Número 3, Publicaciones

Recepción de la Terapia Gestalt en Argentina: estudio preliminar

Gestalt Therapy reception in Argentina: preliminary study

 

Diego Gastón Brandolín

Psicólogo – Doctorando en Psicología

Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Rosario

diego.brandolin@unr.edu.ar

 

 

Resumen:

El presente artículo forma parte de un estudio más amplio que se ocupa de indagar las condiciones de recepción, formación, institucionalización y difusión de la Terapia Gestalt en Argentina. Esta corriente de psicoterapia ingresó al ámbito profesional y académico de la salud mental en Argentina a través de un proceso que se desarrolló durante la década de 1970. Diferentes autores y protagonistas han valorado a la figura de una psiquiatra chilena, Adriana Schnake, como personalidad central en la marcha de los hechos, impartiendo formación gestáltica en diferentes puntos del país como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Otros señalan actores alternativos como Marcela Miguens o Alfredo Moffat, que han colaborado al despliegue de esta corriente psicoterapéutica. El marco político represivo imperante en el plano nacional sostenido fundamentalmente en la segunda mitad de la década por la sangrienta dictadura cívico-militar que tuvo lugar, marcó también la progresión de la implantación de la Terapia Gestalt. Los grupos en donde se replicaban los fundamentos teóricos y vivenciales del enfoque estudiado, se caracterizaron por la resistencia, el encuentro humano y el sostén emocional. En contraposición al autoritarismo, individualismo y aislamiento que intentaban establecerse desde la esfera del poder político.

Resume:

This article is part of a broader study that deals with investigating the conditions of reception, training, institutionalization and diffusion of Gestalt Therapy in Argentina. This current of psychotherapy entered the professional and academic field of mental health in Argentina through a process that took place during the 1970s. Different authors and protagonists have valued the figure of a Chilean psychiatrist, Adriana Schnake, as a central personality in the march of events, giving Gestalt training in different parts of the country such as Buenos Aires, Córdoba and Mendoza. Others point to alternative actors such as Marcela Miguens or Alfredo Moffat, who have collaborated in the deployment of this psychotherapeutic trend. The repressive political framework prevailing at the national level, sustained mainly in the second half of the decade by the bloody civic-military dictatorship that took place, also marked the progression of the implementation of Gestalt Therapy. The groups where the theoretical and experiential foundations of the studied approach were replicated were characterized by resistance, human encounter and emotional support. In contrast to authoritarianism, individualism and isolation that tried to establish themselves from the sphere of political power.

Palabras clave:

Psicoterapia, Gestalt, Historia, Argentina

Key words:

Psychotherapy, Gestalt, History, Argentina

 

 

Artículo

 

Los inicios de la Terapia Gestalt: contexto histórico

 

Los inicios y desarrollos de la Terapia Gestalt han sido bien estudiados y profusamente documentados (Bocian, 2015; de Casso, 2009; Gaines, 1989; Naranjo, 2007, 2009; Peñarrubia, 1998; Perls, 2006; Stoehr, 1998). Se considera indispensable la exploración, aunque sucinta, de esos derroteros para interpretar las primeras señales de su introducción en el contexto nacional y local.

Esta disciplina se ha basado en una serie de aportes conceptuales de diferentes fuentes, para organizar una síntesis coherente de teoría y praxis que fundamenta este tipo de tratamiento psicológico. Si bien existieron varias figuras que desempeñaron papeles de relevancia en su origen y fundación, no puede soslayarse la centralidad de uno de ellos. Su nombre es Frederick Perls, o más conocido como Fritz Perls. El panorama de su vida ilustra su búsqueda, sus avatares y el poder de su capacidad creativa. Por ello, el recorrido por los aspectos más salientes de su biografía permite acompañar el proceso de gestación de su obra.

Perls nació en el año 1893, en un barrio judío de Berlín. Fue el menor de tres hermanos, las dos primeras mujeres, hijos de una familia de clase media. Desde su infancia tuvo una muy mala relación con su padre. Se mostró además reticente y rebelde, características que lo llevaron a tener serios problemas de disciplina en la escolaridad. Incluso fue expulsado de un colegio por estos motivos (Peñarrubia, 1998).

En su adolescencia, encontró en el teatro un espacio donde pudo canalizar su interés. Se incorporó a la compañía de Max Reinhardt, figura de importancia capital en su materia, en Alemania de comienzos del siglo XX, que impulsó a esa disciplina hacia el movimiento expresionista. Perls estudió en sus clases y tomó papeles menores como extra en las representaciones. Este interés, que lo acompañó toda su vida, se materializó en la integración de técnicas teatrales y de dramatización en el modelo psicoterapéutico que gestó con posterioridad.

Luego de terminar la enseñanza secundaria en un instituto de formación liberal y humanista, Perls inició sus estudios en Medicina en una universidad berlinesa. Al desatarse en 1914 la Primera Guerra Mundial, quedó en situación de reserva sin ser enviado directamente al frente de batalla, cuando en la revisión médica se le detectó una malformación cardíaca congénita. Perls, interesado en hacer todo lo posible para escapar del frente, se alistó como voluntario en la Cruz Roja, con la esperanza de ser apostado fuera de la zona de combate (Perls, 2006). Cuando la situación de Alemania en la conflagración se complicó, Perls fue enviado a las trincheras. Esta experiencia fue la más traumática de su vida (Peñarrubia, 1998).

