El humor como herramienta clínica en psicoanálisis

Humor as a clinical tool in psychoanalysis

Lucero Paula Florencia

Argentina, Psicóloga; Magister en Psicoanálisis (UNR), Adscripta en  la Cátedra Epistemología de la Psicología y el Psicoanálisis (UNR), ps.luceropaula@gmail.com

 

Resumen

Se realiza un recorrido por el lugar del humor en la teoría psicoanalítica en comparación con el chiste y lo cómico. El desarrollo del texto busca situar el humor como herramienta clínica diferenciando su vertiente más accesible (cómo criterio diagnóstico en la relación de transferencia) de su vertiente más opaca pero operativa. Se establece como característica principal del humor la función de generar una distancia entre el dolor y el sujeto, permitiendo un uso del sinsentido que difiere de la interpretación analítica por involucrar el cuerpo a través del afecto, aunque tiene en común con la interpretación la creación de sentido, el humor interviene generando transformaciones no sólo a nivel de la ilación del pensamientos o un fragmento de la historia, sino a nivel del modo de existir; permitiendo elaboraciones y escrituras que de otro modo no podrían producirse.

Palabras clave: Humor, creación, sinsentido, escritura, existencia

Abstract

A journey is made through the place of humor in psychoanalytic theory compared to the joke and the comic. The development of the text seeks to place humor as a clinical tool, differentiating its more accessible aspect (as a diagnostic criterion in the transference relationship) from its more opaque but operative aspect. The main characteristic of humor is established as the function of generating a distance between pain and the subject, allowing a use of nonsense that differs from analytical interpretation by involving the body through affect, although it has in common with interpretation the creation of sense, humor intervenes generating transformations not only at the level of the thread of thoughts or a fragment of history, but at the level of the way of existing; allowing elaborations and writings that could not otherwise be produced.

Key words: Humor, creation, nonsense, writing, existence

 

Introducción

“¿Qué esperar pues del canto de ese malestar?

Nada, sino testimoniar del inconsciente que habla”

  1. Lacan (1977)

Para comenzar el desarrollo partiré de un recorte muy breve pero ejemplar de lo que ocurre cuando el analista introduce el humor en el análisis.

Llega al consultorio una paciente de 17 años que llamaré Cristina, con un talante apagado, vestida de negro. Su mirada parece esconder luces por debajo de las sombras, que el silencio de su boca cerrada pretende ocultar. Le pregunto cómo está y responde “hoy comí una manzana con un vaso de agua”. Me sonrío y le digo: “¡pero que manjar! ¡Un almuerzo exquisito y abundante! ¡una locura!”. Cristina se ríe, y cuando se ríe noto que algo en ella se relaja. Se acomoda en el sillón de otra manera, apoyando la espalda y dejándose caer sobre los almohadones blancos. Su talante se ilumina y enseguida me contesta entre risas: “si, si, ¡comí demás!”.

Mi intervención en este caso fue una ironía que alcanzó una forma de decir amable y cómica. Una apelación al sinsentido del lenguaje, en la medida de que “¡una locura!” era una locura en sentido patológico (pasar el día con una manzana y un vaso de agua), pero también “¡una locura!” se utiliza para situaciones que implican un placer excesivo, patológico o no.

La paciente acepta la invitación a jugar con el equívoco, con la multiplicidad de sentidos. Ella acepta jugar con lo que la parasita, respondiendo con otra ironía “si, si, ¡comí demás!” que se acompaña de una distensión y un cambio en el talante. Hago esta aclaración porque hay casos en donde el sujeto no acepta la invitación y deja pasar la oportunidad cambiando de tema, pero ¿es posible afirmar que el humor es una herramienta para el criterio diagnóstico, siempre estimativo pero orientador en la dirección de la cura? Según este criterio “no todas las personas tienen humor y ello no las hace menos sanas, aunque sí menos entretenidas y tolerables. Sin embargo, el humor puede ser un criterio diagnóstico y, una vez iniciado el análisis puede ser un indicador de cómo va el proceso” (Haworth, 2011:119). Se observa en esta frase una idea del humor como atributo personal, a su vez supone tener en cuenta una nosografía que no se especifica.

