Número 3, Publicaciones

La entrevista psicodiagnóstica. Una cartografía posible

The psychodiagnostic interview

A possible cartography

 

Pablo Gastón Pallares

Especialización en Psicodiagnóstico

 Facultad de Psicología, UNR

 pallares.pablo@gmail.com

 

Resumen

 

El presente trabajo tiene por objeto describir cual es la importancia de la entrevista en el marco del proceso psicodiagnóstico. Para ello primeramente vamos a definir, que entendemos por proceso psicodiagnóstico, para luego poder ya profundizar acerca de la entrevista.

Un psicodiagnóstico consiste en el empleo de diversas técnicas que en su confluencia conforman una batería de test, que junto a la entrevista psicodiagnóstica servirán para obtener un diagnóstico, así como también un pronóstico para la dirección de un posible tratamiento.

La entrevista, entendida como una herramienta dinámica, soportada en un claro encuadre, proporciona las bases fundamentales para construir las primeras hipótesis de trabajo, pudiendo así plantear que batería vamos a utilizar en el resto del proceso psicodiagnóstico.

Se buscará concluir, enfatizando como, la estructuración de entrevista es parte de la configuración artesanal del oficio y rol como psicólogo, como así también, a partir de esto último, del estilo terapéutico que vaya configurando cada profesional.

Palabras claves: Psicodiagnóstico – Proceso – Entrevista – Cartografía.

Asbtract

The present work aims to describe the importance of the interview in the framework of the psychodiagnostic process. To do this, we are going to first define what we understand by psychodiagnostic process, to later be able to deepen about the interview.

A psychodiagnosis consists of the use of various techniques that at their confluence make up a battery of tests, which together with the psychodiagnostic interview will serve to obtain a diagnosis, as well as a prognosis for the direction of a possible treatment.

The interview, understood as a dynamic tool, supported in a clear frame, provides the fundamental bases to construct the first working hypotheses, thus being able to propose which battery we are going to use in the rest of the psychodiagnostic process.

It will seek to conclude, emphasizing how, the structuring of the interview is part of the craft configuration of the job and role as a psychologist, as well as, from the latter, of the therapeutic style that each professional is configuring.

Keywords: Psychodiagnosis – Process – Interview – Cartography.

 

 

Introducción

Partimos de un lugar nuevo, en lo que respecta a nuestra experiencia y experticia en el campo del psicodiagnóstico, ya que aún –atendiendo a los tiempos pandémicos- no hemos empezado a transitarlo, más que teóricamente. Motivo por el cual, nos vemos en la necesidad de inaugurar este camino, estableciendo un recorrido por nociones básicas ya trazadas por otros. Dejando así en claro, que de nuestra parte, no nos posicionaremos, desde una vasta experiencia, y mucho menos aún como expertos; pero si desde una posición ética sustentada en la clínica.

Las instancias que se realizan en un proceso psicodiagnóstico por lo general son el pre-contacto, la entrevista inicial, las entrevistas de administración de la batería y la entrevista de devolución.

En tal sentido, resulta práctico enmarcar a que refiere cada instancia. Empezando por el pre-contacto, que es donde comienza el proceso psicodiagnóstico. Es necesario registrar la modalidad del contacto, atendiendo si este es vía telefónica (llamada o mensaje), si es de parte del interesado o a pedido de parte, etc. Hay que estar atentos a como se expresa, los elementos no verbales que acompañan el pedido de consulta. Percibir si hay indicadores de algún tipo de emoción.

Antes de continuar, merece especial mención, el hecho de que – a raíz del contexto pandémico -, muchos de esos pre-contactos se configuran de maneras diversas, sea mensajería telefónica, por redes sociales, mails, etc. Lo cual en cierta medida configura otro escenario de lo que puede recabarse en tal sentido.

