Número 3, Publicaciones

Fusilli

Ubeira Joel

Argentino

Título: Psicólogo

Posgrado de referencia: Maestría en psicoanálisis

Institución: Facultad de Psicología – Universidad Nacional de Rosario

Correo electrónico: jcu_8@hotmail.com

 

Resumen: Este texto es contractual. Se ocupa del modo de tratar analítico en la práctica, el paciente y el analista; lo que se transfiere y sus reverberaciones eróticas ¿Quién transfiere con quién? ¿Telépata uno y otro? La actualidad del movimiento analítico deliberadamente fetichiza la expresión “deseo del analista” que puesta en boca de los “lacanos” de bureau hace olvidar la contratransferencia, al dejarse recorrer por ella este texto es contra la actualidad del movimiento analítico.

Palabras clave: Práctica analítica – Transferencia – Contratransferencia – Telepatía – Movimiento psicoanalítico

 

Abstract: This is a contractual text. It is concerned with the way in which the analytical style has an effect on the practice, the patient and the analyst, as well as with what is transferred and its erotical reverberations. Who transfers with whom? Is it a telepathist one of them? Is it a telepathist the other? In actual fact , the relevancy of the analytical movement deliberately leans to fetishization the statement “ analyst’s desire”, which spreading by word of mouth among the bureau of lacanos, makes countertransference be forgotten. Since this text lets countertransference slides among its paths, it goes against the present of the analytical movement.

Key words: Analytical practice – Transference – Countertransference- Telepathy- Analytical movemen

 

No me lo puedo ni creer, me está mirando fijamente. Telepatía de mujer que me parte en dos.

(La vida empieza hoy. Sergio Dalma)

Erguir el extremo norte del cuerpo de manera repentina se asemeja sin coincidir palmo a palmo con la salida de levante que se procuraba Roland Barthes mientras leía. Entre él y yo hay una diferencia, una búsqueda del “a punto” acentuada por el objeto que nos mueve, la ubico. Mis salidas no persiguen el olor, la textura ni el gusto de/por anatomías masculinas de mancebos en transición hacia la adultez como lo hiciera aquel en su excursión incidental por suelo marroquí o en sus veladas parisinas. En mi caso, la desolación se atribuye el modelado de las facciones de la página en blanco mientras la contrariedad toma a su cargo la interpretación de cada curva del gesto. Así la dificultad, el artículo es de mujer y hay que respetarlo sin lisonjas para con la invención demográfica en materia ortográfica de actualidad, por la lengua pasa la diferencia sexual. La dificultad entonces ha sido el motivo en torno al cual se planificaron y llevaron a cabo algunas reuniones en el ámbito de la maestría en psicoanálisis antes de la primavera de este año.

Con ánimo de despojar a estas letras de esa palidez inicial propia de los textos pretendidamente psicoanalíticos aparecidos en el último tiempo comencemos postulando la existencia de una comunicación súcuba entre el espacio de trabajo antes referido de un lado de la línea – emisor o receptor se verá luego – y lo originario y lo primario, deslindes nombrados por la identificación desde su posición de margen inquisitivo en la metapsicología[1], del otro. Los compromisos cotidianos que acechan al analista supuesto, desde y en su puesto, ameritan la llamada telefónica mantenida entre ambos.

¿Qué se entiende por contratiempo intrínseco a la práctica analítica? ¿Quién transfiere? ¿Con quién se transfiere? ¿Qué se transfiere? ¿Contratransferencia? ¿Transferencia de pensamiento? Queda sentado a través de la formulación de tales interrogantes el recorrido a realizar en lo sucesivo acudiendo cuando se considere oportuno a la obra de Sigmund Freud, el seminario y quizás algún que otro escrito vocalizado y firmado por Jacques Lacan respectivamente, así como también hemos de reservar espacio suficiente para los aportes acercados por diversos analistas al respecto.

Traspasar el umbral que supone el comienzo de un análisis conlleva para quienes se encuentran involucrados en el mismo formar parte de una situación cifrada de continuo por el amor. Dora ya no concurre más al consultorio con Freud, la fluidez con la que se producían las asociaciones de la paciente ha conspirado contra él al obturarle el discernimiento del lugar compartido con el señor K en el que había sido y continuaría siendo situado por la paciente durante el tratamiento. Si las carillas finales del historial nos proveen la noción de transferencia en términos de reediciones cuya particularidad estriba en que el analista tenga en ellas el sitio ocupado de ordinario por miembros de la novela familiar de los pacientes no sería ocioso indagar los factores que hacen posible esta cuestión. Apenas en las primeras líneas correspondientes a “Sobre la dinámica de la transferencia” Freud hace mención a un dispositivo fotográfico, arrojado como saldo de la “asociación ilícita” entre lo innato y las alteraciones producidas por el mundo exterior, cuya reiteración en la satisfacción pulsional será habilitada o denegada por el objeto. Lícito es considerar entonces el carácter por entero parcial de la satisfacción como desencadenante de la mudanza de las representaciones expectativa desairadas hacia el analista.

