CONSIDERACIONES EN TORNO A LA IDENTIFICACIÓN, LO ORIGINARIO Y LO PRIMARIO EN PSICOANÁLISIS

CONSIDERACIONES EN TORNO A LA IDENTIFICACIÓN, LO ORIGINARIO Y LO PRIMARIO EN PSICOANÁLISIS / CONSIDERATIONS REGARDING IDENTIFICATION: WHAT IS ORIGINAL AND PRIMARY IN PSYCHOANALYSIS

Harraca María Florencia

Argentina, Psicóloga, Magister en Psicoanálisis, Docente concursada UNR, Facultad de Psicología, florenciaharraca@hotmail.com

Resumen

Con el presente trabajo, pretendemos plantear una serie de interrogantes en torno a la identificación, lo originario y lo primario en psicoanálisis. Consideramos que el concepto de identificación persiste con un carácter de discusión abierta. A su vez, que las distinciones entre lo originario y lo primario obedecen a las preguntas instauradas desde las dificultades de la práctica. El psicoanálisis no es una disciplina genética, esto ya nos marca la imposibilidad de plantear algo al nivel de la génesis. Incluso sabemos que la verdad es no-toda y que ya en el mismo saber hay algo de la imposibilidad de articular una traza genética, hay algo inicial que se escabulle y se sustrae, como diría Lacan, se trata de un error en la cuenta. Intentaremos decir algo acerca de la articulación que lo primario y lo originario plantean con la causalidad, así como el acto puede ser interrogado desde la identificación y la causalidad. Aquí podremos situar un punto que denominamos la desontologización del inconsciente. Es a partir de estas cuestiones que intentaremos recorrer nuestro escrito, delimitando nuestra praxis como horizonte y punto de partida de la reflexión.

Palabras clave: Identificación – Originario – Primario – Psicoanálisis – Inconsciente.

Abstract

The following paper aims at raising a number of questions regarding identification, what is original and primary in psychoanalysis. We consider the concept of identification remains open to discussion, while the distinction between what is original and what is primary is introduced with the questions arising from the difficulties in the clinical practice. Psychoanalysis is not a genetic field, which makes it impossible to suggest something at the level of genesis. It is even known that the truth is not-all, and that in knowledge itself there is some impossibility of articulating a genetic trace: there appears to be something initial that slips away and deducts itself, a mistake in the calculation. We will try to discuss the articulation between what is primary and original with causality, the same way that the act can be questioned from the perspective of identification and causality. It is here that we can locate a moment that we know as the de-ontologization of the unconscious. It is from these questions that we will try to develop this paper, defining our practice as scope and starting point for consideration.

Key words: Identification – originary – primary – psychoanalysis – unconscious.

Algunas cuestiones en torno al problema de la identificación.

Una de las preguntas con las que comenzamos el recorrido de este escrito, tiene que ver con lo que ocurre en la estructura de los conceptos: ¿Hay una razón clínica en la estructura de los conceptos? La idea fundamental es que no todos los conceptos son iguales si no se usan en las mismas épocas. ¿Podría haber conceptos que parecen servirnos más para la clínica y otros no tanto, siendo más abstractos? Entendemos que los conceptos son diferentes y que la analogía no es lo que ilumina la pregunta psicoanalítica, por el contrario, las afinidades son coyunturales. Freud se servía de determinados autores para ciertos temas ya que los problemas clínicos iban modificando estas afinidades.

Resulta ineludible la pregunta por la naturaleza conceptual de la identificación. ¿Se usa del mismo modo que el deseo? ¿Se interpreta la identificación? [1] Hay muchos conceptos que funcionan en la escucha analítica y en la atención flotante que no comparten la naturaleza de la interpretación puesto que en el análisis no intervenimos sobre la identificación como sí lo hacemos sobre las formaciones del inconsciente.