Al finalizar la guerra, Perls retomó y completó sus estudios graduándose como médico en Berlín (de Casso, 2009). Estableció su consulta como neuropsiquiatra, y comenzó a mezclarse con la bohemia intelectual surgida tras la guerra. Pensadores radicales, filósofos, artistas y representantes del movimiento de la Bauhaus, junto a los referentes de las nuevas filosofías fenomenológica y existencial, dieron contexto a una parte muy importante de la formación de Perls, que marcaron luego su obra.

El encuentro de Perls con el psicoanálisis

 

En ese contexto, Perls conoció también el psicoanálisis. En 1926, movido por la curiosidad y por ciertos problemas personales que lo inquietaban, se decidió a iniciar un tratamiento analítico. Su primera analista fue Karen Horney. Quedó muy impactado en esta experiencia, al punto de considerar enseguida al psicoanálisis como una opción para su futuro profesional (de Casso, 2009). Se abocó a la lectura sistemática de la obra de Freud, y se decidió a realizar la carrera como aspirante a psicoanalista.

Posteriormente, mucho del pensamiento y la obra de Karen Horney se iba a poder rastrear en la propia producción de Perls, tomando conceptos y actitudes de esta creativa analista, muy cercana al círculo íntimo del propio Freud.

Perls continuó realizando su análisis didáctico y su proceso de supervisión, pasando por estas experiencias con analistas diversos, entre los que cabe mencionar, además de la propia Horney, a Wilhelm Reich, por la impronta que dejó en Perls. Hasta el punto de que es posible considerar gran parte de su pensamiento y obra como reichianos. Aspecto que, como se verá más adelante, funcionó como uno de los disparadores para la ruptura posterior de Perls con el psicoanálisis, y el desarrollo de una fuerte crítica hacia Freud.

Laura Perls y la Psicología de la Gestalt

 

En 1927, por consejo de Horney, Perls se mudó a Frankfurt. En esa ciudad, continuó su análisis con una alumna de Horney, Clara Happel, y empezó a trabajar como asistente del famoso neurólogo Kurt Goldstein. En su centro de rehabilitación para veteranos de guerra, Goldstein estudiaba a pacientes lesionados cerebrales, aplicando las hipótesis de la Psicología de la Gestalt de Wertheimer, Kohler y Koffka para entender cómo se reorganizan las funciones del órgano dañado. En ese contexto, Perls entró en contacto con las nociones de esa corriente psicológica, de la que posteriormente tomó, además del nombre, algunos principios para integrar a su modelo clínico.

En ese laboratorio, Perls conoció a una joven estudiante de psicología, Laura Posner, que colaboró durante años con Goldstein. Laura asistía al centro de rehabilitación paralelamente a sus clases universitarias, para aprender y recabar experiencia, pues estaba desarrollando su tesis doctoral en psicología, en la Universidad de Frankfurt (Gaines, 1989).

Establecieron una relación amorosa, y posteriormente, residiendo en Berlín, en 1929 se casaron. Este matrimonio funcionó también como una sociedad laboral. La sólida formación académica de Laura fue posteriormente muy útil para el trabajo de Perls en la integración de algunos principios de la Psicología de la Gestalt en la Terapia Gestalt, aunque este aporte fue sucesivamente confirmado y desmentido por el propio Perls.

Luego de cumplimentar, en el transcurso de largos años, los requisitos de análisis didáctico y de control, y de obtener las evaluaciones positivas e informes de sus supervisores, además del cursado de los seminarios teóricos exigidos, Perls recibió en 1933 las credenciales que lo consagraron como miembro de pleno derecho de la International Psychoanalytical Association (IPA), a través de la Asociación Psicoanalítica Holandesa, entidad reconocida por la primera (Bocian, 2015).

A comienzos de ese año de 1933, cuando el Partido Nacional Socialista tomó el poder en Alemania, previendo los funestos tiempos que llegarían para su país y en particular para todos los integrantes de la comunidad judía a la que pertenecía, Perls decidió emigrar junto a su familia, pues para entonces el matrimonio había tenido a su primera hija. Se radicaron inicialmente en Ámsterdam, donde, como se dijo anteriormente, completó su formación como psicoanalista.

Al poco tiempo de establecidos en esa ciudad, la familia Perls comprendió que en Holanda no iban a encontrarse a salvo del odio racial desatado por el nazismo en Alemania, que además se preparaba a toda marcha para llevar a cabo su plan de conquista territorial. Perls había trabado relación con Ernest Jones, un destacado psicoanalista británico que fuera el primer traductor de la obra de Freud a la lengua inglesa, y que era asiduo visitante de la Asociación Holandesa.

Precisamente siguiendo el consejo y por medio de la intercesión de Jones, Perls consiguió un puesto de analista en Johannesburgo, Sudáfrica (Perls, 2006). Se mudó junto a su familia a esa ciudad, donde tuvo una importante participación en la creación de la primera institución psicoanalítica establecida en el continente africano en 1934, el Instituto Psicoanalítico Sudafricano (Bocian, 2015).

 

Sudáfrica: horizonte y base

 

A mediados de la década de 1930, entonces, Perls se encontraba residiendo y practicando el psicoanálisis de forma próspera en ese país africano junto a su esposa Laura, que había culminado ya sus estudios de Doctorado en Psicología obteniendo su titulación, y que también había realizado una formación psicoanalítica, aunque sin concluirla ni alcanzar los requisitos para su acreditación formal como analista (Bocian, 2015).