Luego damos paso a la entrevista inicial, suele recomendarse –independientemente del enfoque con el que se cuente- que al menos sean dos, por lo que, podríamos ubicar, que aunque el pedido responda a una iniciativa personal del sujeto, éste  – en la primera entrevista – suele llegar bastante “armadito”; lo podemos observar en su comportamiento durante la misma, en la actitud sostenida durante todo el encuentro; lo que producirá en el sujeto entrevistado un inter-juego entre el conflicto y las defensas, adoptando así el entrevistado, una modalidad de interacción con el psicólogo. Resumiendo entonces, diremos que en un primer encuentro las defensas suelen estar más reforzadas. Las mismas en un segundo encuentro, ya pueden verse interpeladas por el psicólogo contándose con la posibilidad de indagar un poco más si hubo alguna modificación en cuanto a la modalidad de pensarse del sujeto, en cuanto a la implicancia subjetiva del sujeto en cuanto a su sintomatología, su sufrimiento.

En relación a las entrevistas de administración de la batería, las mismas pueden estar conformadas por técnicas diversas. Es conveniente obviamente que el profesional conozca bien las mismas y las sepa analizar e interpretar. Atendiendo al sujeto que se va a entrevistar, es de vital importancia prestar atención al motivo de consulta, tanto al manifiesto como al latente.

Ya por último, la entrevista de devolución es con la que se culminará el proceso psicodiagnóstico. Aquí se llega ya a la instancia de informe.

Para poder avanzar en este trabajo, en lo que a psicodiagnóstico se refiere, vamos a valernos de dos desarrollos. Por un lado, vamos a tomar como referencia, el trabajo de Perez Lalli y Pozzi (2011) donde plantean que el mismo,  tiene como objetivo explicitar ciertas implicancias que supone para el psicólogo, abordar al psicodiagnóstico desde la perspectiva metodológica que conciba al psicodiagnóstico como un proceso de investigación de la subjetividad singular. En tal sentido, nos proponemos, en primera medida, establecer una cierta definición de que entendemos por psicodiagnóstico.

Definiremos al psicodiagnóstico en principio como una tarea de investigación. Dicho esto nos vemos llevados a identificar que vamos a secuenciar una serie de pasos que nos permitirán avanzar en nuestro proceso investigativo. Ahora bien, también podemos definir al psicodiagnóstico como una metodología de investigación. En tal sentido, estamos hablando de un valioso recurso de exploración del conocimiento de la personalidad global del sujeto, de su conducta o atributos específicos.

Toda metodología, dirán las autoras, implica un posicionamiento epistemológico, una cierta forma de concebir el mundo y una determinada noción de sujeto y del conocimiento (Perez Lalli y Pozzi, 2011). Un psicodiagnóstico consiste en el empleo de diversas técnicas que en su confluencia conforman una batería de test, que junto a la entrevista psicodiagnóstica servirán para obtener un diagnóstico, así como también un pronóstico para la dirección de un posible tratamiento.

Por otro lado, nos proponemos tomar el trabajo de Susana Sneiderman (2011) en donde, abocada a realizar un estudio aproximativo del status científico actual de los instrumentos proyectivos, va a plantear que el proceso de interpretación del resultado de una técnica proyectiva no debe ser una tarea individual, personal, y por sobre todo intransferible. Dicho proceso de interpretación debe poder llegar a ser comunicable y para ello debe poder explicar los pasos dados hasta llegar a ciertas conclusiones. De esto se desprende, el poder reconocer al psicodiagnóstico como un proceso.

Psicodiagnóstico como proceso

Sneidermann (2011) da cuenta de la importancia de volver operacional el proceso psicodiagnóstico cuando dice “es un hecho relevante para los profesionales del área del psicodiagnóstico, lograr que el proceso interpretativo de las técnicas aplicadas sea no solo asequible sino también transferible. Es por lo tanto importante volver operacional dicho proceso. Sabemos que la interpretación se trata de un proceso conceptual basado en observables, inferencias e hipótesis”. (Sneiderman, 2011: 97).

Con el psicodiagnóstico buscamos recabar, analizar, integrar e interpretar datos. Lo cual nos conducirá a la posibilidad de elaborar hipótesis diagnósticas. Los psicodiagnósticos siempre tienen un sesgo explicativo teórico, tratando de tomar algún sistema conceptual que le de cierta coherencia al fenómeno observado. Con lo que ha sucedido. Las hipótesis diagnósticas estarán fundadas en las inferencias que podamos realizar.

Si nos apegamos a una definición de diccionario, podremos resaltar que por inferencia, encontramos que es la capacidad racional – es decir que involucra el pensamiento – que tiene un individuo de obtener – por medio de una técnica específica – información o conclusiones que no han sido manifestadas de manera explícita, esta se puede dar de manera escrita, oral o en cualquier forma de comunicación.  Tal como sostiene Sneidermann (2011) las inferencias serían pues el nexo básico entre las respuestas de un test –es decir el observable- y las hipótesis.