Intentemos decir algo sobre el problema de la identificación, siguiendo un breve recorrido por diferentes textos y los interrogantes suscitados a partir de ellos. Conviene en principio seguir el planteo que hace Carlos Kuri en su libro La identificación. Lo originario y lo primario: una diferencia clínica.  El autor propone tres planos para recorrer el tema. 1: Rasgo unario, y con ello el nombre propio y la letra. 2. El shifter, con lo que implica distinguir enunciado de enunciación. 3. La función sujeto del lenguaje, lo que implica diferenciar el yo del sujeto a partir de la identificación del sujeto, no del yo, y las resonancias que tiene, en cuanto a la idea usual de sujeto del significante, esto es del deseo, no de la identificación. (2010, p. 42)

Sabemos que Lacan trabaja a la identificación de un modo heterogéneo, planteando tres identificaciones: 1. Identificación primaria o canibalística; 2. Identificación al rasgo o secundaria; 3. Identificación histérica. No nos detendremos en ellas sino a partir de interrogantes que nos permitan recorrer el problema y advertimos que, si bien Lacan trabaja una identificación primaria y otra que es secundaria, esto no implica que su intento sea construir una serie de tiempos de la identificación ([1961-1962] 1999).

En la clase del 24/02/1954 “Tópica de lo imaginario” del Seminario 1 Los Escritos Técnicos de Freud, la identificación que Lacan trabaja parece ser una larga argumentación y justificación de que allí hay una identificación, a partir de lo cual plantea el comienzo del yo. (Lacan, [1954] 2007). Sería como un observable de lo que no es observable de la identificación primaria. Ahora bien, ¿esto implica que son equivalentes? Es cierto que sin la identificación primaria nadie podría buscar su imagen en el espejo, pero entendemos que la identificación primaria no es equivalente a buscar la imagen en el espejo.

La identificación al rasgo es trabajada por Lacan ([1961-1962] 1999) como una identificación del sujeto, la función lenguaje del sujeto, que es el nombre. Hay algo del lenguaje que produce el mismo límite del lenguaje que es el nombre. Ante esto nos surge la pregunta: ¿esto quiere decir que estamos frente a lo que Lacan nombra como “un significante representa a un sujeto para otro significante”? Entendemos que no. El sujeto de la enunciación no es el sujeto que se constituye en la identificación al rasgo.

En la clase del 3/3/65 de Problemas cruciales para el psicoanálisis Lacan ([1965] 2012) va a leer la identificación primaria tratándose de incorporación, pero nada indica que sea lo que sea, que alguien pueda decir “incorporo algo que hace a la subjetividad”, nadie está allí para acreditar la incorporación que se produce

Es decir que no hay ni sujeto ni una subjetividad que incorpore lo que se come en la identificación primaria, en la comida totémica. Aquí Lacan ([1965] 2012) piensa la incorporación en relación con la filogénesis paterna. Se trata de una incorporación que se designa sin poder nombrarse pues no hay comida. Se incorpora la esencia ausente del cuerpo, esto es, pone al cuerpo en condiciones de que haya una identificación a la imagen de uno mismo, pero esto no implica que sean lo mismo.

      Otra cuestión que nos interroga es que, para hablar de sujeto, la pulsión debe hacer su recorrido, pero ahí ya no hablamos de pulsión pues no hay sujeto en la pulsión. Recordemos que Lacan habla del sujeto acéfalo de la pulsión, es decir que el sujeto va a advenir, pero no en una derivación rectilínea de las identificaciones. Por tanto, cada problema conceptual construye su dimensión retroactiva, cada dimensión construye su propio originario, no su propio origen. Freud ante un problema clínico construye lo originario, pero no se puede hacer el sistema teórico de lo originario.

Encontramos en Sartre dimensiones retóricas de los conceptos, que pueden aportarnos al tema que nos implica. En El Ser y la Nada ([1943] 2011) ,plantea que la subjetividad no tiene como fundamento un acto de autoconciencia, sino un momento pasivo que nunca lo asumimos mediante la representación cognitiva, la subjetividad es una forma de relacionarnos con la facticidad que somos. Para Sartre no existe lo que comúnmente se ha denominado la sinestesia, lo que sería la información interna del cuerpo. No existe la sinestesia, lo que existe es la resistencia de los objetos y la esencia ausente del cuerpo. Entiende que la única información que tenemos sobre el cuerpo es la náusea, aquello que se pone en relación con el vacío del cuerpo. Por eso una de sus ideas principales allí es que nuestro cuerpo es contingente.