Instalado en Johannesburgo, el matrimonio desarrollaba investigación, producción teórica y formación de aspirantes, en paralelo a su práctica clínica. El fruto de este trabajo fue sintetizado en una comunicación que Perls decidió presentar en el congreso anual que organizó la IPA en Marieband, en la por entonces Checoslovaquia, en el año 1936. En su comunicación, desarrollaba los avances de la investigación que estaba llevando a cabo acerca de un concepto acuñado por él mismo, las resistencias orales, y que suponía iba a tratarse de una festejada aportación en el desarrollo del Psicoanálisis.

Su presentación obtuvo una fría acogida en el congreso, donde los participantes mostraron escaso interés. Su esposa Laura declaró luego que las razones de este desaire eran, a su criterio, que la mayoría de los asistentes no comprendieron el trabajo, y además tenía una clara influencia de la obra de Reich, que para ese entonces ya estaba siendo cuestionado en el seno de la comunidad psicoanalítica (Gaines, 1989). Esta experiencia representó un duro golpe para las expectativas del propio Perls respecto a los alcances de su intención de realizar aportes al psicoanálisis.

Más aun, luego del congreso, Perls se dirigió a Viena a entrevistarse con el propio Freud. Había conseguido establecer esta cita por medio de Anna Freud, a quien conocía personalmente. Para entonces, el creador del psicoanálisis se encontraba deteriorado por la enfermedad que sufría, cáncer de mandíbula, y por ello dispensaba pocos minutos a los encuentros (Gaines, 1989). Esta es la descripción del propio Perls de la reunión:

“Pedí una entrevista y fui recibido por una mujer de cierta edad (creo que era su hermana), quien me hizo esperar. Luego, la puerta se abrió y ahí estaba ante mis ojos. Me parecía extraño que no abandonase el marco de la puerta, pero en aquel entonces no sabía nada acerca de sus fobias.

– Vine de Sudáfrica para presentar un trabajo y para verlo a usted.

– Bueno, ¿y cuándo se va de regreso?, fue su respuesta. No recuerdo el resto de la conversación, que a lo más duró cuatro minutos. Estaba shockeado y desilusionado” (Perls, 2006: 58-59).

Tanto la escasa atracción en la recepción de su aporte en el congreso, como el destrato personal que Perls entendió haber recibido de parte de Freud, funcionaron para él como detonantes para romper lazos con el psicoanálisis definitivamente y lanzarse a una empresa distinta: proveer al escenario de la psicoterapia un nuevo enfoque.

Continuó con sus esfuerzos en su investigación y en su producción teórica apoyadas siempre en su práctica clínica, siendo sostenido y ayudado, como ya se ha mencionado, por su esposa Laura. Finalmente, en 1942, Perls editó en Sudáfrica su primer libro, titulado Ego, hambre y agresión, en el cual Laura participó como autora de algunos capítulos. En esta obra podían rastrearse las notas germinales del nuevo modelo psicoterapéutico que se estaba originando (Perls, 1975).

Entre 1942 y 1946, Perls se enroló en el ejército sudafricano como psiquiatra militar, dado que el conflicto global que se estaba desarrollando en Europa puso en alerta y movilización al ejército sudafricano. Aunque finalmente, Perls no tuvo que intervenir en el frente de batalla. Al licenciarse de esta tarea, emigró en 1946 a Nueva York. Intuía que para que sus ideas, esbozadas en ese primer libro, pudieran ser formalizadas como una nueva corriente psicoterapéutica, debería contar con mayor difusión.

La siguiente frontera: Nueva York

 

Durante el período que se había iniciado en años previos a desatarse la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos había recibido y acogido a una gran cantidad de intelectuales europeos que huían atemorizados de los funestos presagios que se debatían sobre el viejo continente. Encontraron en el país norteamericano un lugar lejos del caos, con iniciativa y disposición para ofrecer condiciones que garantizaban la continuidad de las investigaciones e inspiraciones de estos pensadores. Gran cantidad de adelantos técnicos, descubrimientos científicos y teorías novedosas en el campo de diversas disciplinas, se produjeron a partir de la posguerra en ese escenario consolidado.

Perls supuso que ese debía ser el ambiente de difusión de sus ideas, para obtener razonables posibilidades de éxito. Emprendió su viaje con un manuscrito de unas cien páginas en su poder, donde reseñaba los esbozos conceptuales de su perspectiva clínica. Su intención era convertir esas notas en un nuevo libro, como carta de presentación formal de su enfoque (Peñarrubia, 1998; Perls, 2006).

Fue recibido en Nueva York por su antigua analista, Karen Horney, que había emigrado hacía tiempo hacia Estados Unidos, y con quien había mantenido en esos años una relación de amistad y admiración. Ella lo ayudó a establecerse en la ciudad, y lo introdujo en los círculos de los psicoanalistas norteamericanos. Otras figuras de renombre como Erich Fromm y Clara Thompson facilitaron su presentación social e institucional. Inclusive Thompson le ofreció un puesto como terapeuta didacta en una de las escuelas de formación de psicoanalistas neoyorquinos (Peñarrubia, 1998; Gaines, 1989).

Sin embargo, Perls no se sintió cómodo en este ambiente. Consecuentemente, tampoco fue bien acogido por los psicoanalistas que lo conocieron. Comenzó entonces a frecuentar ambientes contraculturales, donde conoció, entre otros, a Paul Goodman, un poeta, dramaturgo y novelista que no había conseguido la suficiente repercusión y notoriedad para apoyar su carrera, aunque según sus críticos, su obra se conformaba de una docena de libros espléndidos (Stoehr, 1998). A la vez, era lo que podría llamarse un intelectual, con amplia formación filosófica y un cómodo manejo del pensamiento psicológico contemporáneo, incluyendo los desarrollos psicoanalíticos. Tales conocimientos constituían una condición sine qua non para los que aspiraban a integrar esa categoría en la época.