El presente desarrollo concibe el humor como una posibilidad de estructura (posibilidad en todo sujeto hablante) y no como una cualidad excepcional de unos pocos. En concordancia con este planteo, se intentará circunscribir una función del humor que se considera operativa a nivel estructural, y que atañe a la creación de un sentido referido a la existencia. La operatividad del humor interviene en la relación que el sujeto mantiene con el dolor, y por lo tanto en su modo de existir en el mundo.

Según la RAE, la etimología del término “humor” remite al latín ōris líquido, humor del cuerpo humano, lo cual nos remite a la ineludible vinculación del humor con el cuerpo. Asimismo  existen las siguientes acepciones: “1) Genio, índole, condición, especialmente cuando se manifiesta exteriormente 2) Jovialidad, agudeza.. 3) Disposición en que alguien se halla para hacer algo. 4) modo de presentar la realidad 5) cada uno de los líquidos de un organismo vivo 6) estado afectivo que se mantiene por algún tiempo” (Real Academia Española, 2020). Rescato la acepción de estar dispuesto para hacer algo. Primeramente el humor se revela como una disposición (estar dispuesto a) pero ese estado apunta a un hacer. El humor parece construir un escenario (disposición) para poner en acto un hacer del sujeto.

El humor y la seriedad que lo anima

El humor ha mantenido un lugar marginal a pesar de que tanto Freud como Lacan se dedican a tratar el tema en forma minuciosa. Desde el sentido común se relaciona al humor con lo trivial, lo intrascendente, lo poco serio. Este gesto de pormenorizar al humor, coincide con el mismo gesto de pormenorizar  lo inconsciente mismo, materia prima con la que el psicoanálisis trabaja, ya que las formaciones del inconsciente son en apariencia triviales pero, muy por el contrario, denotan la mayor seriedad cuando se las aloja en el espacio analítico en el marco de la asociación libre.

Estas breves y fugitivas emergencias del sujeto por medio de lapsus, chistes, equivocaciones y olvidos, revisten la mayor importancia en su historia, cuestión que se comprueba en principio por medio de la interrogación y en un segundo momento, por medio de la interpretación.

Pero el humor, parece saltarse estos pasos de rastreo del material inconsciente en la historia de las asociaciones. El humor parece habilitar la creación de nuevas asociaciones a nivel del significante, siendo lo más llamativo la referencia a la temporalidad actual que ese sujeto habita. Por otra parte, cabe destacar la incidencia del humor en lo corporal, ya que produce cambios notorios en el semblante del sujeto, la postura corporal y la gesticulación. El humor como herramienta clínica es un facilitador del lazo social, cuestión no menor en aquellos casos en donde el paciente posee grandes dificultades para conectar con los demás e involucrarse en la relación de transferencia.

Bajtin (1988) en su libro La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento se pregunta por el lugar que ocupa el humor y lo cómico en distintos momentos históricos. En la Edad Media la risa estaba apartada de las esferas oficiales y de las manifestaciones rigurosas de la vida y las relaciones humanas. La risa quedaba excluida de lo que se suponía serio. Se observa aquí la influencia de la religión y la creencia en el pecado. La única forma de tratar la verdad y cualquier tema importante era por la vía de la seriedad. El autor menciona que en la época antigua, la risa era condenada; ya que no provenía de Dios sino del diablo (Bajtin, 1988). Sin embargo, cual fiesta totémica, en la Edad Media se realizaban cultos paralelos de tipo cómico, como por ejemplo la fiesta de los locos. Aquí se observa un aclara asociación entre lo profano, lo cómico y la locura. Siguiendo el recorrido realizado por el autor citado, en el renacimiento la risa cobra un papel diferente ya que se integra en la forma de concebir el mundo. Se destacan las observaciones de Hipócrates sobre la importancia de la risa en el tratamiento de enfermedades, la risa es concebida como una virtud curativa. En paralelo se reformuló el decir aristotélico de que el hombre es el único ser viviente que ríe. Esto permitió asociar a la risa con la superioridad y el privilegio. En la modernidad, la risa recupera su lugar oscuro y es relegada a aspectos parciales y triviales de la vida. Lo cómico queda relacionado a lo profano y a los vicios de la humanidad. Sólo la seriedad se vincula al rigor y la verdad quedando la risa relacionada con lo inferior (Bajtin, 1988).

