Número 3, Publicaciones

Reacción terapéutica negativa no sin pulsión de muerte; análisis no sin deseo

Negative therapeutic reaction not without death drive; analysis not without drive

  

 

Camila Simonit

Alumna de la Maestría en psicoanálisis. Docente de Psicoanálisis II- Facultad de psicología UNR.   cpsimonit_snm @hotmail.com

Resumen:

El presente trabajo conlleva un recorrido que alimentándose de una obra literaria “Las penas del joven Werther” de Johann Wolfgang Von Goethe, intentará dar cuenta de cómo los artistas nos preceden. Pues dicha obra permitirá ser faro para un recorrido que, partiendo del encuentro entre dos discursos, interrogará la melancolía, en relación al antes y el después de la formulación freudiana de la pulsión de muerte. La relación de esta última con el narcisismo, con el superyó y la reacción terapéutica negativa. Teniendo siempre presente la diferencia respecto a la pérdida en el duelo y la melancolía. Pérdida que estará en estrecha relación con la producción del artista y el acto analítico.

Palabras claves: Literatura, Psicoanálisis, Melancolía, pulsión de muerte, reacción terapéutica negativa.

Abstract:

The following work comprises a synopsis gaining its rudiments from a literary work “the Sorrows of Young Werther” by Johann Wolfgang Von Goethe, will attempt to explain how the writer precedes us. Said literary work is used as a beacon for a route starting off with the encounter between two discourses, examining the melancholy, in relation to the before and the after of the death drive. Ending with the relation between narcissism, the superego and the negative therapeutic reaction. Always keeping mind the different respects of loss in pain and melancholy. Loss that will be in a narrow relationship between the becoming of the writer and the analytical act.

Key Words: Literary,psychoanalytic,melancholy, death drive, negative therapeutic

 

 

“Tristes guerras si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

Tristes armas si no son las palabras”

Miguel Hernández

Tomando como punto de partida el trenzado (existente desde los comienzos del discurso inaugurado por Sigmund Freud) entre literatura y psicoanálisis, se tomará para este escrito como disparador inicial la temprana novela de Johan Wolfgang Von Goethe titulada “Las penas del joven Werther”, para dirigirnos desde allí a la melancolía; la cual nos abrirá las puertas que conducen a la pulsión de muerte, cuya aparición constituyó un antes y un después en los desarrollos psicoanalíticos. La reacción terapéutica negativa será testigo y partícipe de ello.

A la hora de trabajar el lazo entre la literatura y el psicoanálisis, un concepto se vuelve relevante; el concepto de sublimación, el cual no deja constituir un problema. Al respecto de ello, en el Seminario “La Ética del Psicoanálisis” Jacques Lacan subrayara desde sus comienzos el carácter problemático de la sublimación. Hay en ella cierta oscuridad y misterio; sin más un capítulo perdido da cuenta de ello. Esa oscuridad nos conduce a pensarla como derivación, tal vez, de una de las premisas básicas a la hora de abordarla; nos referimos a dar cuenta de ella como un destino de la pulsión. Podemos entonces pensar en parte esta oscuridad como heredera de aquella que Freud nos mencionó en “Pulsiones y destinos de Pulsión”: “Un concepto básico convencional de esa índole, por ahora bastante oscuro, pero del cual en psicología no podemos prescindir, es el de la pulsión”  (Freud, 1992:111); años después reafirma esto en “Más allá del principio de placer” aludiendo a la pulsión como “(…) el elemento más importante y oscuro de la investigación psicoanalítica”. (Freud, 1992:34)

Este problema no solo lo encontramos desde el punto de vista metapsicológico. En tanto la relacionamos con la producción artística, en todas sus vetas, también constituye un problema. La interrogación sobre el artista lo es, estamos tentados a llevar el psicoanálisis a las obras. Uno de los faros para no caer en ese error tentador, es tener presente con nuestros maestros que los artistas se nos adelantan. Lacan nos dirá en su Escrito dedicado a Marguerite Duras:

“Pienso que, incluso si Marguerite Duras me hace escuchar de su propia boca que no sabe en toda su obra de dónde le viene Lol, y aunque yo pudiera entreverlo por lo que me dice en la frase siguiente, la única ventaja que un psicoanalista tiene derecho de sacar de su posición, aun cuando esta le fuera pues reconocida como tal, es la de recordar con Freud que en su materia, el artista siempre lo precede, y que no tiene por qué hacerse entonces el psicólogo allí donde el artista le abre el camino. Esto es precisamente lo que reconozco en el arrobamiento de Lol V. Stein, en el que Marguerite Duras revela saber sin mí lo que yo enseño.”  (Lacan, 2012:211)

Estamos advertidos de las dificultades que implica el psicoanálisis aplicado. En este sentido Lacan es muy claro al considerar que “El psicoanálisis solo se aplica, en sentido propio, como tratamiento y, por lo tanto, a un sujeto que habla y oye.”  (Lacan, 2014:711)

“Las penas del joven Werther” constituye una prueba de este adelanto por parte de los artistas. Es que Goethe parece también como Marguerite, saber sin Freud y sin Lacan lo que ellos nos enseñan. En este sentido se puede leer como el escritor alemán a través de la pluma de su joven personaje da cuenta poéticamente de la melancolía; partiendo ya desde su título nos encontramos con el penar del personaje, el cual se presenta habitando un mundo de malaventuranza y penumbra, presentando la escolástica del amor cortés, haciéndose correspondiente de un amor desgraciado. Fechada en 1774, esta obra, nos muestra como aproximadamente cinco siglos después de su surgimiento en Alemania, los efectos de los ideales del amor cortés (tal y cual son trabajados por Lacan en el Seminario sobre la Ética) continuaron.

De esta forma Goethe nos relata las desventuras de un devoto enamorado cuyo objeto de fascinación tiene las características de un objeto prohibido e inaccesible. Por medio de cartas enviadas a su confidente y amigo Wilhem, nuestro personaje nos relata cómo sus días transcurren desde la dicha a la desdicha; culminando en el suicidio del personaje.

De esta forma, a través de las cartas del personaje, Goethe nos deja leer en sus letras lo que podemos llamar un amor en souffrance.

El suicidio de Werther nos conduce directamente a lo planteado por Freud en “Duelo y melancolía” donde podemos ver en ambas afecciones una falta de interés por el exterior en todo lo que no concierne al objeto perdido, entre otras similitudes que remarca. Ahora bien, cabe subrayar, que Freud mencionara como un elemento fundamental a la hora de diferenciarlas, la lupa que constituye el rebajamiento del sentimiento de sí y la ausencia del factor de la vergüenza en el melancólico.

Llegado a este punto, una salvedad se nos hace necesaria: Goethe, según datos históricos, escribió las penas de este joven enamorado, sobrecogido por un desengaño amoroso similar al de su personaje. El autor lleva parte de su historia personal a la escritura de esta novela, que algunos consideran de génesis biográfica.  Juan Pedre Eckermann, quien puede considerarse un discípulo de nuestro autor de referencia, en “Conversaciones con Goethe” escribe:

“La conversación vino a parar al Werther. «Es una criatura- dijo Goethe- que, como el pelícano, he alimentado con la sangre de mi corazón. Hay en el cantidad suficiente de vida interior, de mi propio pecho (…) ¡Es un libro lleno de materias explosivas! Me produce una sensación penosa y temo volver a ser presa del estado patológico que lo produjo».” (Eckermann, 1920: 47)

En este punto dicha pieza de la literatura universal nos permitirá preguntarnos: ¿Podríamos pensar a Werther como un paradigma para estudiar a la melancolía, y así mismo su autor podría servirnos como “caballito de batalla”, suponiendo que los datos históricos sean certeros, para pensar al duelo?