El estilo de Goodman fue apreciado por Perls, que le ofreció un trato: escribir un libro a partir del manuscrito que traía consigo desde Sudáfrica. Goodman dominaba los detalles de la redacción escrita en el idioma inglés, que aunque era hablado por Perls, ciertamente no se trataba de su lengua materna, y no podía expresarse en él con la elasticidad y fluidez que hubiera preferido para esta obra, considerada de tan vital importancia en sus planes.

En la continuidad del proyecto, Perls trabó relación con un psicólogo, catedrático de la Universidad de Columbia en Nueva York, llamado Ralph Hefferline. Le propuso realizar una serie de ejercicios y experimentos con sus estudiantes, cuyas descripciones formarían una parte del futuro libro, detallando la práctica y la aplicación de los aspectos teóricos. Hefferline aceptó la propuesta, y en base a estas experiencias que desarrolló en su cátedra, escribió junto a Perls un volumen de estilo intimista, donde se dirigían al lector proponiendo ejercicios demostrativos de los principios conceptuales desarrollados en el otro apartado escrito por Goodman.

La obra final, compuesta entonces por dos tomos, fue publicada en 1951 con el nombre de Terapia Gestalt, y llevando como subtítulo Excitación y crecimiento en la personalidad humana (Perls, Hefferline y Goodman,  2006). En un principio, el nivel de ventas del libro era bajo, pero a medida que la figura de Perls comenzó a hacerse más conocida en los ámbitos de la salud mental, la demanda de la obra fue aumentando rápidamente hasta convertirse en un volumen de difusión masiva. La presentación de este libro fue considerada como el momento formal de nacimiento de la Terapia Gestalt en tanto disciplina.

A continuación, ciertas circunstancias permitieron la aparición de las primeras instituciones encargadas de la formación y la oferta de psicoterapia desde el nuevo enfoque. Principalmente, sucedió una creciente demanda de formación, de parte de profesionales atraídos por la propuesta. En 1952 se creó el primer instituto gestáltico encargado de la investigación y entrenamiento de terapeutas en Nueva York. Al año siguiente se fundó una institución similar en la ciudad de Cleveland, hacia donde los integrantes del grupo neoyorkino viajaban regularmente para impartir clases, terapia y supervisión a los estudiantes participantes.

Perls continuó difundiendo la Terapia Gestalt en sucesivos viajes por varias ciudades estadounidenses, dejando a cargo de Laura y los demás discípulos el manejo de las nuevas instituciones, que a su vez empezaron a producir la segunda generación de terapeutas gestálticos, entre los cuales se cuentan algunos que se convirtieron posteriormente en autores de referencia de la disciplina, como Joseph Zinker o el matrimonio conformado por Erving y Miriam Polster.

 

Nuevos derroteros, final del camino

 

Perls decidió separarse de su esposa en 1956. La dejó en Nueva York, junto a los dos hijos que para ese momento ambos tenían, y se mudó a Miami. Se encontraba por entonces deprimido y asediado por una patología cardíaca crónica que parecía haber recrudecido. En esa ciudad, consiguió establecerse profesionalmente y permaneció durante tres años, creando grupos de terapia y formación, continuando con la difusión del enfoque gestáltico.

Al poco tiempo de terminar una relación afectiva bastante tormentosa, Perls decidió mudarse al estado de California, en 1959. Allí alternó su estancia entre las ciudades de San Francisco y Los Ángeles. Continuó practicando su terapia, y desarrolló experiencias de aplicación en contextos hospitalarios, que resultaron muy significativas. Reclutó en ambas ciudades a otras figuras posteriormente notorias de la Terapia Gestalt, entre los que cabe mencionar especialmente a James Simkin, Wilson Van Dusen y Gary Yontef.

En 1962 se embarcó en un largo viaje, de quince meses de duración, alrededor del mundo. La expedición le deparó experiencias en las que se apoyó para madurar su pensamiento y su accionar clínico. En su autobiografía, destaca especialmente el período de convivencia en un kibutz, en Israel, y su estadía en un monasterio zen en Japón (Perls, 2006). A su regreso, para el año 1964, por sugerencia de sus discípulos californianos, empezó a organizar workshops (encuentros de labor intensiva de varios días de duración) presentando su forma de trabajar, en el Instituto Esalen en Big Sur, California.

Esalen era un espacio fuertemente integrado a la naturaleza, donde tenían lugar las presentaciones de intelectuales y científicos que buscaban producir nuevos abordajes a las problemáticas de la salud. Rápidamente se hizo famoso bajo el título de Centro de Desarrollo del Potencial Humano. Perls permaneció en este lugar durante los siguientes cuatro años, e incluso lo adoptó como residencia permanente, pues le permitieron construir su propia casa en el predio, un encantador lugar con vistas privilegiadas al océano Pacífico desde lo alto de los acantilados.

De acuerdo a varios autores, Perls alcanzó en ese período un grado superlativo de experticia como psicoterapeuta (Naranjo, 2009; Peñarrubia, 1998). En los sucesivos seminarios que impartía, dictaba enseñanzas que fueron recogidas en varias obras (Perls, 2010). Aunque las experiencias de transmisión más importantes las produjo en las sesiones terapéuticas que ofrecía en los grupos de formación, trabajando con los mismos participantes que absorbían su despliegue técnico y reparaban en su actitud clínica principalmente (Naranjo, 2009).