Ese fragmento variopinto de tela seccionado a la vez que sostenido por delgadas varillas que permiten el tempo pliegue – despliegue persiguiendo cotidianamente el propósito de aportar un suplemento de aire, en lo atinente al amor en la transferencia comprende desde las mociones tiernas hasta la inconmovible solicitud, por parte de la enamorada, de correspondencia respecto a ese sentimiento genuino dirigido al partenaire en la escena analítica. Usted, si sí usted, al otro lado del escrito puede preguntarse ¿acaso no se trataba de dos? En efecto, de la contraparte se espera se ejercite en una privación activa pues no ha de hacer pesar sobre ese amor el filo de la desestimación como si se tratara de un desenlace consecutivo a un intento erótico malogrado fuera del análisis a la vez que asumir la pendiente por la cual se ubica en posición análoga a la de Miguel Ángel esculpiendo a su  paciente – Moisés[2] dotándolo de una postura entre sedente, irreverente y conservador por encargo de su santidad. El ideal del analista no ha de concebirse viable en tanto nuevo canal por el que discurra el tratamiento[3].

Propongo a la continuidad de este escrito consultarle a “Freud atormentado” si nos puede ilustrar respecto a lo tratado hasta el momento. Ella, EH son sus iniciales, no es miembro del grupo de los cinco. Su presencia ha sido de corte residual casi con un protagónico marginal como la plaga de seudónimos con que se la refiere lo atestiguan. A la manera de quien hace un tour de lechos ella siempre está enfundada en su salto de cama, ese es un rasgo Kafkiano en ella, esa propensión a la versatilidad del síntoma que la conduce a diferentes divanes aún cuando en cada traslado su atención sea conferida a uno que oficia de referencia, el diván de Freud. No fue una celebridad casuística del vienés, Leff es taxativa desde la introducción a su libro donde se ocupa de ella, no obstante  me inclino a decir que EH llevó a Freud al caso en tanto y cuanto le infringe una perturbación duradera testimoniada por las consecuentes errancias que se suceden. Errancias cuyas reverberaciones, ubicadas de manera minuciosa por la autora a lo largo de los capítulos que componen el libro, son manifiestas en la esfera personal, doctrinal o institucional de Freud. Someramente diremos que a nivel institucional puede imputarse a las intervenciones de la susodicha la debacle de la expectativa de una sucesión suiza para el movimiento psicoanalítico en la figura de Jung pues agravó el punto neurálgico de disidencias entre éste último y Freud, esto es, la libido en cuestión. La doctrina encuentra en sus coqueteos con los vaticinios de destino relanzadas las interpelaciones relativas a la vecindad entre lo telepático y la acepción freudiana del trabajo del sueño. Finalmente es a título personal, siguiendo lo expuesto por Gloria Leff (2016), que Freud se dirige si no a cada uno sí a varios de quienes integraran el comité secreto haciendo extensivo el pedido de recibirla en tratamiento a los fines de mantenerse al corriente de las noticia acerca del interés que le suscitara aquella aunque terapéuticamente el éxito se viera en serio compromiso. Con pertinencia el lector ha de preguntarse si el pavoneo histérico de esta mujer al andar entre los distintos hombres sin quedarse con ninguno, llevándose los intereses de cada uno, alcanza para sostener que llevó a Freud al caso. A instancias de esta inquisición asumo el riesgo consecutivo a aseverar que un análisis tras la finalización de su duración puede detentar como única pretensión el que se haya producido un corrimiento por mas leve que este sea respecto de la letra con la cual se redacta el texto del síntoma de un paciente. Por tanto un análisis no pasará de ser trabajo con y sobre la letra. Consecuentemente no habrá disposición en contrario a permanecer al interior del texto hasta aquí visitado conduciéndonos a las páginas que conforman el segundo de sus capítulos donde – a criterio de quien escribe – es factible hallar algunas razones que hagan las veces de respuesta. Desde el comienzo del mismo la autora endilga a Freud proceder con excesivos reparos en lo tocante a dar a publicidad lo que podría haber sido el historial Hirschfeld nunca consumado al tiempo que pone a cuenta de aquel efectuar cierto número de distorsiones en el material que sean funcionales tanto a la inserción dócil en la doctrina como así también para con la historia de la libido que este elabora. Dichas tergiversaciones consisten en partir tanto de una profecía comunicada como de sentencias previamente acuñadas ligadas al deseo en una doble vertiente, el continuado deseo de hijo y la acallada espera de muerte del marido impotente/impotentizado, he ahí el sustrato de los fragmentos de análisis divulgados.

