antes se conocía como piropo, hoy se denomina acoso callejero. En la práctica psicoanalítica, ¿podemos adscribir a esta denominación de manera universal, sin interrogar cómo se juega ahí el deseo inconsciente? Precisemos: el deseo en sus dimensiones trágica y cómica. Es decir, articulada a la muerte y lo inalcanzable —introducido por el significante en la constitución del sujeto—. Una vez más, entre pulsión e inconsciente.

La dirección de la cura psicoanalítica es una brújula para Filoctetes, para el ciudadano aislado aún en las grandes conglomeraciones urbanas, recortado cada día más de los lazos sociales, reducido al odio por quienes —según él—no le permiten o impiden avanzar en su deseo y sus conquistas soñadas. Reducido a un cuerpo que sólo come y enferma. Filoctetes es el representante de ese tiempo en que el sujeto puede orientarse por su deseo o traicionarse y ceder, para perderse bajo el bien común.

¿Qué deviene el bien común al final del análisis? Porque alguien que finalizó su análisis no queda aislado, ni recortado de los lazos sociales, ni por fuera del terreno los bienes comunes. El bien, al final del análisis, deviene para el sujeto, aquello que puede servir para pagar el precio del acceso al deseo[9].

Libido: entre inconsciente y pulsión

Ensayemos una lectura psicoanalítica de Filoctetes. ¿Por qué es abandonado en la isla Lemnos?

Dice Ulises:

dejé yo abandonado hace tiempo al hijo del meliense Peante, cumpliendo el mandato que de hacerlo así me dieron los jefes; pues de la llaga que le devoraba le destilaba el pie gota a gota, y no nos dejaba celebrar tranquilamente ni las libaciones ni los sacrificios, porque con sus fieras maldiciones llenaba todo el campamento, vociferando y dando desgarradores lamentos[10].

Ahora bien, ¿por qué, en el momento que comienza la tragedia de Sófocles —pasados ya diez años de la picadura de la serpiente— aún sigue “llagado con la cruel herida de la ponzoñosa víbora”[11]?

Veamos otras referencias a la herida en el texto de Sófocles: “voraz enfermedad”;[12] “la muy odiada víbora que me dejó así sin pie”;[13] “la cruel herida que le devoraba”; “la ardiente sangre que le brotaba de la llaga del irritado pie”;[14] “me sale de nuevo negra sangre que brota del fondo de la herida”;[15] “la negra vena del pie se le ha roto, echando sangre”;[16] “el infecto olor de mi herida”;[17]

Es decir, no se trata de una común picadura de serpiente en el sentido médico, ya que diez años después continúa la herida echando negra sangre. Veamos qué podemos decir de esta peculiar picadura.

Jaime Siles, en un ensayo titulado Vieja y nueva política en torno al Filoctetes de Sófocles[18], toma la enfermedad física de Filoctetes como parte del universo simbólico de la obra. Dice:

la tradición popular relaciona a las serpientes con las malas esposas, pues se dice que los ofidios, durante la cópula, despiden un mal olor. Parte de esa leyenda popular persiste en las Tesmoforias, durante las cuales las mujeres atenienses “utilizaban sauzgatillo o agnocasto en la confección de sus lechos para asustar y repeler a las serpientes, y el mal olor causado por esta planta tenía otro efecto añadido: en una fiesta que exigía estricta abstinencia sexual, mantenía alejados a los maridos

Luego retomaremos esta referencia.

Por ahora, volvamos a nuestros fundamentos: el sujeto se realiza en la pérdida en la que ha surgido como inconsciente, por la carencia que produce en el Otro[19]. La estructura de borde en su función de límite es la que cierra la causación del sujeto del deseo. Este es el trazado de la pulsión de muerte freudiana: separación del Otro por la cual el sujeto encuentra en el deseo del Otro su equivalencia como sujeto del inconsciente.

Aquí Lacan esclarece que la parte no es una parte del todo, sino que la parte no tiene relación con el todo. Esta no relación tiene que poder producirse como operación. Insistamos: separación.

Filoctetes es un efecto de sentido con que lo solicita un discurso [destruir Troya con su arco], ahí encuentra el deseo del Otro. Ahora interrogamos: ¿ha logrado separarse de ese Otro? ¿Qué es necesario para tal operación? Como decíamos: la estructura de borde en su función de límite que le permitiría cerrar[20] la causa del sujeto del deseo.