Consecuentemente, en los finales de la década de 1960, la Terapia Gestalt impartida por Perls llegó al nivel de maduración con el que adquirió presencia consistente en los escenarios académicos y científicos, participando en congresos acreditados, entrando a las universidades y contando con un número creciente de centros de formación e instituciones de salud, en donde nuevos terapeutas aprendían, practicaban y difundían este modelo psicoterapéutico.

Poco antes de su muerte, Perls inauguró un último reducto de formación a orillas del lago Cowichan en Vancouver, Canadá, con un formato de comunidad, inspirado en los kibutz israelíes, en donde las personas, que se capacitaban en el enfoque gestáltico, además residían durante períodos de varios meses, aprendiendo juntos en convivencia. Era esta la materialización del ideal de espacio de formación y crecimiento imaginado por él (Peñarrubia, 1998; Perls, 2006; Perls y Baumgardner, 2006).

 

¿Cómo llegó la Terapia Gestalt a América Latina?

 

Los procesos que se sucedieron para que esta disciplina pueda darse a conocer en varios países de América Latina, tienen como principal responsable a un psiquiatra chileno llamado Claudio Naranjo, fallecido recientemente, en julio de 2019.

Para describir las coordenadas esenciales de la obra de Naranjo, puede mencionarse que realizó su formación como médico y psiquiatra en la Universidad de Chile, en Santiago, la capital de ese país. Luego desarrolló una destacada carrera como investigador invitado y becario (entre otras, fue beneficiario de una prestigiosa beca Guggenheim), en varias de las más prestigiosas universidades norteamericanas, como Harvard, Illinois y Berkeley, donde realizó estancias de aprendizaje bajo la dirección de figuras como Gordon Allport y Raymond B. Catell (Ramírez Calderón, 2011).

Además del interés científico en el abordaje del estudio de la personalidad, Naranjo experimentó una inquietud personal que lo llevó a ampliar el campo de sus investigaciones, abordando el análisis de religiones comparadas, centrando especialmente su interés en las religiones de oriente y medio oriente, como el budismo y el sufismo, respectivamente. Impartió enseñanzas acerca de todas estas disciplinas en distintos centros académicos en todo el mundo.

A mediados de los años setenta, fruto de la integración de su recorrido y experiencia en toda esta diversidad de dominios de conocimiento, Naranjo consolidó la formación del programa SAT (Seekers After Truth), inicialmente concebido para la formación de psicoterapeutas, y que luego se extendió a la formación personal de otros profesionales de la salud y la educación. En sus inicios, el programa se desarrolló en España, para pasar paulatinamente a presentar sus módulos de formación en una gran cantidad de países de Asia, Europa y América. En los fundamentos de esta propuesta, la Terapia Gestalt tiene una presencia sustancial (Naranjo, 2013).

En la continuidad de su recorrido, a partir de la década de 1990, Naranjo se ha interesado por el estudio de los sistemas educativos en distintas partes del mundo, convirtiéndose en asesor en varios países. Ha trabajado para modificar los supuestos de estas estructuras intentando enfatizar los aspectos humanistas, la transformación a través del trabajo personal y el compromiso social. Algunos de sus últimos libros los ha dedicado a este propósito. Como reconocimiento ha obtenido diversas distinciones y Honoris Causa de importantes instituciones, culminando con su candidatura en 2015 para el Premio Nobel de la Paz. Ha publicado más de quince volúmenes y un número superior a la centena de artículos en revistas acreditadas de diversos campos.

En relación a la forma en cómo Naranjo tomó contacto con la Terapia Gestalt, en la década de 1950, encontrándose en Santiago de Chile, recibió por intermedio de un pariente neoyorkino el libro Terapia Gestalt de Perls, Hefferline y Goodman. Naranjo reconoce haber sido considerablemente influenciado por esta lectura, aunque más en sus facetas de investigador y docente que como terapeuta (Naranjo, 2009).

Debió esperar más de diez años para conocer en persona a Perls. El hecho ocurrió cuando Naranjo visitó Esalen en 1965. Participó de uno de sus talleres de formación, e inmediatamente trabaron relación. Perls le ofreció una beca más o menos permanente para presenciar las actividades ofrecidas por él, y de este modo se fue consolidando el vínculo. Naranjo permaneció varios años en California, y colaboró en el trabajo de Perls, produciendo algunos de los escritos que describieron la evolución de ese momento en el enfoque gestáltico (Naranjo, 2007).

Posteriormente, aunque la relación entre ambos se deterioró en el plano personal, en lo profesional Naranjo manifestó su respeto y su deseo de continuar el trabajo de Perls. Muchos lo reconocen como uno de los sucesores en el legado de la difusión y ampliación, de la investigación y producción teórica de la Terapia Gestalt, como una de sus figuras relevantes en el escenario mundial (Peñarrubia, 1998, 2009).

Para describir con mayor especificidad el proceso de transmisión de la Terapia Gestalt hacia el contexto latinoamericano, puede señalarse que se inició a fines de la década de 1960. Naranjo regresó a Santiago de Chile luego del período de gran enriquecimiento de su residencia en Esalen, y decidió formar un grupo de estudio e investigación en la Clínica Psiquiátrica Universitaria de esa ciudad, para enseñar el enfoque gestáltico.