Lacan retoma la pertinencia del humor remitiéndose al texto freudiano sobre el chiste, texto que considera una obra incontrovertible: “Donde el efecto del inconsciente nos es demostrado hasta los confines de su finura; y el rostro que nos revela es el mismo del espíritu en la ambigüedad que le confiere el lenguaje, donde la otra cara de su poder regio es la “agudeza”, por la cual su orden entero se anonada en un instante —agudeza en efecto donde su actividad creadora devela su gratuidad absoluta, donde su dominación sobre lo real se expresa en el reto del sinsentido, donde el humor, en la gracia malvada del espíritu libre, simboliza una verdad que no dice su última palabra (Lacan, 2008: 261).

Esta cita brinda la ocasión para pensar el humor como herramienta, ya que el humor vuelve a estar asociado a lo serio de la verdad. Lacan relaciona la agudeza con la creación a partir del uso del sinsentido, además se entrevé la finalidad oculta en juego: una dominación de lo real que no es ajena a la libertad del sujeto.

Freud destaca la ganancia de placer que implica el chiste (Freud, 1991) debido a una disminución de la represión y las inhibiciones. Lacan lo releva diciendo que a través del chiste se dice algo que de otro modo no podría decirse (Lacan, 2009), de ahí su conexión con la verdad. Freud distingue el chiste de lo cómico diciendo que el chiste es una formación del inconsciente mientras que lo cómico ocurre a nivel del preconsciente. Por otra parte, el chiste tiene referencia a una terceridad (el yo, el objeto del chiste y el Otro simbólico), mientras que lo cómico es un efecto dual (involucra al yo y al objeto en cuestión). Otra distinción reside en que el chiste involucra una creación y lo cómico un descubrimiento que puede compartirse o no. Muy comúnmente el chiste se asocia a lo cómico que le sirve como fachada. ¿Cómo pensar el humor a la luz de estas diferenciaciones?

El humor es una variación de lo cómico que puede producirse con una sola persona. El humor es definido como una ganancia de placer frente a los afectos penosos ya que los sentimientos de dolor y daño son interceptados (Freud, 1991). Posteriormente se afirma que el humor revela lo grandioso como lo patético. El humor implica una ganancia narcisista que muestra la cara amable del superyó y hace predominar el principio del placer frente a las circunstancias desfavorables (Freud, 1992). Si bien no genera un efecto tan intenso como el chiste y lo típicamente cómico, el humor permite mirar las situaciones desde un ángulo más amable.

Esta faceta del superyó amable nos remite al papel del amor en la transferencia. Lacan define al amor como un sentimiento cómico, revelación que extrae de la comedia. En la época del teatro griego, la tragedia representa la relación de fatalidad entre el sujeto y el lenguaje. Otro punto importante es que la comedia  es el revés de la tragedia, ya que en ella el sujeto intenta adoptar una relación diferente con la palabra, una relación que ya no sea trágica (Lacan, 2009). Lacan retoma el planteo en su seminario sobre la transferencia, enlazando lo cómico con el amor de transferencia. Si bien el amor de transferencia es un amor al saber, el humor como variación de lo cómico parece tener un papel esencial en el análisis, observándose incluso una homofonía entre el amor y el humor.

¿Cómo sería un amor al saber que utilizara el humor como un elemento operativo en la dirección de la cura?