Venimos de decir que Filoctetes cede en su deseo, es decir, no paga el precio por el acceso al deseo. Ahora nos preguntamos ¿no tiene con qué pagar? ¿con qué paga el sujeto el acceso al deseo, o la separación del Otro? Paga ofreciendo, en un primer tiempo su propia desaparición, el “pudiera perderme”. En cambio, Filoctetes nos muestra un abandono. Un abandono en la isla que no recorta una pérdida del objeto, por lo tanto, el cierre del borde.

La laminilla, nos dice Lacan, “representa esa parte del viviente que se pierde al producirse éste por las vías del sexo”[21] Filoctetes nos muestra qué ocurre cuando no se produce la pérdida de esa parte. El viviente no deviene sujeto. El borde en su función de límite no se cierra, y, en consecuencia, la libido (la laminilla) desangra por años y años en forma de herida supurante.

Entonces el abandono es consecuencia de la dificultad de la desaparición (separación) del sujeto para el Otro. El abandono es una separación a medio camino, podríamos decir. El sujeto sufre como abandono la consecuencia de no haber podido recortar un objeto constituyente de un borde que cierre y abra el inconsciente ético y deseante.

A ese abandono responde el odio al que se aferra Filoctetes sin lograr un acto en el sentido de la ética del deseo, porque no cuenta con el objeto para pagar, sino que cuenta con una herida siempre abierta que no logra bordear, en tanto zona erógena, la libido que haga empuje constante para la intrincación pulsional.

Por eso Eros y Tánatos están desintrincados; todo él quedó recortado del mundo humano, aislado en un goce mortífero representado por la herida supurante que es lo real de la libido desbordada.

Aquí retomamos la referencia de Jaime Siles, cuya lectura del simbolismo de la serpiente en la obra de Sófocles, nos esclarece lo sexual puesto en juego por la picadura de la serpiente. La libido es sexual nos enseña Freud. La serpiente es símbolo de “mala esposa” nos dice Siles, y hace obstáculo al coito con el partenaire cuando el sujeto no cuenta con un objeto que haga obstáculo a la alienación al Otro. Por eso —insistamos— Filoctetes, no has actuado conforme al deseo.

“El sujeto toma su parte, de la sexualidad, especificada en el individuo, con su muerte”[22] en otras palabras, la muerte como dimensión trágica del deseo y en tanto real que no tiene representación en el inconsciente, posicionando —por eso— la sexuación en el sujeto.

“corte anatómico (…) en donde se decide la función de ciertos objetos, de los que es preciso decir que no son parciales, sino que tienen una situación muy aparte”[23] es decir, más que objeto parcial, se trata de objeto aparte, separado, caído, perdido…estamos en el inicio: cuando decíamos que el inconsciente se forja sobre el rastro de lo que opera para la constitución del sujeto: este corte. Por ejemplo, el pecho especificado en la función del destete que prefigura la castración. “es entre el pecho y la madre donde pasa el plano de la separación que hace del pecho el objeto perdido que está en causa en el deseo”[24] esta operación es la que no se realiza en Filoctetes, dejándolo abandonado a su goce mortífero.

Al no producirse esta función de borde y límite que cierre la causa del sujeto, no pueden venir a ese lugar los objetos que se pierden por naturaleza, como el excremento, o los soportes: la mirada y la voz, alrededor del cual la pulsión podría recuperar o restaurar la pérdida original, contornéandolos… al no cerrarse la herida de Filoctetes, al no haber borde erógeno que encierre la libido, no se puede realizar esta actividad pulsional… caza para alimentarse, pero no puede de ninguna manera hacer arte culinario.

Por eso no hay partenaire sexual de Filoctetes, porque no está inscripta la carencia que represente lo que es macho o hembra. Porque “la sexualidad se reparte de un lado al otro de nuestro borde en cuanto umbral del inconsciente”[25]

El sujeto busca un objeto que le sustituya esa pérdida, por ser sexuado. El problema es cuando esa pérdida no está realizada, no está bordeada, como en Filoctetes. Esto en cuanto al objeto pulsional —un lado del borde—

Del otro lado del borde, los significantes que lo representan, organizados por la metáfora del Nombre-del-Padre en las estructuras elementales del parentesco, se instauran las normas y el orden que le dicen al sujeto lo que hay que hacer como hombre o como mujer.