Todavía lo recuerdo, un martes a la tarde concurrí a una austera sala teatral de nuestra ciudad que apenas había superado su primera función. En aquella oportunidad fue A. Artaud quien con el título de uno de sus libros presentaba la participación de Pablo Zöpke quien se explicaría con Lacan. Adentrémonos sin más en la versión establecida[4] la cual ofrece una clave donde puede descansar la concordancia entre la exposición de la que surge y lo tratado previamente. El caso es alumbrado por la costilla izquierda del analista, una parte de él que le depara inquietudes febrilmente eróticas al punto de inducirlo si no al sueño a un duermevela del cual recibe la notificación. Consecuentemente no media en el trabajo de parto del caso una debilitación del tejido membranoso que lo comunica con la contratransferencia y la transferencia de pensamiento.

Posemos ahora nuestros ojos sobre el tratamiento dispensado por Freud a la transmisión de pensamiento durante su trigésima conferencia datada en 1932. La frontera que separa ocultismo de mística es de índole difusa por ende se erigen diversas objeciones de conciencia a la hora de conceder crédito a la existencia de fenómenos tales como la telepatía, específicamente la transmisión de pensamiento. La telepatía ha de entenderse como un “presunto hecho de que un acontecimiento sobrevenido en determinado momento llega de manera casi simultánea a la conciencia de una persona distanciada en el espacio, y sin que intervengan los medios de comunicación consabidos.” (Freud.2006.P.34) siendo el requisito inexorable para la ocurrencia de dicha réplica el interés libidinal del emisor hacia el receptor del mensaje telepático. El cúmulo de episodios dignos de considerarse pertenecientes a este orden y recabados esporádicamente al interior de distintos análisis donde su presencia se aviene a la modalidad de lo colateral si bien son usufructuados como andamio no permiten al conferencista pronunciarse prescindiendo de la cautela acerca del tema abordado. La tentativa de valerse del sueño con miras a dilucidar la telepatía o el discernimiento por influencia reciproca carece de todo asidero, no obstante, el contenido de la primera tolera ser leído como el segundo mediante la inserción en la vía asociativa desplegada por el paciente con su respectiva interpretación. Infringiendo un leve detenimiento al decurso de estás paginas el reclamo de razones acerca de qué implica interpretar adquiere notoriedad. La acepción de interpretación barajada por C. Rabant (1993) en Inventar lo real estimo se yergue como posibilidad de respuesta. La interpretación se concibe como un elogio de la chance. Elogio que permuta el acto en tacto permitiendo emplazar ese vértice de regreso imposible donde se desplaza un analista. Desfasaje en la dicción – respiro temporal – cuya lectura se efectúa en lo que hace el paciente con aquel dicho por el autor como sigue “(…) los que interpretan nuestras interpretaciones son el deseo y el o el acto (el speach act) del paciente.” (Rabant.1993.P.18). Me pregunto si a ese enunciado tan prospero en su propagación de principio como garantía de una insatisfacción sostenida derivada de su no consumación – la profecía – arrojado al consultante de boca de un iniciado cuya intelección se halla estrechamente ligada a la intensiva expresión del deseo pues echa de menos los elementos que conforman la historia libidinal, se le aparta un espacio en la interpretación tal como la hemos planteado. Sopesar la afirmativa conlleva trasponer la profecía en fantasía. Gesto de sutileza innegable advertido por el psicoanalista oriundo de Viena que de aceptarse entiendo no erradica la pregunta ¿Quién interpreta?

Al parecer esta función se reserva a quienes el tono displicente de Freud tiene por personas de valía laxa, proclives a declinar en urdimbres espurias, partidarios de la baraja cargada de suerte, afanados en el examen de escritos o de la cartografía en las extremidades superiores, operaciones numéricas elementales con los astros; maniobras todas y cada una de éstas que le adjudican cierta posibilidad de anticipación y comunicación en oportunidad del visitante concerniente a sucesos aún no acaecidos sin importar el grado de fidelidad que pueda esperarse de la predicción. Por su parte C. Rabant a medida que avanza el libro citado con antelación hará del médium una cadencia de la dicción, una suerte de pliegue de abrigo donde hombre y mujer pueden guarecerse para un encuentro sin resignar la disparidad del deseo que los anima siendo el señalamiento de la misma puesto a cuenta del falo tenido por vector[5].