En la clase del 10/01/1962, del Seminario 9 La identificación, Lacan plantea una diferencia importante entre el nombre y el sujeto de la enunciación. Dice la cita:

Yo me llamo Lacan en todas las lenguas, y ustedes también lo mismo, cada uno por su nombre. No hay ahí un hecho contingente, un hecho de limitación, de impotencia, un hecho de contrasentido, puesto que, al contrario, es aquí, que, yace, que reside la propiedad tan particular del nombre, del nombre propio en la significación. ¿Acaso no está hecho para hacernos interrogar sobre lo que pasa en ese punto radical, arcaico, que nos es preciso de toda necesidad suponer en el origen del inconsciente?, es decir, de algo por lo cual, en tanto que el sujeto habla, no puede hacer más que adelantarse siempre más en la cadena, en el desarrollo de los enunciados, por este hecho mismo, en la enunciación elide algo que es, hablando con propiedad, lo que él no puede saber, a saber: el nombre de lo que él es en tanto sujeto de la enunciación (Lacan, ([1961-1962] 1999, p. 11).

Aquí Lacan nos está hablando de varias cuestiones que se distinguen entre sí: por un lado, habla del punto radical arcaico en el origen del inconsciente: ese es un punto, por otro lado, está la enunciación; y finalmente este otro punto que está elidido, que no puede saber, el nombre de lo que él es, en tanto sujeto de la enunciación. Es decir que una cosa es el sujeto de la enunciación como escisión en el discurso y otra cosa es el nombre de lo que él es en tanto sujeto de la enunciación.

Si pensamos en el encadenamiento entre S1 y S2, la cadena no es obvia, sino que hay que hacer de ese significante un discurso, no podemos suponerle al S1 un encadenamiento. En estos términos, tenemos que diferenciar el rasgo unario del S1 de la cadena, ya que lo que lo atinente al nombre, al rasgo y a la letra, no es lo mismo que la articulación del significante y el sujeto. Si lo pensamos en la escucha clínica, el nombre propio, tomando como ejemplo el caso Signorelli, el nombre propio se trabaja a partir de las formaciones del inconsciente, pero el nombre de lo que él es en tanto sujeto de la enunciación, está elidido.

Entonces, el nombre no se incluye en la cadena como el significante no se designa a sí mismo. Los límites de la enunciación trabajan sobre los límites del discurso. Pensamos en la insuficiencia del concepto de identificación no por defectuosa sino porque tiene un tratamiento diferente. La clínica nos ofrece otra dimensión porque no se interviene sobre la identificación.

Podemos decir, en suma, que la identificación tiene una dimensión filogenética donde no hay sujeto, otra que corresponde a la imagen, otra que corresponde al rasgo y la que implica a la identificación histérica. Entonces no hay una homogeneidad en la identificación, sino que la pensamos como condominios heterogéneos: la imagen, el rasgo, el deseo, y el planteo sartreano de la “esencia ausente del cuerpo” nos hace pensar que no hay el conjunto de las identificaciones.

Siguiendo con el planteo anterior, decíamos que el sujeto como identificación en tanto objeto está elidido. ¿Cómo nombrarse? ¿Qué operación hace Lacan para abordar esto? El acto que constituye la escritura para Lacan es el acto significante. Primero leemos, después escribimos. Para Lacan la lectura es constitutiva del trazo. Para leer debemos hacer una tramitación del pictograma a la letra. La lectura instituye al dibujo como letra. Si lo pensamos en el trabajo freudiano, no hay escritura clínica sin voz. En la clínica no hay diferencia si no se habla, por eso sostener la primacía del significante resulta ineludible.

La cuestión interesante sería pensar en la dimensión clínica de la escritura, donde hace interferencia la escritura, la potencia de lo escuchado para la escritura. Por ello, es que la escisión está en el acto del discurso, y esto es decisivo para pensar el decir y el dicho, el enunciado y la enunciación, el elemento que al querer designarse designa a otro y produce una laguna. Dicho esto, sostenemos que la pregunta del analista podría avanzar por la vía del acto, por las consecuencias del acto y la culpa, el analista no avanza en la pregunta por el ser. En el siguiente apartado nos interesa trabajar algunas cuestiones en torno a la articulación que lo primario y lo originario plantean con la causalidad, así como el acto puede ser interrogado desde la identificación y la causalidad Esto puede articularse con un punto que denominamos la desontologización del inconsciente. 

Acerca de la función de la causa y la desontologización del inconsciente.