En tal sentido, para ubicar el lugar de la inferencia, veremos lo que plantea Klimovsky (1997), en tanto sostiene que: “se emplea el término inferencia para designar a cualquier clase de razonamiento, incluso aquellos que son incorrectos. Hay por tanto inferencias válidas e inválidas”. (Klimovsky, 1997: 96).

Klimovsky (1997), en el marco del método científico, nos plantea la diferenciación entre el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación. Para luego agregar un tercer contexto, que es el de aplicación. Al referirse al contexto de descubrimiento, plantea que, es necesaria la producción de una hipótesis o una teoría, que va a entrar en relación con circunstancias psicológicas, sociológicas, políticas y hasta económicas o tecnológicas que pudiesen haber gravitado en la gestación o influído en su aparición. Siguiendo en esta clave, va a definir el contexto de justificación, sosteniendo que “aborda cuestiones de validación, cómo saber si el descubrimiento realizado es auténtico o no, si la creencia es verdadera o falsa, si una teoría es justificable, si las evidencias apoyan nuestras afirmaciones y si realmente se ha incrementado el conocimiento disponible”. (Klimovsky, 1997: 29). Por último nos resta, hablar acerca del contexto de aplicación, respecto del cual nos dice que, es en el que se discuten las aplicaciones del conocimiento científico, utilidad, su beneficio o perjuicio para la comunidad o la especie humana.

Resulta interesante pensar a la inferencia, en el marco de estos contextos, dado que, si involucramos el rol activo que tiene el investigador, podríamos pensar que a más experiencia tenga este, más capacidad de realizar buenas inferencias tendrá. En tal sentido, “la inferencia es por tanto lo más cercano a lo descriptivo y si se quiere a lo fenoménico, ya que luego las hipótesis se van complejizando y se pueden enlazar finalmente a lo metapsicológico y la teoría” (Sneiderman, 2011: 98).

En este sentido, volvemos a Perez Lalli y Pozzi (2011) cuando sostienen que “hemos llegado a preguntarnos por los procesos de génesis, construcción y validación de las inferencias diagnósticas al interior del proceso psicodiagnóstico en tanto investigación científica de la subjetividad singular”. (Perez Lalli y Pozzi, 2011: 109).

Hasta aquí, hemos podido desarrollar, un planteo, el cual se propone definir al psicodiagóstico como un proceso, en el cual, se van a elaborar hipótesis diagnósticas, las cuales serán producto en parte de los resultados que arrojen los instrumentos que se apliquen a tales fines, y así mismo, tendrán que ver con la práctica que tenga el psicodiagnosticador. Es decir, que la experiencia del psicodiagnosticador, se va a encontrar apoyada en la confiabilidad y validez de los instrumentos que utilice para aplicar al desarrollo del proceso psicodiagnóstico, pero así mismo, en parte, dependerá de su capacidad de poder construir buenas inferencias. Estas últimas, podemos arriesgar, que irán cualificándose en tanto el psicodiagnósticador pueda ir haciendo experiencia.

Al comienzo de este trabajo, planteamos que intentaríamos un recorrido teórico, dado que no contamos con experiencia suficiente en el campo, para contrastar con la teoría. Por lo que, un objetivo del presente trabajo, es el de elaborar ciertos supuestos teóricos, que contribuyan a exponer el conocimiento en esta materia. Es decir, que no podemos negar el valor de la experiencia, pero tampoco, podemos solo confiarnos en eso. Se requiere conocer y saber aplicar de manera correcta cada instrumento que utilicemos en el proceso.

Atendiendo que el fin de todo psicodiagnóstico es establecer y construir hipótesis que permitan arribar a un resultado buscado. Perez Lalli y Pozzi (2011) nos dirán que “las conclusiones diagnósticas no son afirmaciones irrefutables que han sido reveladas a través del proceso de exploración y evaluación psicológica. Son elaboraciones del profesional que han sido construidas con el uso de técnicas y por medio de un complejo proceso inferencial que ha tenido en cuenta constelaciones de observables iluminados con la teoría y la experiencia de quien los piensa”. (Perez Lalli y Pozzi, 2011: 111).