De manera bella Goethe hace de su personaje un melancólico que nos muestra como la sombra del objeto cae sobre el yo: “Se ha alzado algo así como un telón frente a mi alma» (Goethe, 2015:51).Prosigue luego, freudianamente antes incluso que Freud, recordándonos que el complejo melancólico se conduce como una herida abierta, «y el escenario de la vida infinita se ha transformado ante mí en el abismo de la sepultura eternamente abierta» (Goethe, 2015:53)

Ahora bien, al respecto del suicidio, cinco años antes de escribir “Duelo y melancolía”, Freud ya había hecho alusión a esta última afección para abordar el acto suicida; así podemos leer:

 “Tengo la impresión de que a pesar del valioso material aquí presentado no hemos llegado a una conclusión acerca del problema que nos interesa. Sobre todo, queríamos saber cómo es posible que llegue a superarse la pulsión de vivir, de intensidad tan extraordinaria; si sólo puede acontecer con auxilio de la libido desengañada, o bien existe una renuncia del yo a su afirmación por motivos estrictamente yoicos. Acaso la respuesta a esta pregunta psicológica nos resultó inalcanzable porque no disponíamos de un buen acceso a ella. Creo que aquí sólo es posible partir del estado de la melancolía, con el que la clínica nos ha familiarizado, y su comparación con el afecto del duelo. Ahora bien, ignoramos por completo los procesos en la melancolía, los destinos de la libido en ese estado, y tampoco hemos logrado comprender todavía psicoanalíticamente el afecto duradero del penar en el duelo. Pospongamos entonces nuestro juicio hasta que la experiencia haya resuelto esta tarea.”  (Freud, 1992:232)

Contextualizando los decires, de 1910, de Freud en torno al suicidio cabe mencionar que aún no había introducido un elemento fundamental a la hora de abordar la problemática. En este punto debemos destacar lo ocurrido a partir de 1920 con la introducción, a través de “Más allá del principio del placer”, de la pulsión de muerte, resaltando este texto como una bisagra para la segunda tópica freudiana. En 1923 con “El yo y el ello” nos encontraremos cuestiones trabajadas en “Más allá del principio del placer”, volcadas esta vez más hacia a la clínica. Esto es advertido por Freud en el prólogo del escrito inaugural del “superyó”:

“Las siguientes elucidaciones retoman ilaciones de pensamiento iniciadas en mi escrito Más allá del principio de placer (1920), y frente a las cuales mi actitud personal fue, como ahí se consigna, la de una cierta curiosidad benévola. Recogen, pues, esos pensamientos, los enlazan con diversos hechos de la observación analítica, procuran deducir nuevas conclusiones de esta reunión, pero no toman nuevos préstamos de la biología y por eso se sitúan más próximas al psicoanálisis que aquella obra.”  (Freud, 1992:13)

Y precisamente lo trabajado allí clínicamente resalta a la neurosis obsesiva y a la melancolía, donde se destacan el factor del sentimiento de culpa y lo tanático con su sello en lo moral:

“En dos afecciones que nos resultan ya familiares, el sentimiento de culpa es consciente{notorio} de manera hipertensa”  (Freud, 1992:51)

Siendo la melancolía una afección narcisista (recordemos en este punto las cuestiones respecto a ello subrayadas ya en el texto de 1915: la elección de objeto sobre una base narcisista, la identificación narcisista con el objeto, y la regresión desde la elección narcisista de objeto hasta el narcisismo) nos permite reflexionar sobre aquella formulación que Lacan emite en el Seminario “La Ética del Psicoanálisis”: “(…) Zur Einführung des Narzissmus, que es no sólo la introducción del narcisismo, sino la introducción a la segunda tópica.”  (Lacan, 2015:118)

Y es que justamente la melancolía se podría pensar como esencial a la hora de abordar la segunda tópica freudiana. Por lo tanto se nos presenta un trenzado existente entre melancolía, narcisismo y pulsión de muerte.