Después de un período de continuidad de su trabajo en ese grupo, y en otros intereses académicos, Naranjo resolvió regresar a California y radicarse allí definitivamente. Dejó a cargo del grupo a su estudiante más brillante, la psiquiatra Adriana Schnake, quien era directora del Pabellón de Hombres de la mencionada institución, y además se desempeñaba como profesora de la Cátedra de Psiquiatría en la Universidad de Chile (Huneeus, 2006).

En ese grupo también participaba Francisco Huneeus, médico graduado en la Universidad de Chile, que había desarrollado una estancia de investigación en el Departamento de Neurobiología del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en Estados Unidos (Abasolo Aravena, 2010). Cuando regresó a su país, a principios de la década de 1970, se acercó al grupo que había formado Naranjo deseoso de integrarse al ámbito de la profesión clínica.

En ese espacio circulaban apuntes en inglés sobre Gestalt que Naranjo había aportado. Eran leídos con dificultad en ese idioma, por ello fue que Huneeus se propuso traducirlos para facilitar las lecturas y discusiones. De ese modo, se fue adentrando e interesando en el enfoque. Estableció contacto con la editorial dueña de los derechos de los libros de Perls en Estados Unidos, y empezó a recibir algunas obras que fue traduciendo y editando. Abocado a esa tarea, en 1974 fundó un sello propio, la editorial Cuatro Vientos, que continuó realizando esa labor con los textos fundamentales de la Terapia Gestalt hasta el presente.

 

Reseñas históricas en otros países latinoamericanos

 

Se han producido algunos intentos de sistematizar la historia de la Terapia Gestalt en otros países sudamericanos. Tal es el caso de Brasil, que se encuentra en un estadio avanzado en esa iniciativa.

En un estudio reciente (Ferreira Esch y Jacó-Vilela, 2019) se describe detalladamente la recepción y los movimientos iniciales que se desarrollaron respecto a la disciplina en ese país desde la década de 1970. Suassuna y Holanda publicaron además un tomo en el que desarrollan un completo estudio historiográfico de la Terapia Gestalt en Brasil (Suassuna y Holanda, 2009; Spenciere, 2010).

Martins Costa (2008) desarrolla como tesis de maestría un estudio de carácter empírico, de naturaleza cualitativa, utilizando también el método historiográfico. En dicho estudio, llevó a cabo entrevistas con algunos de los primeros profesionales que trabajaron con este enfoque en Brasil, considerados como los primeiros atores, en el eje geográfico que comprende el estado de São Paulo y el Distrito Federal, Brasilia. El propósito del estudio consistía en poder entender cómo se desenvuelve la Terapia Gestalt en Brasil a partir de los actores representativos. No solamente apuntando a dilucidar su legado histórico, sino también a reflexionar sobre sus perspectivas sociales y políticas.

Ribeiro (2007) también articula, a partir de la historia del origen de la Terapia Gestalt y la acción de sus fundadores, una forma de volver a contar la historia de esta escuela en Brasil referenciando a las figuras más influyentes en ese proceso. Menciona a Selma Ciornai, una de las grandes referentes de la disciplina en ese país, entre otras figuras relevantes.

Ciornai describe, también desde una perspectiva latinoamericana, una metáfora de la historia del movimiento gestáltico internacional y su resonancia en Brasil en una célebre conferencia (Ciornai, 2005). Con anterioridad, la misma figura había publicado un trabajo en la prestigiosa Gestalt Review, donde se refiere al futuro de la Terapia Gestalt desde su perspectiva, en el que reseñó varios aspectos de la historia de la disciplina en su país (Ciornai, 1999).

Asimismo se ha publicado un trabajo en relación a la historia de la disciplina en Perú (Iannacone Martínez, 2004), en donde se resume el proceso de introducción de este tipo de psicoterapia en ese país a modo de crónica. Se describen y mencionan contingencias y nombres de las figuras más importantes en el ámbito de la salud mental, que fueron los responsables del desarrollo de este proceso. Se reseñan además aspectos ligados a la institucionalización de la Terapia Gestalt en Perú, su presencia en el ámbito académico y la publicación de obras sobre la temática por parte de autores nacionales.

Cabe mencionar también los relatos, ya citados en parte, ofrecidos por Huneeus (2006, 2013; Abasolo Aravena, 2010), en los que se describen y discuten aspectos de la introducción de la Terapia Gestalt en Chile, y también del presente de esta disciplina en ese país. Realiza un análisis crítico de este último aspecto, proponiendo algunas líneas de interpretación en clave comparativa con los procesos que, a su criterio, han permitido el afianzamiento de la Terapia Gestalt en Argentina, que no se han replicado en Chile.

Ramírez Calderón (2011) ha publicado una entrevista que le ha realizado al propio Naranjo en Colombia, en la que se explaya sobre aspectos históricos del trabajo y la figura del propio Frederick Perls, relacionando las formas que ha asumido la Terapia Gestalt con las características personales de la figura de su creador. El autor propone además, en la introducción a la entrevista propiamente dicha, un recorrido histórico donde se reseñan aspectos de la tradición de la disciplina en varios países latinoamericanos.

La Terapia Gestalt en Argentina

 

En este punto, es importante destacar que en este país no se registran esfuerzos metódicos que hayan permitido entender la dimensión histórica de la recepción y desarrollo de la Terapia Gestalt en el territorio nacional. No obstante existen algunos testimonios, documentos y publicaciones que hacen referencia a la cuestión. A continuación se presentan y discuten los datos.