Resulta fundamental entonces, que podamos contextuar cada etapa del proceso psicodiagnóstico, y podamos evaluar luego en la integralidad del mismo. “Todo test es mudo, por fuera de la situación y el proceso”. (Perez Lalli y Pozzi, 2011: 111). Consideramos que esta última frase presenta una foto de lo que entendemos en este trabajo, por proceso psicodiagnóstico. Es decir, la consecución de una serie de pasos, que nos permitirán evaluar y aprontar conclusiones, las cuales no serán definitivas, a modo de pensarlas como permanentes, ya que son dinámicas, y responderán a un contexto particular, el cual no puede ser dejado por fuera de la evaluación conjunta.

Se vuelve necesario entonces, poder construir una referencia que pueda ser interpretada por otros, pudiendo llegar a iguales resultados con los elementos ofrecidos al informar. En tal sentido, la validación de los instrumentos es fundamental, como así también, la delimitación del marco teórico sobre el cual se sostiene el proceso evaluativo.

Llegados a este punto, en donde creemos haber dado, en términos generales, cuenta acerca de que entendemos por proceso psicodiagnóstico, podemos particularizar, en lo que consideramos como el instrumento fundamental, que da inicio al proceso en sí, ya que delineará el mapa, por intermedio del cual, iremos cartografiando nuestro hacer. Nos referimos específicamente a la entrevista psicodiagnóstica.

La entrevista en el proceso psicodiagnóstico: una cartografía en la experiencia del proceso

Al modo de quien se dispone a transitar un territorio inhóspito, el entrevistador, en el marco del proceso psicodiagnóstico, va co-construyendo en el hacer de la experiencia, una cartografía, con los datos que va obteniendo en ese recorrido. Estos datos, no están dispuestos tan sencillamente, sino que hay que adentrarse bien en lo profundo del territorio para pesquisarlos. Más de las veces, se requiere volver a pasar por sitios ya transitados, para contrastar si las marcas que fue trazando el entrevistador en ese recorte cartográfico, tienen cierta rigurosidad respecto de la disposición del territorio.

El arte de cartografiar, a partir del registro de la oralidad, las expresiones, el tono muscular, cada gesto, es bien del orden de lo artesanal. Es bien cierto, que a más cartografías realizadas, se va puliendo artesanalmente, el oficio del buen cartógrafo, para saber cuándo es momento de tomar nota y marcar el trazo, como así también reconocer cuando hay que dejar fluir al entrevistado en el camino que va desandando.

Nos apoyamos en Menin (1997) en cuanto plantea que el oficio del psicólogo es artesanal; y vamos un poco más allá y sostenemos que ese trayecto de lo artesanal, es registrado al modo de una cartografía. Y el instrumento por excelencia que da inicio a esa tarea, es la entrevista.

Aquellos entendidos en la materia, sostienen y defienden la idea, de que el territorio se emplace y se transite, atendiendo a las variables que nos va ofreciendo el  entrevistado. Claro está, que no podemos únicamente descansar en eso, y para volver el asunto posible, es que debemos emplazar desde el comienzo, las coordenadas que guiarán y sostendrán el viaje. La delimitación de los roles es fundamental, e inaugural en tal asunto; razón más que suficiente, para implicarnos desde el comienzo en dicha tarea. Así también esclarecer los alcances de la tarea, pautar los encuentros necesarios, y definir las coordenadas precisas de tiempo y espacio para los mismos, así como también, por último, pero no menos importante, definir claramente por quien correrán los gastos de tamaña travesía.

Esta travesía que inicia y termina, una vez alcanzado el objetivo inicial propuesto, puede derivar en dar paso a otra cosa, y por tal, entrevistador y entrevistado, ya no vuelvan a verse las caras, como así también, puede haber significado el comienzo de una relación que perdure en el tiempo, en la cual, algunas coordenadas se mantendrán estables, y otras irán cambiando según lo requieran los recorridos dispuestos. Sea cual fuere el destino de esa relación, tanto para el entrevistado, como para el entrevistador, algo ya cambio, producto de esa relación, sostenida esta desde la propia complejidad, operando recursivamente.