En este apartado nos interesa trabajar algo que entendemos es fundamental para pensar qué tipo de clínica es la que nos convoca desde el psicoanálisis. Al comienzo del Seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Lacan ([1964] 2007) plantea una discontinuidad entre causa y efecto. Y esto ya nos pone frente a otro tipo de clínica que la “de esos activos ortopedistas en que se convirtieron los analistas de la segunda y tercera generación, que se dedicaron a psicologizar la teoría analítica” (p. 31)

Para Lacan ([1964] 2007 ) hay subsistencia del tema de la causa para refutarla y decir “la causa no está”. Lo primero que hace en el Seminario 11 es discutir con lo que Kant establece en el Ensayo sobre las magnitudes negativas[2] y dice que por más que inscriba la causa como modalidad de las categorías de la razón pura, no por ello queda más racionalizada. Cada vez que hablamos de causa siempre hay algo anti conceptual e indefinido, estableciendo que: “solo hay causa de lo que cojea” (p. 30)

Lacan plantea que la antinomia de la causalidad nos empuja a otro terreno que no se resuelve en el plano de la razón pura, sino que nos conduce a una cuestión del acto y de la ética. Intentaremos recorrer este apartado por ese sendero. Veremos que alrededor de la causa se van poniendo las cuestiones de lo originario y lo primordial, pero Lacan dice que al lugar de la determinación hay que ir vaciándolo. Tomemos atención a dos citas:

La causa para subsistir en su función mental, necesita siempre la existencia de una hiancia entre ella y su efecto. Esta hiancia es tan necesaria que para poder seguir pensando causa allí donde correría el riesgo de ser colmada, necesitamos hacer que subsista un velo sobre el determinismo estrecho, las conexiones, a través de las cuales actúa la causa (…) La necesidad que vincula la subsistencia de la causa con una hiancia tiene su origen en esto, en que la causa en su forma primera es causa del deseo, o sea, de algo esencialmente no efectuado (Lacan [1963] 2007, p. 318-319)

Lo que importa no es que el inconsciente determine la neurosis; respecto a esto Freud recurre gustoso al gesto pilático de lavarse las manos (…) Y es que el inconsciente nos muestra la hiancia por donde la neurosis empalma con un real; real que puede muy bien por su parte, no estar determinado (…) Fíjense de donde parte él-de la Etiología de las neurosis– y ¿qué encuentra en el hueco, en la ranura, en la hiancia característica de la causa? Algo que pertenece al orden de lo no realizado (Lacan [1964] 2007, p. 30)

Aquí Lacan está planteando varias cuestiones. En primer lugar, que la configuración de lo inconsciente tiene que ver con lo “no realizado”. Entonces, si el deseo es algo aún no realizado, no efectuado: ¿El inconsciente queda como una zona que el analista debe remover? ¿Es un inconsciente que tiene que ver con la práctica cotidiana del analista? ¿Hay una óntica del inconsciente? Para Lacan en la causa está lo óntico. Los entes caen del lado del síntoma, pero hay entes que no están sostenidos por ninguna ontología.

En estos términos podríamos decir que síntoma y deseo están enhebrados, pero lo que no está enhebrado es el síntoma con la causalidad. Hay entes, hay lo óntico dice Lacan, pero no hay ontología del inconsciente. Esto nos conduce hacia otro plano: el plano de la ética. La no ontología, la debilidad óntica nos conduce a la ética como punto de llegada. Esto implica que lo único que se articula con la causa es algo que no le dé continuidad, algo que no la rellene. Hay un vacío de la causa que establece una ética de la práctica del psicoanálisis y que determina su diferencia con la psicoterapia. Pretendemos responder al problema de la causalidad en otro nivel.

Estamos planteando una fragilidad del inconsciente en el plano óntico, para arribar a decir el inconsciente es ético. Sobre este punto Lacan ([1964] 2007) en el Seminario 11 retoma el sueño: Padre ¿acaso no ves que ardo? Aquí dice: el padre responde con un sueño pues nadie puede responder con otra cosa a la muerte de un hijo (p. 44-47). Esto también está trabajado en el prólogo del libro Dios es inconsciente, de Francois Regnault (1986) El decir “Dios es inconsciente” se plantea como la fórmula del ateísmo. Ningún ser puede dar cuenta de la muerte de un hijo. El padre respondiendo allí no es un ser consciente; aquí Lacan sitúa que el inconsciente es ético.

