EL TIEMPO DEL ACTO Y EL LUGAR DEL ANALISTA

EL TIEMPO DEL ACTO Y EL LUGAR DEL ANALISTA / THE TIME OF THE ACT AND THE PLACE OF THE ANALYST

Ghilioni Celeste

Argentina, Docente de la Cátedra Clínica 1, Maestranda en Psicoanálisis, Facultad de Psicología, UNR,  Psicóloga Hospital Escuela “Eva Perón”,  celesteghilioni@hotmail.com

Resumen

El presente escrito se sitúa en el marco de dos investigaciones en curso en diferentes ámbitos de la Facultada de Psicología de la UNR. Tesis Maestría en Psicoanálisis: El diván en psicoanálisis- En las coordenadas del significante: la transferencia, la pulsión escópica y la pulsión invocante, y otra investigación en la cátedra de Clínica 1 de la mencionada Facultad, cuyo tema de investigación es: El acto analítico en diferentes momentos de la elaboración de Jacques Lacan y su posible vinculación con las nociones de deseo del analista y presencia del analista.

Se abordan, aquí, los interrogantes sobre los momentos de un análisis comprendiendo los tiempos lógicos que Lacan sitúa en su texto: El aserto de certidumbre anticipada, aspectos que se interrogan a la luz de la relación transferencial.

La relación transferencial propone un singular diálogo en donde la palabra dirigida a otro posibilitará la distancia del yo (je) del enunciado, al yo (je) de la enunciación, lo que dará lugar a una hiancia, que podrá propiciar el desconocimiento de quien se escuche en lo que enuncia. Abertura que, enlazada a la demanda de análisis, podrá dar lugar al advenimiento de un evanescente sujeto del deseo.

Palabras clave: Acto –  Tiempo lógico – Analista –  Deseo.

Abstract

This writing is situated within the framework of two ongoing investigations in different areas of the UNR Faculty of Psychology. Thesis Master in Psychoanalysis: The couch in psychoanalysis- In the coordinates of the signifier: the transfer, the scopic drive and the invoking drive, and other research in the Chair of Clinic 1 of the aforementioned Faculty, whose research topic is: The analytical act at different moments in the elaboration of Jacques Lacan and his possible connection with the notions of desire of the analyst and presence of the analyst.

Here, the questions about the moments of an analysis are addressed, understanding the logical times that Lacan places in his text: The assertion of anticipated certainty, aspects that are questioned in light of the transference relationship.

The transference relationship proposes a singular dialogue in which the word addressed to another will enable the distance from the self (je) of the statement, to the self (je) of the enunciation, which will lead to a gap, which may lead to ignorance in who listen to what it says. Opening that, linked to the demand for analysis, may give rise to the evanescent subject of desire.

Key words: Act –  logical tim – , analyst – desire

Introducción

y morir por un instante –en infinito presente–,

y luego… luego volver!

(Bailar tango, Juan Capriotti)

Los diferentes momentos que pueden pensarse en el transcurso de un análisis han sido abordados tanto en Freud como en Lacan, esta distinción interpela a cada analista y es pertinente al practicante del psicoanálisis poder dar las razones de los mismos. Sin embargo, en el devenir de un tratamiento se observa que dichos momentos de ningún modo se producen en forma ordenada o progresivamente escalonada, y la posibilidad de distinguirlos quedará a merced de la lectura que cada analista pueda realizar. No se tratará, entonces, de la aplicación de una técnica, sino, de una práctica de discurso demarcada por una ética.