La función del humor en análisis

Retomando el planteo freudiano en donde el humor representa una fortaleza del yo por medio de una transacción con el superyó, podría decirse que esa fortaleza no es del yo sino del sujeto. Se trata de una fortaleza que nace de la imposibilidad misma que habita al sujeto hablante, una fortaleza que, paradójicamente, nace a partir de una debilidad de los significantes para generar la identidad del sujeto como existente definitivo para Otro, para sí mismo, y en relación a las situaciones que le toque vivir. En este sentido el humor no tendría una connotación defensiva, sino más bien creativa.

Esto permite decir que el humor interviene en la relación que el sujeto mantiene con las representaciones, a nivel de la cadena significante, en la forma en que se hace representar hay un sinsentido que el humor verifica. Pero también el humor intercede en la representación que el sujeto tiene del mundo, de las personas, de las situaciones, facilitando nuevas combinatorias que generan nuevas formas de hacer con lo real.

En 1970, Lacan relaciona el humor con lo real, y en definitiva con un modo específico de transitar cualquier experiencia que involucre una emergencia de lo real: “El afecto hace humor cuando existe la certidumbre de que es un signo que viene del otro, una mueca del goce de otro al que todo significante remite” (Lacan, 2012:435). Una referencia similar se encuentra en Televisión, aunque relaciona al afecto con el cuerpo, siendo el cuerpo lo que permite al afecto habitar el lenguaje de alguna manera. En otra ocasión, observamos cómo Lacan relaciona lo serio con el humor, particularmente refiriéndose a la función del analista: “No vayan a olvidar ahora que el semblante de lo que habla como tal, siempre está presente en cualquier discurso que lo ocupe; hasta es una segunda naturaleza. Sean entonces más sueltos, más naturales cuando reciben a alguien que viene a pedirles un análisis. No se sientan  obligados a darse importancia. Aún como bufones, que estén se justifica. No tienen sino que ver mi Televisión. Soy un payaso. Sigan el ejemplo ¡y no me imiten! La seriedad que me anima es la serie que ustedes constituyen. No pueden a un tiempo ser y estar en ella” (Lacan, 2010:81).

Una sugerencia contundente a los analistas, sean más sueltos, más naturales; decir que tiene resonancias con la afirmación lacaniana de que los no incautos yerran (Lacan, 1973-74). Como si pudiéramos leer en estas sugerencias trabajen más con el humor que con el narcisismo. Ser incauto del inconsciente significa dejarse tomar por ese discurso del sujeto en análisis, dejarse tomar como un niño se deja tomar por el lenguaje y comienza a jugar con él. Esta posición también implica un abandono de la creencia cientificista según la cual todo aquello que se realice con rigor carece de humor, ya que el sujeto hablante no es un planeta; el uso del humor por parte del analista implica asimismo el desprendimiento de las ideas medievales, en donde la risa quedaba asociada a lo poco serio, lo trivial e incluso lo prohibido. A su vez, Lacan juega con los términos seriedad y serie, dando a entender que la seriedad reside en la serie más que en el elemento único sustancial. Teniendo en cuenta lo antedicho, el uso del humor como herramienta analítica supone una nueva concepción de la seriedad, en la medida en que el humor se revela como la forma más eficaz (e incluso económica) de acceder a lo serio que el discurso del sujeto presenta. Lo más serio es lo real en la medida en que involucre un goce mortífero o bien presentifique la muerte. El humor más que una forma de evadir lo serio, lo contornea, lo manipula integrándolo en una cotidianidad que ubica al sujeto en tiempo presente y en función del lazo social, en este caso el lazo analítico.

Por otro lado, el humor no solo pone en evidencia el sinsentido sino que supone una curiosa relación con él, basada en la creación de sentidos nuevos. De alguna manera capitaliza la falta en ser, transformando el dolor de no ser en un patético dolor compartido y generalizado, ridícula condición de todo ser que hable.