En diferentes publicaciones, Claudio Naranjo (2009), Myriam Guiter (2013) y Francisco Huneeus (2006, 2013) describen el escenario que se desarrolló cuando la dictadura militar que tomó el poder en Chile a partir de septiembre de 1973, produjo el desplazamiento de la psiquiatra chilena Adriana Schnake, tanto de la universidad como de su cargo hospitalario. Esto supuso la disolución del grupo de formación en Gestalt, que hasta ese momento llevaba funcionando varios años, y había sido alimentado con nuevas lecturas, recopilación de experiencias clínicas. También fue relevante para ello la visita de gestaltistas de fama internacional, como Barry Stevens, que había trabajado al lado de Perls y era su discípula.

Schnake comenzó, al año siguiente, a viajar a Buenos Aires respondiendo a una invitación formulada por una antigua alumna que había participado del grupo en Santiago. Junto a Huneeus, iniciaron su labor de introducir la Terapia Gestalt en Argentina. Dictaron talleres continuadamente, primero en Buenos Aires y luego en otras ciudades como Córdoba y Mendoza.

Las experiencias de formación por las que atravesaron numerosos profesionales de la salud mental en Argentina fueron consolidándose para dar origen a las primeras instituciones que ofrecieron formación sistemática y sostenida hasta el presente sobre Gestalt. La Asociación Gestáltica de Buenos Aires (AGBA) fue fundada en 1980, y el Instituto Gestáltico de Córdoba (IGC) inició sus actividades en 1983 pero data su fundación oficial en 1992.

Entre los testimonios, debe señalarse el discurso inaugural del X Congreso Internacional y III Latino de Gestalt, pronunciado por Marta Slemenson, presidenta del evento, que se realizó en mayo de 2007 en la localidad de Villa Giardino, provincia de Córdoba, Argentina. En ese discurso, Slemenson (2007) señala que la responsable de la llegada a Argentina de Schnake y Huneeus fue Marta Atienza, quién había realizado una formación con ellos en Chile, dato que también confirma en otro lugar (Slemenson, 1998). Cabe apuntar que Atienza es quien escribió uno de los primeros libros sobre psicoterapia gestáltica y sus aplicaciones clínicas en Argentina (Atienza, 1987).

En esa presentación, Slemenson describe el deslumbramiento por el trabajo gestáltico presentados por Schnake y Hunneus, presenciado en los seminarios que dictaron sistemáticamente en Buenos Aires, como se dijo, en la segunda mitad de la década de 1970. Por entonces, la dictadura militar en Argentina, que había subido al poder el 24 de marzo de 1976, lograba que impere un orden apoyado en el miedo. La libertad se iba olvidando en los espacios intelectuales, científicos y artísticos.

Slemenson rescata la importancia de la creación en esos seminarios de un espacio de confianza y confidencia para intercambiar lo que le sucedía a cada participante, y la libertad de expresión al interior del grupo en ese contexto represivo y oscurantista. También describe la presencia de Naranjo, que fuera invitado para la ocasión de uno de los seminarios, que realizó una presentación personal e intimista. La Terapia Gestalt era entendida entonces como una práctica que supone una cosmovisión apoyada en el énfasis en la experiencia, la libertad y la convivencia como principios organizativos de la transmisión, en fuerte contraste con la realidad política de nuestro país en ese tiempo.

En su discurso, Slemenson continúa describiendo sucintamente los pasos con los que se fue conformando específicamente AGBA: su fundación en 1980, la apertura de su Escuela de Formación en Gestalt en 1982, la apertura del Servicio de Asistencia a la Comunidad en 1988 a través del cual todas las personas que se acercan a requerirlo pueden disponer de un tratamiento gestáltico llevado a cabo por un profesional avalado y supervisado por la institución. El establecimiento formativo y el servicio asistencial funcionan hasta el presente.

También menciona la aparición de una publicación editada por AGBA a partir de 1995 y otros datos propios de la vida institucional de esa organización. En junio de 1995 AGBA organizó el VI Congreso Internacional y I Nacional de Gestalt en Buenos Aires, Argentina; y posteriormente, en 1999, el II Encuentro Nacional de Gestalt, también en Buenos Aires.

En el mismo sentido, Slemenson (2008) presentó también una ponencia titulada La Terapia Gestalt en Argentina: Revolución, evolución y contribuciones. Este trabajo surge a partir de una invitación a la conferencia Internacional de 1997 de la Asociación para el Avance de la Terapia Gestalt (AAGT), para exponer acerca de la realidad de la Terapia Gestalt en Argentina, México y Brasil.

Allí, la autora señala que, en el momento de consolidación de la disciplina en Estados Unidos en la década de 1960, se vivía un movimiento de la sociedad desde lo represivo a lo expresivo. En contraposición, en la Argentina, la llegada de la Gestalt ocurría en un momento de cambio social de signo inverso, de lo expresivo a lo represivo, que alcanzaría su punto álgido a mediados de la década de 1970.

En ese momento, la dictadura militar que tomó el poder en este país, cuyas huellas persisten, enfrentó a los terapeutas a situaciones difíciles y concretas, que los enlazaban también como personas, con tragedias familiares que les requerían una acción urgente y distinta. Panorama muy distinto al que se desarrollaba hasta la década de 1950 en Buenos Aires, donde el escenario de la salud mental era atendido por médicos psiquiatras que practicaban incipientemente un psicoanálisis muy formal de varias sesiones semanales, que se encontraba al alcance exclusivo de las clases media y alta.