Con total falta de miramientos para con la anunciación, lanzado por el imprevisto se lo ve, apurado de pasos, zanjar la distancia que nos separa. Su semblante permanece imperturbable. Económicamente susurrante al darnos alcance para luego incrementar el tono de la voz que acomoda nos recuerda que ha consagrado la reunión correspondiente al 20 de Noviembre de 1973 en esa escena que era la suya, el seminario, a consignar la diferencia de domicilio entre lo oculto y lo Inconciente[6]. Una cifra de lenguaje posibilitada por lo engorroso del hay de dos seres que nunca llegan a escribir lo sexual como relación; un saber derivado de la existencia de otro, un saber que trabaja a quien hace del psicoanálisis su práctica, lo sabe, eso atañe al último. Lo oculto es del orden de la vacante, ausencia de relación en los dichos adjudicados a Lacan durante la sesión en la cual nos detenemos mientras que a los quince días lo oculto podrá exhibir su credencial de “dimensión[7] real” que vuelve a Freud un incauto. La telepatía hace las veces de contraparte pues se halla en la vida cotidiana como resto incitador de la tramitación nocturna por excelencia al ser esa hebra de condición distinguida de carácter tenso, de un extremo al otro, mediante el que se comunica.

 Dista de ser vano preguntarse si la comunicación establecida por el mensaje telepático está próxima al dominio de la folie á deux. Permítaseme aunque más no sea como respuesta en extremo parcial una erogación mnémica. Queda conmigo al día de hoy la primera cita que mantuve con ella, la escribiente. Amenizada por el aroma intenso y la textura tersa de un café la invitación era suya. Durante la misma recuerdo me dijo que la sintaxis del delirio excluye la aparición solitaria en la escena. Siempre hay otro, esa es la condición interpuesta por la folie á deux[8]. Podría decirlo con una paráfrasis que sería un buen signo de mi devenir “lacano”, siento contrariar la expectativa, no ocurrirá esta vez, por consiguiente diré que remontarnos al texto El pesa-nervios (Zöpke.2016) establece las condiciones para un saludo cordial con lo que antecede. La exposición se encontraba avanzada, el expositor quemaba de blanco en la pizarra verde bosque dos modos de presentar el nudo con el que Lacan trabaja siendo trabajado a su vez. Decidido era su interés en hacer notar la disolución sufrida por el examen a manos de la  continuidad asumida por natural, ese faux pas rampante de sujeto a hablante ser merced al anudamiento a mecenazgo del objeto en posición de calce. Del público le llega una bocanada de interpelación a raíz de su dicho sobre la transferencia a la psicótica. Sin dilación se apresta a responder. Si el delirio es el devenir mismo, como lo había puntualizado temprano, este ostenta un fondo de frotación efusiva de dos cuerpos – arriesgo a decir que esa es la señal de arrastre del delirio. Arrastra en dos direcciones, a saber, como otro o como objeto. Un notario con minifalda queda fuera del delirio, no hay manera de asistir al tratamiento del psicótico por el psicótico de no ser con la folie á deux.

Habilitado en el párrafo precedente es que el segundo interrogante planteado en la primera página de este empeño se declara cansado de esperar. Atender esta petición signa este apartado.

Budapest, 1932. Sándor, el canillita, provisto de varios ejemplares de la edición impresa monta su bicicleta. El reparto llega hasta nuestra puerta. Tomo del piso aquel que fuera arrojado sin olvidar los trascendidos que pesan sobre la génesis del matutino como si fuera una mañana de domingo. Según aquellos el periódico tiene al encono como inspirador. Encono que Granoff  (2004) nombra como  redoblamiento de la F, la primera inventa el psicoanálisis mientras que la segunda lo hace[9].El segundo de los trascendidos consiste en la noticia no ya de la participación – podría pensarse necesaria – del desliz en la práctica sino una práctica del desliz.

Ya la portada se presta al recelo, esto es, la cura halla en la profusa irrigación del afecto una estrecha dependencia. Los titulares proliferan, no obstante cierto es que podrían ser remitidos a una sección única denominada la sesión mutua. Cabe destacar allí el estado de trance en el cual ingresaban sus pacientes mujeres denominando  una insistencia directamente proporcional a la mención marginal que le es deparada a la pobre Gisela a quien se la ve resignar su porte en el acto de bregar por entrar sólo dos veces en una nota circunscripta al margen inferior cuyo destino es pasar inadvertidas o ser olvidadas en la vorágine de la lectura a medida que se suceden las páginas. La antesala del trance colinda con el imperativo dirigido al analista de verter él también  su contenido latente en la sesión. No quedará más que hacerse analizante – analista de su analista – analizante, al punto de comunicar en calidad de confesiones el “(…) reconocimiento en principio de emociones, como enojo, disgusto, fatiga, <<ganas mandarlo al diablo>>, por último también fantasías libidinosas y lúdicas” (Ferenczi.2008.P.52). ¿De dónde se desprende este proceder? espetará el lector. Pues bien propongo escuchar por segunda vez, parece un homenaje a la señorita G, a Sándor de Budapest