El Otro aparece como engañoso, esto conecta el inconsciente con la ética. Ahora bien, ¿Lacan con esto intenta plantear una ética psicoanalítica? ¿O la ética es una interrogación que desestabiliza los planos sistematizados de la ética? Para Lacan se trata de interrogar los límites lingüísticos de la ética, no de hacer una ética psicoanalítica. En el prólogo de Regnault (1986) conecta “Padre ¿acaso no ves que ardo?” con “Padre ¿por qué me has abandonado?”, planteando así un vacío en lo paterno que conecta con la ética. Sería como decir “Dios no cree en Dios” ya que no hay ser que pueda responder por la muerte de un hijo.

El inconsciente sería el único elemento de respuesta ante semejante crueldad si el inconsciente es ético. Entonces, el inconsciente nace de este desfallecimiento del Otro y de la abertura de la causa y el efecto. Lacan busca los puntos anti-conceptuales o de fisura de la causalidad, por eso la referencia que hace a las tablas de la nada de la causalidad. En este punto, se sitúa que el sujeto no es contemporáneo al acto. Ningún ser consciente puede dar cuenta de por qué hizo lo que hizo. No hay aquí una contemporaneidad.

Lo aún no efectuado del deseo, nos remite a una cuestión temporal, lo que está por venir.  Entendemos que el desplazamiento de lo óntico a lo ético surge cuando se trata de la falta de fundamento de la elección. La verdad de una elección a partir de una estructura que no responde a la lógica. Resulta ineludible la referencia a Sartre ([1943] 2011), en la medida en que la ontología de Sartre termina siendo una ética. En El Ser y La Nada, parte IV: “Tener, hacer y ser”, plantea que en el hecho de constituirnos como libres hay un punto de fuga. Venir al mundo como libertad ante el otro, es venir al mundo como enajenable.

Sartre ([1943] 2011) está planteando la libertad marcada por la contingencia; en esa enajenación hay algo que no elegimos. Aquí está el punto de conexión de la contingencia y la libertad. Podríamos decir que nos cae sobre nuestra espalda la responsabilidad de ser libres. En suma: la unión entre causalidad y libertad no tiene lógica.  El acto lleva en sí la escisión: la de estar totalmente determinado y la de ser totalmente libre. El acto se juega en el plano de esta escisión, la escisión que nos constituye en tanto acto. [3]

Algunas reflexiones finales

Para concluir, quisiéramos destacar que las reflexiones finales no implican un cierre del asunto: por el contrario, lo tomamos como disparador a seguir cuestionando y repreguntándonos por temas tan pertinentes como incapturables para la clínica psicoanalítica. Una cuestión para seguir investigando a partir del presente escrito es el problema del origen. En el sentido riguroso, el problema del origen debería incluir su propio origen. Si todo comienzo implica una pérdida del origen, ¿qué podemos decir del origen en psicoanálisis? Si hablamos de origen en Psicoanálisis, quizás solo podremos hacerlo a partir de su condición de ficción. Sería un tema de interesante discusión, plantear si en psicoanálisis no nos hemos acostumbrado a hablar de un tiempo retrospectivo, decimos por ejemplo que en la operatoria de la identificación primaria se pone en juego un tiempo lógico, y no cronológico, que allí hay algo mítico y que eso primario se constituye como tal, solo en un tiempo posterior. Pero estemos advertidos de que entonces, en esa posterioridad, también hay un tiempo en juego que marca ese efecto retroactivo.

Es innegable que el psicoanálisis recurre a explicaciones míticas y que el mito es un elemento recurrente de la impronta ensayística de Freud. Tomemos por ejemplo la construcción que hace acerca de la primera vivencia de satisfacción; la estructuración y fragmentación del psiquismo a partir de la represión primaria; el mito del padre de la horda primitiva y su relación con la identificación primaria, entre otros.

Lo interesante de todos estos montajesquizás tenga que ver con el alcance que tiene lo ficcional en psicoanálisis: con la posibilidad de conjeturar, a partir de una construcción mítica, algo que jamás aconteció, pero a pesar de ello no deja de tener estructura de verdad. Cuando usamos el término montajes, lo hacemos a sabiendas de que fue acuñado por Lacan, al hablar de montaje pulsional en su Seminario 11. Conviene recuperar el planteo de Juan Ritvo sobre el mismo en su artículo La ficción no es ficticia:

El término montaje decide el camino de la operación lacaneana (…) construye un concepto con restos, residuos, fragmentos de diversos conjuntos, continuando así la tarea iniciada por Freud sobre otros supuestos – los cientificistas –que el propio Freud, de algún modo, más allá de sus intenciones, desbarató (Ritvo, 2011).