Con la apertura de las llamadas carreras nuevas en la Universidad de Buenos Aires (Antropología, Ciencias de la Educación, Psicología, Sociología) el horizonte comenzó a abrirse. Pero esta inauguración recibió un fuerte golpe asestado por el inicio de la dictadura de Juan Carlos Onganía en 1966 y la denominada Noche de los Bastones Largos, que fue un funesto presagio de lo sucedido una década después.

Graciela Cohen (2001) coincide en el papel fundamental de Schnake en la formación en Terapia Gestalt de los primeros profesionales de la salud mental, siendo ella misma una de sus alumnas. Agrega que el contexto en el que tomó contacto con la obra de Perls fue en el marco de la experiencia de la comunidad terapéutica Carlos Gardel en el Hospital Neuropsiquiatrico José T. Borda de Buenos Aires, entre 1971 a 1976.

El espacio estaba liderado por Alfredo Moffat, que era, según Cohen, el introductor de Perls como autor de referencia en las lecturas que se realizaban en ese grupo (a partir de la obra de Perls publicada por la editorial Cuatro Vientos de Huneeus), junto a otros autores como Franz Fanon, Paulo Freire, Ronald Laing y David Cooper. Cohen difiere con Slemenson en cuanto a considerar que la invitación a Schnake y Huneeus para ofrecer formación en Argentina sobre Terapia Gestalt procedió de los por entonces jóvenes y rebeldes psicoanalistas Wilbur Ricardo Grimson y Eduardo Pavlovsky.

Marcela Miguens (1999) hace referencia a la historia de la Terapia Gestalt en Argentina ubicando su nacimiento en plena época de gobierno militar, en pequeños grupos que se reunían para aprender Gestalt a través de la experiencia que implica la expresión de emociones, la conexión con el cuerpo y la aceptación de las diferencias. El eje de estos trabajos grupales se ubicaba, para Miguens, en elaborar los duelos, la violencia, la flexibilidad, el miedo y el odio. Se trataba de una labor de desmilitarizar a las personas, crear experimentos para percibir matices, refinar el darse cuenta para desmontar la visión jerárquica y disciplinaria del orden militar que impregnaba lo social. Desde esa posición, Miguens entiende que hacer Gestalt era un acto subversivo.

Silvia Fuentes (2014) concuerda con el papel preponderante en la difusión de la Terapia Gestalt en Argentina de Schnake. Valora también la experiencia de la psiquiatra chilena en la Clínica Psiquiátrica Universitaria, en la que había encontrado a través de la Gestalt una orientación acorde a su intención de mejorar la formación humanista de los médicos, y desarrollar alternativas terapéuticas adecuadas para la atención desde instituciones públicas como la referida.

En un artículo publicado se describen las experiencias de trabajo grupal en Terapia Gestalt en la ciudad de Córdoba desde el año 1982 hasta el momento de su realización. Los autores concluyen que en esa ciudad existe una gran diversidad en la práctica grupal gestáltica, que aborda un gran abanico de temáticas tratadas y se dirige a una amplia franja poblacional, para luego describir los diferentes estilos y los formatos de los dispositivos que encontraron en su relevamiento (Roso, Vergara Bianciotti, Vera y Furlán, 2012).

Myriam Guiter, una de las protagonistas de los inicios de la Terapia Gestalt en Argentina, fue invitada a escribir un artículo sobre el desarrollo de la disciplina en el país, en un volumen publicado de forma relativamente reciente en donde se describe la situación de esta escuela en distintos países del mundo (O’Leary, 2013). En ese capítulo, Guiter (2013) realiza una descripción sucinta del desarrollo de la Terapia Gestalt desde las experiencias iniciadas por Schnake en los laboratorios en Buenos Aires hasta el presente. Incluye en el material referencias a los desarrollos teóricos, de investigación y formación disciplinar.

En el mismo tomo, Huneeus (2013) se aboca a describir el proceso análogo en el vecino país de Chile, aunque con constantes referencias a la recepción e implantación de la Terapia Gestalt en Argentina, en la que él fue protagonista. El desarrollo de la disciplina en ambos países se encuentra íntimamente ligado, al menos en sus orígenes, no así en sus derroteros posteriores.

Conclusiones

 

                En este artículo se ha descrito de manera sintética, los antecedentes y el derrotero propio del devenir de la Terapia Gestalt, desde sus orígenes hasta los primeros registros de arribo y recepción de la disciplina a la Argentina.

                La complejidad del panorama local en el que se desplegó esta disciplina, con sus agitados vaivenes políticos e institucionales, han contribuido a tallar el desarrollo de la Terapia Gestalt en el contexto doméstico. Para poder comprender estrictamente sus procesos de recepción y desenvolvimiento, queda por analizar el modo en cómo empalmaron con el progreso de la disciplina psicológica en general en este país.

                Además, la Terapia Gestalt forma parte de un nutrido conjunto de disciplinas dedicadas al quehacer psicoterapéutico que no forman parte de la tradición hegemónica psicoanalítica presente en la historia del país que ha sido estudiada profunda y sistemáticamente. Aunque sus orígenes se remontan a un proceso de desprendimiento del Psicoanálisis, como se ha visto, por parte de su creador, Frederick Perls.

                Los indicios de su desarrollo, junto a otros abordajes considerados secundarios o alternativos en la progresión histórica disciplinar en el campo de la Salud Mental por encontrarse por fuera del campo psicoanalítico, pueden ser abordados como capítulos heterogéneos de una disputa por la visibilización en el ámbito de sus teorías y prácticas contrahegemónicas, que vienen dando muestra de gran vitalidad en las últimas décadas.

 

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