En este sentido, resulta oportuno, citar un pasaje en dónde Freud, habla de la apertura y cierre en el tratamiento tomando prestada una metáfora del juego de ajedrez. En Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico de 1912, Freud (1993) advierte:

Quien pretenda aprender el noble juego del ajedrez a partir del estudio de libros, pronto descubrirá que sólo las aperturas y los finales permiten una presentación sistemática exhaustiva y que la infinita variedad de movimientos que surgen después de la apertura desafían tal tratamiento. Únicamente el ahincado estudio de partidas en que se midieron grandes maestros puede colmar las lagunas de la enseñanza. A parecidas limitaciones están sujetas las reglas que uno pueda dar para el ejercicio del tratamiento psicoanalítico. (p.125)

En esta cita se puede inferir que Freud hace una invitación a adentrarse en la experiencia del análisis. Por un lado, incita a acudir a los maestros. Por otro, habla de apertura y de finales como los únicos momentos del juego que permiten una “presentación más sistemática”. Finalmente, explica que se trata de una experiencia colmada de variados y desafiantes movimientos que deben enfrentarse, fundamentalmente, durante el mismo juego. Estos momentos se ubican en función de la interrelación temporal entre las variables de diacronía y sincronía.

No obstante, se hace preciso, en el mismo sentido, señalar otra concepción que en Lacan está presente desde los inicios de su propuesta analítica: el eje del orden lógico, coordenada que se enlaza con la sincronía. Esta noción lógica, se articula con la cronología temporal de un análisis. Resulta relevante hacer esta salvedad dado que en numerosos planteos de analistas de nuestro medio se escucha  la milimétrica distinción entre entrevistas preliminares, tratamiento y fin, en dónde la indicación del diván ingresaría en el llamado tratamiento, pero que, sin embargo, parecieran desconocer o subestimar los obstáculos, interrupciones, o desprolijidades intrínsecas a toda cura analítica.

Otro modo del tiempo

              Las interrupciones son un paso necesario en el transcurso de una cura por lo que se debe determinar su estatuto y consecuencias, así como también, intentar argumentar por qué motivo significarían una posibilidad de arribar al final de un análisis, contradiciendo toda consideración racional según la cual, una interrupción de ninguna manera puede considerarse como un logro.

             ¿Dónde encuentra Freud estas interrupciones? En el traspié, en el relato de los sueños, en los actos fallidos y en los lapsus. Allí centra su atención porque se topa con el hallazgo y con el tropiezo discursivo. Estos son signos de que algo busca su realización. Lacan (1973) explica:

Tropiezo, falla, fisura. En una frase pronunciada, escrita, algo viene a tropezar. Estos fenómenos operan como un imán sobre Freud, y allí va a buscar el inconsciente. Allí una cosa distinta exige su realización, una cosa que aparece como intencional, ciertamente. Pero con una extraña temporalidad. Lo que produce en esta hiancia… se presenta como hallazgo. Así es como la exploración freudiana encuentra primero lo que sucede en el inconciente. (pp.32-33)

Hallazgo que define como re-hallazgo y siempre a punto de escabullirse, relacionando esta característica de discontinuidad del inconsciente con la idea de pérdida.

Resulta interesante ubicar en los textos freudianos la recurrencia al trabajo sobre los obstáculos. Freud, que no tenía dificultades en plantear los mismos como motor de sus producciones, recorta en cada uno de sus casos clínicos las dificultades que le impiden avanzar en la cura. Esto lo manifiesta en diferentes lugares, pero es  en Análisis terminable e interminable –valga aquí también la paradojal contradicción de este título– donde encontramos el siguiente pasaje:

En vez de indagar cómo se produce la curación por el análisis… el planteo del problema debería referirse a los impedimentos que obstan a la curación analítica. (Freud, 1993, p.224)

El término obstáculo indefectiblemente se piensa como aquello que dificulta, o que constituye una traba en la consecución de la meta o ideal a alcanzar. En el marco del trabajo psicoanalítico, claramente se puede advertir una articulación entre la idea de obstáculo y la de falta, a tal punto que suele definirse la palabra obstáculo como aquello que se interpone a un logro: el obstáculo impide que algo pueda realizarse en su totalidad.

Si lo no dicho es actuado, negado o manifestado de forma disfrazada es porque allí hay, en la situación analítica, un otro a quien se acude para la resolución de un sufrimiento porque se le atribuye un saber sobre el mismo. Pero ese alguien, además, se propone como aquel al que es posible “engañar”, al que se le puede “no decir” y “ocultar”.