Leemos en “Neurosis y psicosis”:

“En todas las formas de enfermedad psíquica debería tomarse en cuenta la conducta del superyó, cosa que no se ha hecho todavía. Empero, podemos postular provisionalmente la existencia de afecciones en cuya base se encuentre un conflicto entre el yo y el superyó. El análisis nos da cierto derecho a suponer que la melancolía es un paradigma de este grupo, por lo cual reclamaríamos para esas perturbaciones el nombre de «psiconeurosis narcisistas».” (Freud, 1992:158)

En relación a ello es fundamental destacar como en “El yo y el ello”, melancolía mediante, Freud hallará que el carácter hiperintenso del superyó que hace que se vuelque sin misericordia sobre el yo se debe al hecho de que “lo que ahora gobierna en el superyó es como un cultivo puro de la pulsión de muerte, que a menudo logra efectivamente empujar al yo a la muerte.”  (Freud, 1992:54)

Ambos, pulsión de muerte y superyó, permitirán dar otra vuelta no solo a la melancolía sino a la cuestión del suicidio en sí, y a toda la clínica en general. Con ellos, también, mezcla y desmezcla pulsional pasarán a ser elementales para pensar este fenómeno.

Llegado a este punto podemos sumar a nuestro recorrido que compete al suicidio y a la melancolía lo mencionado por Lacan en el Seminario “Las Formaciones del Inconsciente”. Allí dirá que en el carácter específico de la reacción terapéutica negativa se encuentra “aquella tendencia irresistible al suicidio”, que nos permite ver en las resistencias con la que en el análisis nos podemos encontrar, sujetos que podrían entrar en la cuenta de niños que no fueron deseados. Siendo que más cerca están de aquello que los implica en su historia de sujetos, se rehusarían entonces cada vez más a entrar en ella. No aceptando la entrada al juego, queriendo salir de él; no queriendo saber nada de la cadena significante en la que fueron admitidos por su madre, pero a disgusto, es decir, sin deseo. Lo cual nos muestra a los analistas que el deseo se articula, en este y en otros casos, al reconocimiento de un deseo, nos dirá Lacan. “El significante es su dimensión esencial. Cuanto más se afirma el sujeto con ayuda del significante como queriendo salir de la cadena significante, más se mete en ella y en ella se integra más se convierte él mismo en un signo de dicha cadena. Si la anula se hace él más signo que nunca. Y esto por una simple razón – precisamente, tan pronto el sujeto está muerto se convierte para los otros en un signo eterno, y los suicidas más que el resto. Por eso, ciertamente, el suicidio posee una belleza horrenda que lleva a los hombres a condenarlo de forma tan terrible, y también una belleza contagiosa que da lugar a esas epidemias de suicidio de lo más reales en la experiencia.”  (Lacan, 2000:253)

Este párrafo nos permite poner en relación al suicidio con niños no deseados, el lugar de la cadena significante, la melancolía y la reacción terapéutica negativa. Llevándonos del mismo modo a pensar lo que Lacan en el Seminario sobre la Ética, rescata cuando hace referencia al hecho de que en Freud el campo de das Ding  encuentra una paradoja donde se encuentra un plano de buena y mala voluntad (“aquello que en la vida puede preferir la muerte”), y dentro de esta última, precisamente, ubicara a la reacción terapéutica negativa. Lo que nos permite enlazar la cita del Seminario del 57/58 con esta última referencia del Seminario del 59/60, la encontramos también en este último cuando Lacan dice que “La Cosa es aquello que de lo real padece de esa relación fundamental, inicial, que compromete al sujeto en las vías del significante” (Lacan, 2015:169). En los últimos dos encuentros del Seminario de la Ética, retomara la reacción terapéutica negativa, dando cuenta de ella como aquello que muestra que tan poco segura es para nuestra experiencia la benevolencia; allí mismo a la reacción terapéutica la llamara “maldición asumida” poniéndola en relación al me phynai (“antes bien no ser”) de Edipo y el coro. Lo cual nos conduce nuevamente al escrito freudiano de 1923; siendo también la reacción terapéutica negativa uno de los hechos clínicos que le permitirán enlazar a Freud lo desarrollado en “Mas allá del principio del placer” con el “El yo y el ello”. Así con la introducción de la pulsión de muerte adquirirán relevancia las relaciones existentes entre sentimiento de culpa, factor hipermoral tanático, masoquismo, necesidad de castigo (concepción abordada en “El problema económico del masoquismo” a través justamente del masoquismo moral) y reacción terapéutica negativa. “Nos inquieta la RTN porque está instalada en el corazón de la pulsión de muerte.”  (Baños, 2012:35).