Retomando lo planteado por Freud, este reconocimiento de cierto patetismo es lo que daría el puntapié para un acceso a lo grandioso. Lo grandioso entendido como algo que se siente en el cuerpo por medio de un afecto, una distensión, una relajación de las tensiones que se refieren específicamente al núcleo traumático del sujeto. El humor convierte a la tragedia en una historia más, una historia que se puede contar y por ese motivo deja de repetirse en lo vivido actual del sujeto, lo cual nos indica la participación del humor en relación con la temporalidad. Al contar la historia, ya vaciada del dramatismo inicial, es el sujeto quien se cuenta de manera diferente. A través del humor, el sujeto se cuenta como creador y ya no como espectador doliente de su propia pena.

Es preciso recordad la frase de Función y campo de la palabra anteriormente citada, en donde Lacan vincula la agudeza y el humor con la libertad, la gratuidad, la verdad, diciendo además que ocurre una dominación de lo real. Es curioso que utilice el término dominación, quizás sea a través del humor la única forma de acceder a lo real sin quedar engullido. Respecto a lo real podemos decir que es lo que impide que las cosas anden (es lo que hace al sentido del síntoma), es la no relación sexual (Lacan, 2010), y lo real puede proliferar o reventar ¿Qué sería entonces una dominación de lo real sino es hacerle la contra a través del humor? La función del analista no sería liberar de lo real sino más bien integrarlo a lo cotidiano haciéndole la contra. Por lo tanto, el humor tiene una conexión con lo real, ya que es una forma de hacer que “reviente” haciéndole la contra, pormenorizándolo, rebajándolo a un mal inevitable (la falta de relación sexual)  que existirá de todas maneras, se sufra o no por ello.

En este sentido, el humor no solo facilita el amor de transferencia en la medida de que apuntala un lazo. Su cara más operativa consiste en abrir un espacio entre el dolor y el sujeto, rompiendo el sentido trágico y la costumbre que lo acompaña a través del síntoma. Esa distancia que se abre entre el dolor y el sujeto es la disposición, y el hacer que el humor desencadena como consecuencia es la creación de un sentido nuevo en lo que refiere a la concepción de la propia historia y por ende, a la forma de existir.

El humor abre un canal, una mediación a partir de la cual el sufrimiento se vuelve manipulable por medio de la palabra. Con el uso del humor el sufrimiento del sujeto rebaja su intensidad, queda desprovisto de su valor sagrado y su revestimiento fatal; lo cual permite la elaboración e integración de vivencias, episodios y marcas a un malestar cotidiano que puede decirse, incluso con una ganancia de placer.

A nivel de la práctica concreta, el humor en análisis se revela como una herramienta que sirve para la integración de lo real en la estructura nodal del sujeto. El humor tiende a facilitar la suspensión de toda esperanza de completud absoluta, puerta abierta al goce mortífero. El humor introduce un límite frente a lo real ilimitado y fatal de algunos sufrimientos subjetivos, sobre todo en los casos en donde se manifiesta el dolor de existir ¿Cómo? La introducción del humor en el análisis (por parte del analista) es una apuesta al sujeto del inconsciente; si el sujeto accede a la invitación, el humor sitúa en un lazo de amor al saber partiendo de la singularidad de ese discurso en particular (ya que el humor como intervención clínica debe tomar el decir del sujeto como materia prima). Simultáneamente, el humor pone a la no relación sexual en el lugar de causa permitiendo escrituras que de otro modo es dudoso que puedan realizarse. Como efecto colateral, aunque no menos importante, el humor ubica al sujeto en espacio y tiempo, ya que esa intervención se refiere a ese momento específico y no es resultado de una construcción estandarizada. El humor surge de algo que se dice en esa sesión. Por último, respecto a la temporalidad en el análisis, el humor parece acelerar procesos terapéuticos y en otros casos, permitirlos.

Considero que esta última hipótesis es la más pertinente, y es posible que esta agilidad temporal en la dirección de la cura se deba a que el humor permite o facilita escrituras de lo imposible. El humor en análisis sirve para escribir que hay cosas que no se escriben. En ese acto de reconocimiento de lo que no se escribe, la vida se vuelve más habitable, a pesar de que lo real insista.

Bibliografía

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