Siguiendo en la vía de la génesis: el psicoanálisis no es una disciplina genética, esto ya nos marca la imposibilidad de plantear algo al nivel de la génesis. Incluso sabemos que la verdad es no-toda[4] y que ya en el mismo saber hay algo de la imposibilidad de articular una traza genética, hay algo inicial que se escabulle y se sustrae, como diría Lacan, se trata de un error en la cuenta.  Juan Ritvo (2011) en su artículo “Tres términos solidarios y distintos: originario, primordial y primario”, afirma:

La génesis, como suele no saberse, es una concepción concebida por la homologación de la causa y del efecto, como si estuvieran situados ambos en la misma secuencia y frecuencia. Ahora bien, la causa no forma serie con el efecto; en todo caso estamos situados en un mundo constituido por la ficción radical de efectos y contraefectos que obran dislocadamente entre sí, sin fundamento último aprehensible. Como dice Lacan, y la expresión por su sencillez y plasticidad es insustituible, solo hay causa de lo que cojea. (Ritvo, 2011, p. 148)

Es en esta vía donde el psicoanálisis ha edificado sus ficciones justamente para sostener la insuficiencia de sus enunciados, teniendo en cuenta que cuando decimos que algo es primario, allí hay una carencia al nivel del origen que hace que solo podamos hablar de eso, a partir de postulados metapsicológicos. Con todo esto, podemos pesquisar que hay algo al nivel de la génesis que se nos escapa, hay una imposibilidad de situar un punto de origen, y es allí, que, Freud toma al mito para reconstruir aquello incapturable en su fundamento. Desde la clínica psicoanalítica, ponemos el acento en no caer en la tentación de buscar nociones tranquilizadoras que impliquen un evolucionismo, es decir, que no tienen su valor por la traza de un comienzo, sino más bien por lo estructurante, a nivel de la historia de un sujeto.

Referencias Bibliográficas

  • Cruglak, C. (2017) Clínica de la identificación, Buenos Aires, Argentina; Escuela Freudiana de Buenos Aires.
  • Hyppolite, J. (1992) La libertad en Sartre, Buenos Aires, Argentina Editorial Almagesto.
  • Kuri, C. (2010) La identificación. Lo originario y lo primario: una diferencia clínica., Rosario, Argentina, Homo Sapiens
  • Lacan, J. [1954] (2007) Seminario I Los Escritos Técnicos de Freud, Buenos Aires, Argentina; Paidós.
  • Lacan, J. (1999) Seminario IX La identificación, Versión Crítica. Establecimiento del texto, traducción y notas: Ricardo E. Rodriguez Ponte, para circulación interna de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, 1999.
  • Lacan, J. (2007). Seminario X La angustia, Buenos Aires, Argentina; Paidós.
  • Lacan, J. (1965] (2012) Seminario XII Problemas cruciales para el psicoanálisis, Recuperado de http://www.bibliopsi.org/docs/lacan/15%20Seminario%2012.pdf
  • Lacan, J. (1964] (2007) Seminario XI  Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Argentina; Paidós.
  • Ritvo, J. (2011) “Tres términos solidarios y distintos: originario, primordial y primario, en Conjetural Nº 54, Ed. Sitio, Buenos Aires, 2011.
  • Regnault, F (1986). Dios es inconsciente, Buenos Aires, Argentina, Manantial.
  • Sartre, J. P. ([1943]2011) El ser y la nada, Buenos Aires, Argentina, Losada.

Recepción, mayo 2020

Aceptación, julio 2020


[1] Véase el libro de Clara Cruglak, (2017) Clínica de la identificación, cap. I. Aquí la autora plantea varios temas sobre la identificación que son cuestionables a nuestro entender. Entre ellos, habla de la “serie de las identificaciones”- ante lo que nos preguntamos: ¿la identificación se estructura por tiempos? -y de una “identificación triple” como si efectivamente hubiese un conjunto de las identificaciones.  Entendemos que para Lacan no hay una homogeneidad en la identificación.

[2] El comentario se centra en el texto de Kant, Ensayo de introducción del concepto de magnitudes negativas a la filosofía de 1763.

[3] (Véase para ampliar este tema el libro de J. Hypolitte, (1992) La libertad en Sartre)

[4]El subrayado es nuestro. Véase el seminario Nº 20 de Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2005, p. 112.

 
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