La reacción terapéutica negativa se nos presenta como un gran obstáculo en el análisis, el más poderoso, nos dirá Freud: “(…) la energía de tales impulsos constituye una de las más graves resistencias del sujeto y el máximo peligro para el buen resultado de nuestros propósitos médicos o pedagógicos. La satisfacción de este sentimiento inconsciente de culpabilidad es quizá la posición más fuerte de la “ventaja de la enfermedad” o sea de la suma de energías que se rebela contra la curación y no quiere abandonar la enfermedad. Los padecimientos que la neurosis trae consigo constituyen precisamente el factor que da a esa enfermedad un alto valor para la tendencia masoquista”  (Freud, 2013:1923)

Con “El problema económico del masoquismo”, como resaltamos más arriba, Freud dirá que prefiere hablar de “necesidad de castigo” más que de sentimiento inconsciente de culpa. Traigamos a colación en este punto un párrafo que podemos leer en “Dificultades de la práctica del psicoanálisis”:

“Esta concepción freudiana podría ceñir la RTN si tenemos en cuenta que no se trata especialmente del sentimiento de culpa sino de la necesidad de castigo masoquista, que intenta borrar la culpa con el sacrificio del sujeto no del objeto. Es decir, se trata de un triunfo del superyó cuyo mandato es “goza”, e impone el sacrificio del sujeto, no en el sentido fálico de la pérdida del objeto sino como caída del sujeto (ahí es donde se aproxima a la melancolía). Son los casos cuando el sujeto prefiere perder a todo antes de renunciar a algo.”  (Steinberg, 2012:36)

Más arriba hicimos mención a la estrecha relación entre melancolía y narcisismo. Y como ello nos permite dar cuenta de lo considerado por lacan en el Seminario sobre la Ética, a saber, que la introducción del narcisismo es la introducción a la segunda tópica. Nos encontramos ahora con otro hecho que nos permite reflexionar sobre aquella cuestión que enlaza narcisismo y pulsión de muerte, y es la reacción terapéutica negativa. Leemos en el Escrito “La agresividad en psicoanálisis”:

“(…) Decisivo para entrar en esa “reacción terapéutica negativa” que retuvo la atención de Freud-bajo la forma de esa J”esistencia del amor propio, para tomar este término en toda la profundidad que le dio La Rocheloucauld que a menudo se confiesa así: «No puedo aceptar el pensamiento de ser liberado por otro que por mí mismo»”. (Lacan, 2014:111)