En aquel momento dije que en el primer encuentro entre dos seres humanos se entra en un intercambio no sólo de mociones concientes, sino también inconcientes. (…) Señalé, en fin, que cuando dos hombres conversan, se trata en verdad de un diálogo no solo de la conciencia, sino de los inconcientes de uno y otro lado. (Ferenczi.2008.P.135)

 es esta la idea – viga donde se asienta tanto la técnica activa como el análisis mutuo impulsado por el autor mientras que dilucidar las causales del sentimiento pático derivado, tanto sim como anti, corren a cuenta y riesgo del análisis . Quizás hemos dado con uno de los antecedentes de las intervenciones en la transferencia escritas por Lacan o bien de la noción de contratransferencia al interior del seminario dictado durante1960-1961. Rezagadas han de permanecer aquellas veladas vespertinas donde caballeros en ronda se endulzaban los oídos a su turno con manjares a la mano, de ahí hasta donde entiendo, Lacan extrajo la diferencia sexual entre el amante y el amado por la disímil ubicación del ahuecamiento del saber. El primero no sabe con qué ama mientras que el segundo es amado sin saber qué es, así los personajes en la escena fundamental son Sócrates, sino histérico histerizante; Alcibiades, el enamorado y Agatón, el objeto por procuración. El agalma dicta la distribución, si hay cuatro términos estamos ante un discurso. Tenga a bien el lector concedernos su compañía hasta las inmediaciones de la decimotercera clase titulada en la versión publicada por Paidós “Critica de la contratransferencia”. El orador se afana en enfatizar la diferencia imperante entre él y los suyos para con el resto de los analistas mediante la concepción de transferencia a la que adhieren no sin antes aclarar que la transferencia ha sido emplazada del lado del analista a través de la contratransferencia a la cual el vulgo hace oscilar entre lo desprovisto de análisis – punto ciego en el análisis del analista – como guiño de ojo a la instancia del análisis didáctico donde se depurarían estás “asperezas” y la comunicación de inconcientes como aval de la práctica del analista. La formación de compromiso que resulta de la intersección de ambas vertientes lleva el nombre de analista ideal cuyo rasgo sería la distímia, la desafección pasional. Sin ir en detrimento de esta postura el psicoanalista francés cuestiona si un análisis personal concluido en condiciones supuestamente favorables presta franca colaboración para dispensar al desde entonces analista de la afluencia de pensamientos en absoluto benévolos procedentes de quien se encuentra en sesión. ¿Un buen análisis, de que se trata? Será de la cavidad bucal del seminarista de donde veremos apersonarse una respuesta tentativa al decir

Si se llevan las cosas al extremo, se puede concebir un inconsciente – reserva. Debe admitirse que en nadie se da una elucidación exhaustiva del inconsciente, por lejos que se lleve un análisis. Una vez admitida esta reserva de inconsciente, es perfectamente concebible que el sujeto avisado, precisamente por la experiencia del análisis didáctico, sepa, de alguna manera, jugar con ella como con un instrumento, como con la caja del violín cuyas cuerdas, por otra parte, posee. De todas formas no se trata en su caso de un inconsciente en bruto, sino de un inconsciente suavizado, de un inconsciente más la experiencia de este inconsciente. (Lacan.2013.P.211).

 Todo parece indicar – esta es mi conjetura mal que le pese a la corporación analítica de turno – que el Inconciente metabolizado en el didáctico y secretado posteriormente se reduce al efecto de un afamado producto aromatizante para prendas infantiles publicitado por un niño que habla a lo cómico y carga el nombre del efecto[10] o bien a una adición rasera. El fragmento citado es cuanto menos refutado, si no derogado, segundos más tarde por el propio Lacan al establecer una proporción directa entre el ahondamiento del análisis personal por parte del analista y la susceptibilidad de verse imbuido por la diversa gama de reacciones con el partenaire en transferencia. Consecuentemente el dictante del seminario dirá que la confección de la contratransferencia estriba en “los sentimientos experimentados por el analista en el análisis, que están determinados a cada momento por sus relaciones con el analizado.” (Lacan.2013.P.218).