Por eso dice Lacan que no es verdad que Dios los hizo macho y hembra, sino la operación paterna que organiza el orden significante que pueda contornear el objeto perdido con el que opera la pulsión. Creemos que así logramos ubicar en la obra Filoctetes, de Sófocles, las dificultades que se producen cuando no está encerrada en el borde de la zona erógena la libido; dificultades que atañen al cierre del inconsciente y a la operatoria pulsional. Por eso llamamos a este último apartado, libido: entre inconsciente y pulsión.

Referencias

*Lacan, Jacques “Posición del inconsciente” en Escritos 2. Buenos Aires. Siglo XXI. 2005. 1º Ed. 2ª Reimp.

*Lacan, Jacques El seminario, libro 7 “La ética del Psicoanálisis” Buenos Aires. Paidós. 1º Ed. 9ª Reimp. 2005.

*Lacan, Jacques El seminario, libro 8 “La transferencia” Buenos Aires. Paidos 1ª Ed. 2ª Reim. 2006

*Lacan, Jacques El seminario, libro 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” Buenos Aires 2003. Paidós 1º Ed. 11º Reimp.

*Lacan, Jacques Discurso de Tokio. 21 de abril de 1971. Traducción al español Ricardo Rodriguez Ponte. La versión francesa de este texto se encuentra en Pas-tout Lacan, en la página web de la école lacanienne de psychanalyse:  http://www.ecole-lacanienne.net/.

*Siles, Jaime Vieja y nueva política en torno al Filoctetes de Sófocles Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5996113

*Sófocles Tragedias completas “Filoctetes” Buenos Aires. CS Ediciones 1º Ed. 2008.

Apéndices

Óleo en lienzo de Jean-Germain Drouais (1763 – 1788):

Filoctetes en la isla de Lemnos. 1738.

Recepción, mayo 2020

Aceptación, julio 2020


[1] En el continuo impulso y entusiasmo que animó su vida —la que no le hacía honor a su apellido, como solía decirnos— no dejó de instarme a escribir y producir. Con el dolor de su ausencia y las marcas de su amistad, hoy escribo estas letras como homenaje a su memoria.

[2] Jacques Lacan Discurso de Tokio. 21 de abril de 1971. Traducción al español Ricardo Rodriguez Ponte. La versión francesa de este texto se encuentra en Pas-tout Lacan, en la página web de la école lacanienne de psychanalyse:  http://www.ecole-lacanienne.net/.

[3] En un seminario Sobre los Escritos, en la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud-Rosario —con martín Muné, Camila Simonit y algunos otros—proseguimos un trabajo de lectura sobre este escrito de Lacan.

[4] Jacques Lacan Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. P.39. Buenos Aires 2003. Paidós 1º Ed. 11º Reimp.

[5] Jacques Lacan La ética del psicoanálisis. P.: 378. Buenos Aires 2005. Paidós. 1º Ed. 9º Reimp. Las negritas son mías.

[6] Jacques Lacan La transferencia. Buenos Aires. Paidos 1ª Ed. 2ª Reim. 2006. Pág.: 408

[7] No tomamos aquí las referencias de Filoctetes en la Ilíada, la Odisea ni en las obras de Esquilo y Eurípides. Solo nos referimos a la obra de Sófocles.

[8] Jacques Lacan La ética del psicoanálisis. Buenos Aires. Paidós. 1º Ed. 9ª Reimp. 2005. Pág.: 381

[9] Ídem. Pág.: 382

[10] Sófocles Tragedias completas “Filoctetes”. Buenos Aires. CS Ediciones 1º Ed. 2008. Pág.:191. Las negritas son mías.

[11] Ídem. Pág.: 196

[12] Ídem. Pág.: 197

[13] Ídem. Pág.: 203

[14] Ídem. Pág.: 204

[15] Ídem. Pág.: 206

[16] Ídem. Pág.: 207

[17] Ídem. Pág.: 208

[18] Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5996113

[19] Jacques Lacan Escritos 2 “Posición del inconsciente” 1º Ed. 2ª Reimp. Buenos Aires. Siglo XXI. 2005. pág.:822

[20] Hacemos aquí referencia a la operación de cierre del inconsciente. Cierre que no implica ningún “adentro” sino que es un cierre que abre. Cierre y apertura del inconsciente, por ejemplo en un lapsus.

[21] Jacques Lacan Escritos 2 “Posición del inconsciente” 1º Ed. 2ª Reimp. Buenos Aires. Siglo XXI. 2005. pág.:826

[22] Ídem:: Pág.: 826

[23] Idem

[24] Ídem. Pág.: 827

[25] Ídem. Pág.: 828

image_pdfimage_print