Retomando lo considerado en el Seminario “Las Formaciones del Inconsciente”, en relación al acto suicida, podemos observar cómo se refiere a este último a través de la expresión de “belleza contagiosa” haciendo alusión a las epidemias de suicidios; lo cual nos hace volver otra vez a la pieza literaria con la cual comenzamos este trabajo. “Las penas del Joven Werther” se convirtió en una obra muy concurrida entre los jóvenes de aquella época, imponiendo incluso un estilo que seguía los parámetros estéticos del personaje. La moda Werther no se detiene en las prendas de este joven, sino que tuvo lugar un suceso, que concierne a modalidades de la vida anímica que son las más oscuras. Luego de que la obra adquiriera tal popularidad, tuvieron lugar entre los jóvenes lectores, alrededor de 40 suicidios similares a los de Werther. Ahora bien a la hora de interrogarlos es necesario tener en cuenta que cada uno de ellos conlleva la impronta de enigmas. Es necesario apelar al caso por caso, y no caer en las estadísticas y generalizaciones que estos hechos ocurridos en masa suelen acarrear. Se vuelve preciso no olvidar la singularidad de cada caso. Lo cual constituye en este punto un límite para la aplicación del psicoanálisis, similar al que mencionamos en relación al arte. Un límite no moral sino ético. La ética del psicoanálisis da cuenta de que hay un deseo implicado en el analista, un deseo más fuerte dirá Lacan en el Seminario “La transferencia”. Esta ética no tiene que ver con otra cosa más que con todo lo que concierne al deseo; lo moral con lo superyoico y tanático. Ahora bien moral y ética constituyen un punto más para pensar la clínica diferencial entre el duelo y la melancolía. En el duelo está admitida la pérdida y la falta, por lo tanto tendrá lugar el deseo. En la melancolía esa pérdida no tendría lugar, nos encontramos con “el dolor estanco (goce mortífero)”  (Baños, 2012:44), “La pesadez corporal de la melancolía, como dice Lacan es producto del dolor de existir en estado puro, sin articulación con el deseo” (Baños, 2012:50). La ética tiene que ver con aquello que Lacan enuncia en el Seminario de 1959-1960: “Propongo que de la única cosa que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica, es de haber cedido en su deseo” (Lacan, 2015:390). Por lo tanto podríamos pensar al duelo desde el punto de vista ético y a la melancolía desde el punto de vista moral con las implicaciones tanáticas que eso conlleva. Llevando esto a nuestra práctica analítica resaltemos lo mencionado en “Dificultades de la práctica del psicoanálisis”: “La ética sería precisamente el «juicio de nuestra acción», para diferenciarla de la moral, que lleva a «esperar sentados» por nuestros deseos”. (Baños, 2012:116) Por lo tanto el análisis, cuyo pivote es el deseo, estaría en estrecha relación con el duelo; ¿después de todo cómo pensar un análisis y un fin de análisis sin duelos intervinientes?

Bibliografía:

Jaques Lacan: Seminario V: Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paidós, 2000.

Jacques Lacan: Seminario VII La ética del psicoanálisis, clase VII, 1ª ed. 14ª reimp., Bs As, Paidós, 2015

Jaques Lacan, La agresividad en psicoanálisis en escritos 1; Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editpes, 2014.

Jacques Lacan: “Homenaje a Marguerite Duras, por el arrobamiento del Lol V. Stein” en Otros escritos, 1° ed. 1a reimp., Bs As, Paidós, 2012.

Jacques Lacan: “Juventud de Gide, o la letra y el deseo” en Escritos 2, 1ª ed. (especial), Bs As, Siglo XXI, 2014

Johann Wolfgang von Goethe, Las penas del joven Werther. Madrid; Editorial Gredos, 2015.

Juan Pedre Eckermann, conversaciones con Goethe. Madrid; Editorial C.A.L.PE,1920. Sigmund Freud; “Contribuciones para un debate sobre el suicidio” , Vol. XI, Buenos Aires, Amorrortu

Liliana Baños, Isabel Steinberg; “Dificultades de la práctica del psicoanálisis”; Rosario: Homo Sapiens Ediciones, 2012.

Sigmund Freud: “Pulsiones y destinos de pulsión”, en Obras Completas, 4° ed., Bs As, Amorrortu editores, 1992, vol. XIV.

Sigmund Freud: “Duelo y melancolía” en Obras completas: volumen 15.- 1ª ed; Bs As: Siglo Veintiuno Editores, 2013.

Sigmund Freud: “Más allá del principio de placer” en Obras Completas, 4° ed., Bs As, Amorrortu editores, 1992, vol. XVIII

Sigmund Freud; “ El yo y el ello”, Vol. XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1992

Sigmund Freud;¿Porque la guerra? Vol.XXII, Buenos Aires, Amorrortu, 1998 Pág. 193 Sigmund Freud; El problema económico del masoquismo; en Obras completas, Vol.XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1992

Sigmund Freud- Lou Andreas Salome- correspondencia”; compiladas por Ernst Pfeiffer; 1966- México: Siglo veintiuno editores; p. 164

Sigmund Freud; “Neurosis y psicosis” en Obras completas, Vol.XIX, Buenos Aires, Amorrortu, 1992.

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