Poco tiempo ha pasado desde que dispongo de la trasposición de tesis a libro titulado La contratransferencia. ¿Asunto clausurado o asunto superado? (Greca.2018). En el recorrido llevado a cabo de manera prolija por C. Greca a lo largo de tres secciones se evidencia la conmoción provocada por lo actual sufrida por su intención de escritura siendo sus intereses según lo declara despejar una plaza para la contratransferencia tanto a nivel teórico como clínico al otorgarle el estatuto de concepto. Constituye en verdad una pena que haya asumido la vía obscenamente facilitada por las reyertas escolares de la corporación analítica al extraer la dignidad de concepto de su posición de andamio para los idilios de corte institucional los cuales por cierto, tal como ordena la formación de masa, atañe a cada miembro desde el jerarca máximo hasta la primera línea de choque. Postular esa concatenación entiendo conspira severamente contra la motivación clínica que dice guardar. En contrapunto, los adjetivos colocados cuidadosamente por la autora delante o detrás, en definitiva como escoltas de contratransferencia, se erigen desde mi lectura como acierto. Me permito elaborar una serie con ellos: indebido – secreto – impugnado – impropio – vacilante – irreverente – rechazado – desplazado – clausurado – superado. Finiquitemos esta lectura observando que el amplio espectro cubierto por la recopilación teórica funciona en el libro a modo de beneficio secundario debido a que confina la voz de la autora al último tramo del texto casi concediendo una disposición de voluntad postrera, cito

Sin perder de vista las inconsistencias y contradicciones que condensa el término, consideramos importante sostener el valor de la contratransferencia como el nombre de la necesaria implicación del analista en la transferencia, con los efectos imaginarios que esto puede implicar, entendiendo que su sustitución por la noción de “deseo del analista” corre el peligro de llevarnos a una concepción de la posición este que funcione como una “lavada de cara”. (Greca.2018.P.312-3).

El abatimiento invita a salir del texto, el lector notará el eclipse de la pertinencia por la cantidad de líneas acumuladas. No demoraremos demasiado pues así como se llega a un texto hay que irse de él.

Dediquemos algunos renglones al interrogante que hasta aquí parece poder proclamarse indemne de este trayecto. Se transfiere en dirección de una equivocación de saber supuesto (Escritos otros). La transferencia según la postula Lacan en 1964 admite una leve variación de lugar para los términos de la frase, el modo de tratar a los pacientes es un hecho de transferencia mientras que las formas adoptadas con los pacientes inciden en la transferencia. Tres años más tarde haciendo gala de atavíos matemáticos un significante cualquiera que sea – importa poco mientras sea uno – hace las veces de anfitrión para quien quiera entrar al análisis (El analista se vuelve una Proposición de Escuela el 9 de Octubre). Bajo el bisturí impiadoso de El acto analítico (Lacan. 1967-1968) el sujeto supuesto saber, la equivocación que hemos dicho, perece a poco andar. Un pobre infeliz como dice Freud, le hace de sostén. Correlato de esta reptación de la transferencia es su condición de resultado hacia 1973 -1974 cuando los no incautos yerren al padre en el nudo.

So pretexto de extensión veamos como despedida el despliegue del haz de contratiempos sugeridos por L. Baños (2012) en la versión establecida del seminario de maestría con el que nuestras letras pretenden conversar. La castración es una transacción que se afronta de “mala gana”, se falla en el hacer con ella, en las vísceras de un análisis la mentada Reacción Terapéutica Negativa, esa suerte de estasis en la faceta de sufrimiento intrínseca al síntoma, se expide a la sazón recibiendo de brazos abiertos la inestimable cooperación del sentimiento Inconciente de culpa cuyo bemol es la necesidad de castigo como lo sostiene Baños en el segundo capítulo del libro, vertiente de la dificultad que nos confronta con el límite de un tratamiento. La irrupción y la finalización del mismo han de ser las posibilidades sopesadas siendo la distinción y la lectura de consecuencias competencias atribuidas a la ética del analista, leo

No siempre un análisis tiene en el horizonte su fin. Hay tratamientos prolongados en los que el paciente nunca comenzó un análisis y hay análisis en curso que se interrumpen.

Los límites del análisis están dados por la estructura, por el destino del síntoma, el despliegue y anudamiento en la neurosis de transferencia, es decir, por el medio singular en que se configura una relación analítica. (Baños. 2012.P.41).