Apelando a entender que en cada profesional se configura un estilo de trabajo, es que en las líneas precedentes, me deje llevar por el recurso literario, para dar cuenta, en suma, del valor fundamental e instrumental que tiene la entrevista para el proceso psicodiagnóstico, así como también para el posterior tratamiento clínico.

La entrevista, entendida como una herramienta dinámica, soportada en un claro encuadre, ofrece soportes fundamentales para construir las primeras hipótesis de trabajo, las cuales nos darán pautas claras de donde nos hallamos parados, pudiendo así plantear que batería vamos a utilizar y como pensaremos e instrumentaremos los encuentros. En base a estas pautas, es que podremos hacernos de una idea de cómo se encuentra configurado ese sujeto, intentaremos trascender el motivo manifiesto de consulta, para entrever cual es el motivo latente, como así también, nos haremos una idea de cómo operan sus defensas, que rasgos predominan, su manera de afrontar los conflictos, etc. Una buena entrevista, se ofrece como un capital invaluable para el terapeuta, un soporte de varios aspectos del sujeto, que se irán interrogando en el correr del análisis clínico, en donde, se contrastarán las hipótesis diagnósticas y se irán tejiendo las intervenciones. Lograr un buen rapport es fundamental. Así como también atender a los procesos transferenciales que se suceden.

A modo de conclusión

Definimos al psicodiagnóstico como un proceso. En el cual tenemos sostenemos que las técnicas aplicadas son no solo asequibles sino que además son transferibles. Con el psicodiagnóstico buscamos recabar, analizar, integrar e interpretar datos. Lo cual nos conducirá a la posibilidad de elaborar hipótesis diagnósticas. Estas hipótesis diagnósticas, estarán fundadas en las inferencias que podamos realizar. En tal sentido, nos resulta fundamental que nuestros modelos de inferencias deban estar fundados y sostenidos en modelos epistemológicos claros. Por tal razón, es que contextuar el proceso psicodiagnóstico será un requisito clave. Ya que garantizará el buen desarrollo del proceso.

La experiencia del psicodiagnosticador, se conformará por su capacidad de poder construir buenas inferencias, las cuales  se van a encontrar apoyadas en la confiabilidad y validez de los instrumentos que utilice para aplicar al desarrollo del proceso psicodiagnóstico. Es decir, que no podemos negar el valor de la experiencia, pero tampoco, podemos solo confiarnos en eso. Se requiere conocer y saber aplicar de manera correcta cada instrumento que utilicemos en el proceso psicodiagnóstico.

Y en todo este proceso ubicamos como inaugural y sumamente importante, el lugar de la entrevista. A todo lo ya expuesto, podemos plantear como una viñeta necesaria e importante, que suele estar presente la tensión entre analizar e intervenir o no en el desarrollo de la primera entrevista. Este aspecto, es a mi humilde entender, crucial a seguir interrogándolo clínicamente. Considero que va a formar parte, de la configuración artesanal del oficio y rol como psicólogo, como así también, a partir de esto último, del estilo que vaya configurando cada profesional y la experiencia de viaje con la que cuente. El intervenir no es cualquier acto, es sumamente complejo, como así también, un elemento fundante del hacer clínico.

 

Bibliografía

Bleger. J. (1991).  La entrevista psicológica En Temas de psicología (Entrevista y grupos). Buenos Aires: Nueva Visión.

Celener. G. (2006). Técnicas Proyectivas. Tomo I. Buenos Aires: Lugar Editorial.

Celener. G. (2006). Técnicas Proyectivas. Tomo II. Buenos Aires: Lugar Editorial.

Klimovsky. G. (1997). Las desventuras del conocimiento científico. Bs As: A-Z Editora S.A.

Menin, O. y Bloj, A. (1997). Problemas de Aprendizaje ¿Que prevención es posible? Rosario: Homo Sapiens.

Perez Lalli, M y Pozzi, R. (2011). El Psicodiagnóstico como proceso de investigación. Reflexiones epistemo-metodológicas. En Perspectivas en Psicología, Vol. 8, Noviembre. (pp. 108 – 112)

Sneidermann. S. (2011). Consideraciones acerca de la confiabilidad y validez en las técnicas proyectivas. En Subjetividad y Procesos Cognitivos, Vol. 15, Nº 2.

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