El analista se presta como alteridad para que el paciente haga su despliegue, su actuación. Esta relación pone al descubierto la estructura misma de la transferencia. Al comienzo del Seminario 11, en su clase “El sujeto de la certeza”, Lacan (1973) hace referencia explícita a aquello que escapa al tiempo, al decir de Freud el deseo que se presenta como indestructible, y relacionándolo a la realidad del inconsciente se pregunta:

¿A qué registro del orden de las cosas pertenece el deseo indestructible? ¿No hay sobradas razones para distinguir aquí otro modo del tiempo, un tiempo lógico? Encontramos aquí la estructura escandida de esa pulsación de la ranura. La aparición evanescente sucede entre los dos puntos, entre el instante de ver y el momento elusivo, se trata siempre de una recuperación engañosa. (p.40)

Dado que uno de los motivos por los que se había decidido la expulsión de Lacan de la IPA (Asociación Internacional de Psicoanálisis) era precisamente esta concepción temporal en la que argumentaba su propuesta de sesiones de duración variable, resulta importante atender este punto detenidamente.

La cita precedente es explícitamente referenciada por Lacan (1988) a un escrito anterior de su autoría: El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, de 1945. En este título se destacan los siguientes términos: aserto: aseverar; certidumbre: certeza; y anticipada: en relación al acto. Se trata de un texto fundamental para intentar comprender esta compleja lógica temporal. Allí plantea el análisis de un sofisma: argumento falso o caprichoso que se pretende hacer pasar como verdadero. Luego de describir las condiciones del mismo, en donde tres presos deben sortear un enigma para quedar libres, analiza el proceso de deducción en tres momentos de la evidencia: instante de ver; tiempo para comprender; y momento de concluir. Estos momentos son explicados por Lacan (1988) del siguiente modo:

Instante de ver: no es relevante lo que los sujetos ven, es lo que han encontrado positivo en lo que los sujetos no ven. Cada uno se define por lo que los demás no son. Tiempo de experiencia. (p.193)

Tiempo para comprender: tiempo de la meditación, de la duda. El tiempo para comprender puede reducirse al instante de la mirada pero esa mirada en su instante puede incluir todo el tiempo para comprender. (p. 195)

Momento de concluir: o aserto sobre uno mismo. El acto anticipa la certeza. El sujeto en el aserto alcanza una verdad que va a ser  sometida a la prueba de la duda, habla el sujeto del aserto. El juicio que concluye el sofisma, sólo puede ser formulado por el  sujeto que ha formado su aserto sobre sí. El yo (je)  sujeto del aserto conclusivo se aísla por una pulsación de tiempo lógico respecto del otro, es decir respecto de la relación de reciprocidad. [ya no hay reciprocidad] (p.197)

El juicio asertivo se manifiesta por un acto. Todo juicio es esencialmente un acto, El acto se adelanta a su certidumbre”. (p.198) El acto mismo lleva a la conclusión. (p.191)

La verdad (en el sofisma) se manifiesta en esta forma como adentrándose al error y avanzando sola en el acto. (p.201)

Como se expuso, no se puede dejar de señalar la consideración de una lógica temporal en intersección con un tiempo cronológico. Es decir, necesariamente el curso de un análisis comprende la dimensión diacrónica, aun si los momentos  pueden ser leídos retroactivamente desde la consideración de un instante; corte que permite una lectura. Estas diferentes inflexiones, marcas, pueden permitir la identificación de los desplazamientos, nuevas disposiciones y diferencias en la escucha de lo dicho.

Ante la vasta enumeración de términos y conceptos hasta aquí trabajados, se impone un orientador o director que, al modo de capitón, ordene este recorrido. Esta elección, que no será arbitraria y que estará apoyada en referencias precisas, encontrará su justificación por el mismo recorrido argumental.