La estructura en tanto resiste a ser captada por la visión así como a plegarse a un catálogo de psicopatología, ha de entenderse a la luz de la castración, es decir, las peripecias a las que se llevado a hacer el sujeto ante aquella. Tal vez a esto se deba la aseveración de la autora conforme a que la decisión es el momento de apogeo de la dificultad para quien va al lugar de analista en la cura incluso a sabiendas de la recaída plausible en el diagnóstico al cual se le extiende el pedido de un salvo conducto ante obstáculos de índole diversa cuando tanto la decisión como aquel fijan su residencia en la ética del analista. Dable es recordar aquí lo dicho por Gloria Leff, próxima a la finalización de su examen de las disquisiciones de Freud con su principal tormento, referido a la inserción del obstáculo y qué se hace de él “Lo que quiere decir que en la forma de tratar un obstáculo se revela la erótica en juego en un análisis.” (Leff.2016.P.144). El dolor se abre paso dentro de la tesitura de este apartado. El dolor es una cita en su doble acepción. Digo, se espera un cuerpo de otro con el que encontrarse. Encuentro en espera cálidamente narrado en voz de Vanesa Martín– esa boquerona bellísima por cuya voz me dejo seducir – en una canción de su reciente lanzamiento discográfico[11] que merece ser escuchado “Una palabra tuya me acercó a tu silla, ya me vestí a consciencia para verte. Que no se asuste nadie si nos miran y ven que nos miramos diferente.” De esta variante es factible se decante cierto dolor una vez que la chance haya hecho lo suyo, claro está. La segunda acepción es la que carga con cotidianidad sin perder rigor, el dolor es una referencia irrecusable al cuerpo y es por ello un matiz de cuidado para la transferencia, compele a dilucidar melancolía de neurosis. Cavidad bucal árida de letra articulada de síntoma. Finalmente esa carta robada que anticipa lo inexorable de una pedida a punto de ocurrir – la angustia – sigue siendo el compás, la marca, la seña ¿se angustia el analista o sólo es una cosa del analizante? Huella ineluctable del tratamiento por la dificultad.

He de despedirme dejando plasmada la conjetura sobre la cual reposan las líneas precedentes. Digo entonces, ¿El deudo, el que queda, es un obstáculo en la práctica? Desde la clínica la incitación a la afirmativa resulta clara en ocasiones.  Recuerdo todavía al Dr. Lanzer deudo de padre ya cuando lo esperaba a la hora de los espectros pene en espejo o cuando el son de la puerta tornaba el temor en espera deseosa de aquel. ¿El muerto es un telépata emisor y el que queda un telépata receptor? ¿Quién transfiere? Vanesa tiene razón, podemos darnos de a poco sin resolvernos la partida.

 

 

Bibliografía

Baños, L.; Steinberg, I. (2012). Dificultades de la práctica del psicoanálisis. Rosario. Homosapiens

Ferenczi, S. (2008). Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Buenos Aires. Amorrortu editores.

Freud, S.

  • (2008). “Nuevos caminos de la técnica psicoanalítica”. Obras completas. Tomo XVII. Buenos Aires. Amorrortu editores.
  • (2008). “Sueño y telepatía”. Obras completas. Tomo XVIII. Buenos Aires. Amorrortu editores.
  • (2008). “Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto”. Obras completas. Tomo XIX. Buenos Aires. Amorrortu editores.
  • (2006). “30ª Conferencia: Sueño y ocultismo”. Obras completas. Tomo XXII. Buenos Aires. Amorrortu editores.

 Granoff, W. (2004). Lacan, Ferenczi, Freud. Epeele. Mexico

Greca, C. (2018). La contratransferencia. ¿Asunto superado o asunto clausurado? Rosario. Laborde editor

Lacan, J.

  • (2012). “Proposición del 9 de Octubre de 1967 sobre el analista de la escuela”. Otros escritos. Buenos Aires. Paidós.
  • (2012). La equivocación del sujeto supuesto saber. Otros escritos. Buenos Aires. Paidós.
  • (2013). El seminario. Libro 8. La transferencia. Buenos Aires. Paidós
  • (2010). El seminario. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires. Paidós
  • (1967-1968). El acto psicoanalítico. Inédito. Versión critica establecida por Ricardo Rodriguez Ponte
  • (1973-1974) Los no incautos yerran (Los nombres del padre). Inédito. Versión critica establecida por Ricardo Rodriguez Ponte

Leff, G. (2016). Freud atormentado. Errancias con Elfriede Hirschfeld. Epeele. Mexico

Mauro, L. (2015). Locuras. 7 invitaciones delirantes para una folie á deux con la escribiente. Rosario. Laborde libros editor

Rabant, C. (1993). Inventar lo real. Buenos Aires. Nueva Visión.

Zöpke, P. (2016). “El pesa-nervios”. En Revista Nadja. Nº 18 Retorica del artificium. Rosario. De las 47 picas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anexo: Curriculum Vitae

Datos personales

Apellido y Nombre: Ubeira Joel Carlos

Edad: 30 años

Celular: 0341- 156818641

Correo electrónico: jcu_8@hotmail.com; ubeirajoel@gmail.com

Formación universitaria:

–              2010 – 2016 Carrera de grado de psicología en la Universidad Nacional de Rosario

Título de grado: Psicólogo

–              2017 – 2019: Maestría en psicoanálisis en la Universidad Nacional de Rosario

Actualmente: Habiendo cumplimentado el cursado de las instancias establecidas en el programa de dicha carrera, se da inicio al proceso de escritura de tesis.