En el Seminario 6, Lacan (2017) presenta la experiencia de análisis como el tratamiento para la cura de los síntomas y los fenómenos marginales (sueños, fallidos, chistes, etc.), y en este contexto se pregunta:

¿A razón de qué interviene el psicoanálisis para tratar en esos diversos niveles? Interviene en la medida en que éstas ponen en juego el deseo. La libido es la energía psíquica del deseo. La teoría analítica se apoya entonces por entero en la noción de libido, en la energía del deseo. (pp.11-12)

Se trata entonces del deseo de la mano de un tiempo lógico, deseo indestructible, deseo de Freud, de Breuer, de Lacan, deseo de cada analista, deseo del analista, en tanto deseo de deseo. No se trata del deseo por lo propio que pueden postular los tratados de autoayuda o de la adquisición de múltiples objetos tal como lo proponen las políticas actuales de consumo. Muy por el contrario, es el relanzamiento del movimiento libidinal que dibuja una hiancia, inaugurando un objeto causa, objeto a, causa del deseo. Al respecto, en la clase “Del Sujeto que se le supone un Saber”, del Seminario 11, Lacan (1973) expone:

Allí es donde está citado el analista. En la medida en que se supone que el analista sabe, se supone también que irá al encuentro del deseo inconsciente. Por eso digo que el deseo es el eje, el pivote, el mango, el martillo, gracias al cual se aplica el elemento-fuerza, la inercia, que hay tras lo que se formula primero en el discurso del paciente como demanda, o sea, la transferencia. El eje, el punto común de esta hacha de doble filo, es el deseo del analista, que designo aquí como una función esencial. Y no me vengan a decir que no nombro ese deseo, porque es precisamente el punto que sólo es articulable por la relación del deseo con el deseo. (p.243)

Eje, pivote, mango, martillo como instrumento de la transferencia en la posibilidad de maniobra con la demanda. El deseo, sin dudas, encuentra aquí un capitón. Como se explicó anteriormente, los momentos de la cura no pueden concebirse al modo de procesos prolijos y escalonados en una dirección única y cronológica, sino que implican una articulación dialéctica y espiralada entre el tiempo lógico y cronológico. Además, se debe tener en cuenta la salvedad respecto a que el momento de concluir precipita todas las instancias anteriores.

En el mismo sentido, ese deseo podrá articularse en una demanda dirigida a un otro, en análisis. Así se abre el otro eje problemático a dilucidar, en tanto “puesta en forma de la demanda”. Siguiendo esta línea, en la “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, Lacan (1975) comenta:

Lo que quería decir, era que, en el análisis, es la persona que viene a construir una demanda en análisis, la que trabaja. A condición de que ustedes no la hayan acostado de inmediato en el diván, en cuyo caso está arruinado. Es indispensable que esta demanda haya tomado forma verdaderamente antes de que ustedes hagan acostar a la persona. Cuando ustedes le dicen de comenzar, y esto no debe ser ni la primera ni la segunda vez, al menos si ustedes se quieren comportar dignamente, la persona, entonces, que ha hecho esta demanda de análisis, cuando comienza el trabajo, es ella quien trabaja. Para nada ustedes deben considerarla como alguien a quien deben modelar. Es todo lo contrario. ¿Qué hacen ustedes ahí? Esto es lo que yo me pregunto desde que comencé.

Lacan (1975) explica entonces, por un lado, que no es la técnica la que debe comandar la cura sino el decir del propio paciente; y por otro, que el analista debe interrogarse por el lugar que él mismo ocupa allí: el suyo es el lugar de la pregunta. En el transcurso de las entrevistas preliminares, se presenta una creencia ilusoria: quien realiza la consulta cree en su sufrimiento, en sus síntomas, aunque desconozca las causas del mismo. Además, sin saberlo tampoco, en su queja dice más de lo que cree decir. Sin embargo, esta ilusión es entendida por Lacan como punto de sostén, necesario en todo comienzo. En su Seminario 10, de la mano de su esquema del estadio del espejo, define esta imagen engañosa del siguiente modo:

Lo que el hombre tiene frente a él nunca es más que la imagen virtual i’(a), de lo que yo representaba en mi esquema con i(a). El a, soporte de su deseo en el fantasma, no es visible en lo que constituye para el hombre la imagen de su deseo. (Lacan, 2006, p.51)

En ese punto, si quien escucha ese padecimiento, esa queja, se ubica en ese mismo registro, solo producirá el efecto de un refuerzo de esa identificación especular; relación que podrá dar lugar a un lazo de amistad, de amor u odio, pero que aparecerá como límite a una posible trasferencia analítica. Dicho concepto permite abrir las puertas a otro momento de la cura –se podría agregar– intentando no arruinarla.

Es decir que, si bien se trata de momentos lógicos, el apresuramiento de las instancias cronológicas como aplicación de una técnica, por ejemplo, determinar el número de entrevistas antes del pasaje a diván sin escuchar la posición que alguien pueda tener en relación a lo que dice, no hará más que arruinar la cosa. En consecuencia, este primer momento consiste en dar forma a esa demanda. En la clase Análisis y verdad o cierre del inconsciente, de su Seminario 11, Lacan (1973) ofrece sus primeras menciones sobre el tema precisando que:

El punto de referencia que hemos querido destacar para una rectificación general de la teoría analítica es la relación del sujeto con el significante, porque éste es primordial y constituyente tanto en la instauración de la experiencia analítica como en la función radical del inconsciente. (p.144)

Vale decir que la escucha del significante no sólo plantea una rectificación general de la teoría analítica, sino que, y, sobre todo, constituye la instauración de la experiencia analítica como función del inconsciente. Ahora bien, esta escucha implica algunas precisiones. Lacan (1973), en la misma clase, continúa desarrollando las consecuencias de esta distinción:

El yo (je) que enuncia, el yo (je) de la enunciación, no es lo mismo que el yo (je) del enunciado. Esta división entre el enunciado y la enunciación hace que el yo que está a nivel de la cadena del enunciado, resulte un yo te engaño. (p.145)

Surge aquí un primer desdoblamiento entre lo que alguien dice y lo que le retorna desde el campo del Otro. En este momento, la escucha de la distancia entre el yo que enuncia y el yo de la enunciación permite la suspensión del ojo, suscitando la mirada del Otro. Concatenación sincrónica, instante, tiempo y momento irrumpirán en tanto relámpago inasible, en acto.

Si el analista logra apartarse del lugar de quien debe dar respuesta a ese desconocimiento que implica el síntoma, intentando relanzar las significaciones de ese decir, entonces favorecerá, en el mejor de los casos, la escucha retroactiva en el cruce entre el enunciado y la enunciación; intersección que promoverá la interrogación hacia ese nuevo enunciado.

Referencias

Freud, S. (1912/1993d). Consejos al médico sobre la iniciación del tratamiento. En S. Freud. Obras Completas. XII. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1937/1993k). Análisis terminable e interminable. En S. Freud.Obras Completas. XXIII. Buenos Aires: Amorrortu.

Lacan, J. (1945/1988a). El tiempo lógico y el aserto de certidumbre

anticipada. Un nuevo sofisma. Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI.

Lacan, J. (1958/2017). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 6. El deseo y su interpretación. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (1962/2006). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 10. La angustia. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1964/1973). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.
Lacan, J. (1969/1975b). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. Escritos 2. Buenos Aires: Siglo XXI

Lacan, J. (Octubre de 1975d). Conferencia en Ginebra sobre el síntoma. Société suisse de psychanalyse. Recuperado de
https://lacanterafreudiana.com.ar/2.5.1.25%20%20%20%20CONFERENCIA%20EN% 20GINEBRA%20SOBRE%20EL%20SINTOMA,%201975.pdf el 15 de mayo de 2019.

 

Recepción, mayo 2020

Aceptación, julio 2020

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