Experiencia laboral:

2018 – actualmente: Psicólogo en Centro de salud A.M.I.

2016 – 2019: Psicólogo en consultorio externo e integrante del dispositivo “Dirección clínica” del Centro de Salud Mental “Tercer Filtro”

2015: Práctica Profesional Supervisada por la carrera de grado de Psicología de la U.N.R. en centro de día y cooperativa Communitas

2016 – 2018: Adscripto a la cátedra “Psicoanálisis I” a cargo del Dr. C. Kuri perteneciente al segundo año de la carrera de grado en la Facultad de Psicología de la UNR.

2012 – 2015: Ayudante alumno en la cátedra “Estructura Psicológica Individual del Sujeto I” a cargo del Dr. C. Kuri, perteneciente al segundo año de la carrera de grado de la facultad de Psicología de la UNR

Participación en Congresos, Jornadas e Investigaciones:

Investigaciones.

2015 – actualmente: Limite y alteración de la metapsicología: Lo ético y lo estético. Director: Dr. C. Kuri. Lugar de radicación: Facultad de Psicología de la U.N.R.

2017 – actualmente: Transferencia y deseo del analista. Director: Coirini, D. Lugar de radicación: Facultad de Psicología de la UNR

Publicaciones:

“Notificarse, comparecer ¿jurisdicción metapsicológica?”. En Cuadernos de metapsicología. Nº 6. Rosario, UNR editora, 2017

“Cirugía menor”. En Escritos de posgrado. Vol 1. Nº1. UNR editora, 2020. URL: https://escritosdeposgrado-fpsico.unr.edu.ar/?p=46

Seminarios referenciados en el posgrado:

– “Ley y Clínica. La melancolía”. Dictante: M. C. De Biasi.

– “Estética y Psicoanálisis”. Dictante: Dr. C. Kuri.

–  “Fantasía: Metapsicología y clínica. Dictante: Haimovich, E; Sneh, P; Basch, C.

– “Vicisitudes del Acto. Síntoma y acto analítico. El acto de la paternidad en el Moisés de Freud”. Dictante: Ritvo, J. B.

– “Función y genealogía en la conceptualización lacaniana.¿Qué es lo propio del goce (“jouissance”) en J. Lacan?”. Dictante: Vassallo, S.

– “Investigación en psicoanálisis. Problemas de especificidad.”. Dictante: Gorodischer, C.

– “Psiquiatría y psicoanálisis.” Dictante: Amorós, O.; Baur, V.

– “Límites de la neurosis.” Dictante: Rubisntejn.

– “Neurosis, ética del psicoanálisis y reacción terapéutica negativa”. Dictante: Baños, L; Steinberg, I.

– “Filosofía y psicoanálisis”. Dictante: Trosman, N.

[1] Kuri, C. (2010). “La identificación. Lo originario y lo primario: una diferencia clínica”. Cap. I

[2] Véase Freud, S. “El Moisés de Miguel Ángel”. Obras completas. T. XIII.

[3] Para mayor información dirigirse a Freud, S. “Nuevos caminos de la técnica psicoanalítica”. Obras Completas. T.XVII.

[4] Zöpke, P. “El pesa-nervios”. En Revista Nadja Nº18.

[5] Por mayores precisiones sea consultado el capítulo “¿Qué es un médium?”.

[6] Las referencias realizadas al seminario “Les non dupes errent”(Los no incautos yerran/Los nombres del padre) en este escrito se corresponden con la versión critica establecida por Ricardo Rodriguez Ponte para circulación interna de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.

[7] Me licencio a utilizar el término dimensión pues desde la primera clase del seminario el dictante se ocupa del nudo borromeo y sus maneras de presentación. A modo de ejemplo puede mencionarse la implementación de la trenza.

[8] Véase. Mauro, L. “Locuras. Siete invitaciones delirantes para una folie á deux con la escribiente” cap. I

[9] Granoff, W. “Lacan, Ferenczi, Freud”, apartado dedicado al húngaro.

[10] Refiero aquí a “Chuavechito”, el niño rubio de remera roja y pantalón azul que todavía hoy sale en la tele.

[11] Fragmento tomado en préstamo de la canción “De tus ojos”, canción con la que inicia “Todas las mujeres que habitan en mí” disco de Vanesa Martín lanzado en 2018.

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